MAS QUE VENCEDORES (martes 10 de enero de 2012)

“Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37 NVI).

Responde a la siguiente pregunta: ¿Fuimos llamados a ser vencedores?, si tu respuesta es afirmativa, te equivocaste, porque no fuimos llamados  a ser vencedores sino a ser “más que vencedores”, y en esto hay mucha diferencia. Ayer comentamos, que desde la perspectiva secular los sinónimos de la palabra “vencedor”, pueden ser “ganador, triunfador, campeón, victorioso, triunfante…”, y todos estos términos tienen el sentido de salir airosos o aprobar con excelencia una prueba difícil. Los hijos de Dios, los príncipes herederos, también podemos ser vencedores o ganadores frente a los obstáculos y retos que la vida nos pone en frente, sin embargo, el sentido de “vencedor” para un hijo de Dios, es otro. Pablo dice no dice que “somos vencedores”, sino “más que vencedores”, y allí hay una diferencia sustancial, además del hecho del concepto mismo de “vencedor” y los elementos que participan en la lucha: el escenario, el enemigo y sus armas.

Pero ¿que significa “más que vencedor”? Una de las explicaciones se encuentra en el plano de la salvación, de nuestra lucha contra el pecado, y la siguiente ilustración ayuda para comprenderla mejor: Había un atleta que anhela ganar una medalla de oro en una competencia mundial, además de llevarse el jugoso premio económico. Él sabía que la cosa no era sencilla, más bien complicada y difícil, porque requería preparación constante, esfuerzo extremo y ganar todas las competencias preliminares para poder llegar a un evento mundial. Sin embargo no se amilanó, más bien inició su preparación rápidamente: Tres horas en el gimnasio para fortalecer la masa muscular,  unas cinco horas de carrera por diversas carreteras de su cuidad, alimentación adecuada y preparación psicológica. Se preparó arduamente unos tres meses antes de su primera competencia con miras a un campeonato mundial. Esta primera carrera le costó mucho, pero la ganó, aunque por delante tenía una ardua tarea para llegar a la cima mundial. Después de varios meses de competencia fue seleccionado para una justa mundial. Todo su esfuerzo, sus lágrimas e inversión no fue en vano, por fin competiría por una medalla olímpica. Su prueba máxima llegó, esa tarde debería demostrar que su esfuerzo no fue en vano. Sonó el disparo del juez y todos los atletas salieron disparados. No había que ceder un milímetro porque todos los participantes eran profesionales y experimentados. Finalmente, después de un esfuerzo supremo y un sufrimiento intenso llegó a la meta en primer lugar. Ganó la medalla y se llevó el premio millonario, era un vencedor.

Esa tarde el vencedor  volvió a casa, buscó a su hijo y le regaló su medalla. Además le dio todo el premio que había ganado con tanto esfuerzo. ¿Ese chico merecía la medalla y el premio?, ¿era un vencedor? Ese muchacho no merecía esa medalla ni ese premio, nunca hizo un esfuerzo, no le costó nada, además esa medalla solo era para los vencedores y él no lo era. Entonces ¿por qué recibió la medalla y el premio?, porque era “más que vencedor”, pero ¿existirá algo más que un vencedor?, ¡claro que sí!, era su hijo.

Mi amigo(a), nosotros no merecemos nada, además nuestros esfuerzos serían inútiles para obtener la victoria sobre Satanás y el pecado, delante de ellos somos insignificantes y fácilmente seríamos derrotados. Si correríamos en la carrera por ganar nuestra salvación, no lograríamos nada. Pero Jesucristo, como el mejor atleta, corre por nosotros, gana la medalla de la salvación y el premio de la vida eterna porque él es el único capaz de erigirse como vencedor. Luego, se dirige a nosotros, y sin que lo merezcamos, nos regala la medalla y nos concede el premio, porque “…por su gracia somos justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó”.[1] Él es el vencedor, nosotros “más que vencedores”, sus hijos, dependientes y necesitados de él.

¡Qué gran amor de Dios por nosotros!, mandó al mejor atleta a ganar una carrera que la teníamos perdida. ¡Qué gran dimensión entendimos hoy, sobre lo que significa ser “más que vencedores”!

¡Alabado sea el nombre de nuestro padre Dios y por el supremo amor de su hijo Jesucristo! ¿qué piensas tú?

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Romanos 3:24 NVI

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