CITA CON EL TRABAJO (martes 28 de febrero de 2012)

“Ustedes saben muy bien que yo he trabajado para su padre Labán con todas mis fuerzas. No obstante, él me ha engañado y me ha cambiado el salario muchas veces. Pero Dios no le ha permitido causarme ningún daño”  (Génesis 31:6-7 NVI)

Desde que huyó de casa, las cosas para Jacob no fueron tan agradables. Él entendió que las acciones que van con mentiras o malas intenciones tienen consecuencias desfavorables. Dios no bendice la mentira, ni es condescendiente con la maldad.

Primero, su vida cambió en corto tiempo, cuando tuvo que huir para salvar su vida. Todo nuevo, todo extraño en el nuevo país que lo ocultó de su hermano. Allí sólo, sin saber que pasaría, pudo hallar esperanza cuando conoció a una señorita y se enamoró. Luego, cuando pretendió estar con ella, tuvo que trabajar siete años para poder conseguir su objetivo, sin embargo la historia bíblica registra que las cosas salieron mal. Nuevamente, fueron siete años de sacrificio para finalmente vivir al lado de la mujer que amaba. Después  las cosas empeoraron, porque se esforzó por una mujer y recibió otra más que no estaban en sus planes. Desde ese momento las riñas, celos y peleas entre esas dos mujeres y las concubinas hicieron de la vida de Jacob una desgracia.

Sin embargo, si en el campo familiar le iba mal, en el lado laboral, las cosas tampoco le fueron bien. Su jefe de trabajo, que también era su suegro, abusaba de su confianza. Le hizo trabajar catorce años solamente por sus hijas, sin reclamo a otro tipo de ganancia. Después lo contrató por otros seis años, pero en ese lapso no le cumplió con los pagos, lo trató mal y le cambió el salario las veces que quiso.[1] Por muchos años Jacob se esforzó mucho, trabajó diligentemente, hizo más de lo que le pidieron, pero nunca lo trataron bien, lo relegaron a una esquina, lo humillaron muchas veces y se aprovecharon de sus habilidades. Era triste para él ver cómo sus ideas brillantes,  hacían famosos a otros y cómo los que menos merecían estaban arriba. Y para colmo, llegaba a casa a calmar tempestades, sin ganas, sin dinero y sin esperanza. ¡Jacob se cansó!

Un día, mientras regresaba  desmotivado de su trabajo, se detuvo a contemplar el ocaso. ¡Así se iba su vida! Y mientras contemplaba el atardecer, allí solo, buscó la protección de Dios. Si todo iba mal… algo tenía que ir bien… porque Dios era su padre y él su hijo. Volvió a casa, reunió a su familia y pronunció estas palabras: “Ustedes saben muy bien que yo he trabajado para su padre Labán con todas mis fuerzas. No obstante, él me ha engañado y me ha cambiado el salario muchas veces. Pero Dios no le ha permitido causarme ningún daño”.

En esa frase se esconde el mayor secreto para no desfallecer en medio del esfuerzo no valorado y no desanimarse en medio de la injusticia de los que tienen poder: “Marca una cita con tu trabajo”. Y la fórmula es clara: “Trabaja con todas tus fuerzas”, da todo de ti, avanza más de la cuenta, ponle entusiasmo a todo y suda por todos los poros, porque si alguno pretende hacerte daño, Dios jamás permitirá eso.

Después de Dios y la familia, tu trabajo debe ser lo más importante. Cada día marca una cita con tu trabajo, agradece a Dios porque tienes uno, y a parte de todo lo que tienes que hacer, ponle ganas y mucho esfuerzo. El trabajo es bendición, porque “muchos consideran el trabajo una maldición que se originó en el enemigo de las almas.  Esta es una idea equivocada.  Dios le dio el trabajo al hombre como bendición, para ocupar su mente, fortalecer su cuerpo y desarrollar sus facultades”.[2]

Mi amigo (a), eres hijo de Dios,  te creó, conoce tus habilidades, sabe los talentos que tienes, conoce tus anhelos y frustraciones, siente tus penas y dolores… Así que trabaja duro, no dobles la espalda cuando debes erguir el pecho, no bajes la mirada aun así te lo obliguen, porque si te esfuerzas, si eres leal y no hay malas intenciones en tu corazón, el Señor ¡jamás permitirá que nadie te haga daño!… ¡paciencia!… ¡ya llega tu recompensa!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Génesis 31:41

[2] Cada día con Dios, 133

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CITA CON LA FAMILIA (viernes 24 de febrero de 2012)

“Así que Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero como estaba muy enamorado de ella le pareció poco tiempo” (Génesis 29:20 NVI)

La historia de Jacob contiene episodios interesantes, y los más resaltantes tienen que ver con desdichas, miedos y huidas. Él aprendió que todo lo que se gana con mentiras o malas intenciones no prospera[1], más bien traen consecuencias dolorosas.  Jacob tuvo que experimentar varios momentos de angustia y dolor porque fue engañado, cómo él alguna vez lo hizo. Uno de esos momentos duros, tuvo que ver en su experiencia con el amor, cuando se enamoró de una linda señorita llamada Raquel, y tuvo que trabajar siete años para poder estar con ella. Al final de los siete años, cuando fue a reclamar lo que le había costado sacrificio, le entregaron a una mujer que no amaba, porque no había leído la cláusula del contrato que decía que la hermana menor no puede casarse antes que la mayor, y Raquel era menor que Lea su hermana.

La historia cuenta que Jacob, no estaba dispuesto a perder al amor de su vida, así que reclamó a su suegro por la recompensa que él esperaba y la respuesta fue: “trabaja otros siete años”. “Así que Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero como estaba muy enamorado de ella le pareció poco tiempo”,[2]el texto menciona que Raquel era tan importante para él, que trabajó siete años más y no consideró una carga ese esfuerzo, sino lo hizo con alegría. Pasaron algunos años, y el capítulo 32 de Génesis registra que Esaú fue al encuentro de Jacob y su familia. Éste, recordó que huía por miedo a su hermano mayor y que tenían una cuenta que saldar. Y cómo su familia era muy importante y siempre hizo sacrificios por ellos, una noche antes del encuentro con Esaú, hizo pasar a toda su familia a un lado del río y él se quedó solo al otro lado, esperando a su hermano. Quiero resaltar el hecho que la familia era muy importante para Jacob y estuvo dispuesto hacer sacrificios por ellos.

Mi amigo (a) ¿Por quién harías sacrificios a quién en la tierra?,  lo más seguro es que tu respuesta irá en relación a las personas que más amas,  a tu esposa (a), a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, en otras palabras a tu familia. Porque  después de la cita con Dios, no debería haber otra cita más importante que el tiempo con tu familia. Y una pregunta vital es: si por tu familia haría cualquier sacrificio, ¿te estás sacrificando de verdad por ellos?, ¿son parte de tu agenda de vida?, ¿hay un tiempo separado para ellos?, ¿tu esposa o tus hijos, saben el momento en que contarán contigo al 100%,  sin llamadas telefónicas, ni con medio ojo pegado a facebook o al correo electrónico en el Smartphone?. Siento afirmar, que muchas veces le damos a nuestra familia lo que nos sobra de tiempo, si es que nos sobra, y que consideramos a muchas citas como más importantes e impostergables, tanto así que para el trabajo o los amigos  nunca estamos cansados y que los compromisos con ellos están bien resaltados en nuestras agendas.

Un día llegué a casa después de una reunión, ya era tarde y al prender la luz de la sala encontré mi hijo mayor[3], triste y a la vez molesto. Al verme se puso de pie y me hizo una pregunta que me sacudió de pies a cabeza: “papá… ¿cómo hacemos para que nosotros seamos importantes para ti?… porque tú nunca fallas a nadie, suena tu teléfono y sales corriendo… pero cuando te llamo, a veces ni respondes  y cuando lo haces solo dices – espera un poco, estoy ocupado – y no te importa fallarnos, como ahora, que hace dos horas teníamos un compromiso de jugar con esos soldaditos que nos compraste y comernos la pizza de mamá”… nunca nadie me había llamado la atención tan firmemente y con la verdad. Todo era importante para mí, me había preocupado por ser responsable y no fallarle a nadie. Tengo la seguridad que muchas personas contaban conmigo, pero mi familia no, porque  salir con mi esposa o  jugar con mis hijos, no era tan importante, total ellos podían esperar “mis cosas más importantes”. Mi amigo (a), ¿te está pasando lo mismo?

Esa noche, las cosas cambiaron en mi vida, abrí mi agenda y destiné para mi familia un lugar y un tiempo específico, un tiempo donde ellos pudieran saber que me tenían al 100 %, sin celular, sin llamadas, sin apuros. Un tiempo para revolcarnos en el pasto, jugar a los soldados, al doctor o al carpintero… un tiempo para abrazarlos y decirles que los amo. Dios sabe que “una casa donde reina el amor y se expresa en palabras, miradas y actos es un lugar donde los ángeles se deleitan en manifestar su presencia y en santificar el escenario con rayos luminosos de gloria”.[4] Y un hogar con la presencia de seres celestiales, permanece segura, vigilada y soporta toda prueba.

Por los tanto, la segunda gran cita es con tu familia, nada debe ser más importante que pasar un tiempo con la gente que amas y te ama, y nunca salgas a cumplir con tus otras citas si no estás en paz con tu esposa e hijos; si eres joven soltero, atravieses la puerta de la calle sin cerciorarte que estás con tus padres y tus hermanos.

Cada vez que dirijo a la puerta de salida de mi casa, me doy la vuelta y pregunto  a cada uno de los que amo: ¿estoy en paz contigo?… porque me importan y porque no sé si volveré a verlos…

Pr. Joe Saavedra

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[1] El capítulo 27 de Génesis, narra cómo Jacob en base a mentiras y malas intenciones se apoderó de beneficios que le correspondían a Esaú, su hermano mayor.

[2] Génesis 29:20 NVI

[3] En ese tiempo tenía  6 años.

[4] Hogar cristiano, pág. 94

CITA CON DIOS (Miércoles 22 de febrero de 2012)

“Oh Jehovah, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré ante ti y esperaré” (Salmos 5:3 RVA).

Los seres humanos tienen una agenda de vida que cumplir, y ella está llena de citas, de compromisos que deben realizarse. Cita para el trabajo, cita para el dentista, cita para la reunión de padres, cita para el grupo pequeño, cita para la iglesia, cita con el novio, cita con los hijos, cita con los padres, cita con los jefes de trabajo, cita con los socios, cita con los proveedores… el transcurrir de la vida del ser humano está copada de citas.

La definición de «cita» que nos interesa en esta reflexión, se refiere al acto de encontrarse e involucrarse en una actividad que ha sido mutuamente acordada. Las actividades más comunes en una cita incluyen salir, conversar,  recrearse, comer, planificar o pasar el tiempo. Además, “cita” (en idioma inglés: dating), se  refiere también a cualquier actividad social realizada, por lo general, entre dos personas con el objeto de evaluar la idoneidad mutua como compañero o compañera en una relación íntima o de pareja (ver si es el compañero o la compañera apropiados).

Todos algún momento, hemos marcado una cita, con una o varias personas, para realizar diversas actividades. Eso es normal en una relación de personas conocidas o que les unen vínculos laborales o profesionales.

Sin embargo, hay una cita que debería ser la más importante de nuestra agenda de vida, ésta debería encabezar las actividades de cada día y no deberíamos salir a cumplir con las demás citas sin haberla pasado y disfrutado. El rey David, en el transcurso de su vida entendió que no hay compromiso más urgente, ni cita más vital que encontrarse a solas con Dios, con razón él exclamaba: “Oh Jehovah, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré ante ti y esperaré”. Es decir, “Señor, no puedo salir a enfrentar la vida, a cumplir con mis demás citas, sino estoy a cuenta contigo, sino recibo tu bendición. A solas, tú y yo, podemos conversar, intercambiar ideas, puedo escuchar tus consejos… entonces, recibo poder y estoy en condiciones de enfrentar lo que venga”. La cita con Dios, debe encabezar nuestra agenda diaria, no debería existir cita más importante que esa.

No puedo negar que la vida de un ser humano responsable está llena de actividades y compromisos, es común escuchar: “no tengo tiempo…”,  sin embargo, si deseas una vida más eficaz y eficiente imita Jesús. “Ninguna vida estuvo tan llena de trabajo y responsabilidad como la de Jesús, y sin embargo, cuán a menudo se le encontraba en oración. Cuán constante era su comunión con Dios. Repetidas veces en la historia de su vida terrenal se encuentran relatos como éste:. . . ‘Se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba’. ‘En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios’ (Lucas 5: 15, 16; 6: 12)”.[1]

Mi amigo (a), la vida es pesada y llena de angustias, el tiempo se hace corto y las responsabilidades agobian, es allí que debemos hacer lo que Jesús hacía: “sacar una cita con su Padre”. David también aprendió el secreto de disfrutar de la vida: “una cita con Dios” muy temprano y antes de todo.  No olvidemos que “debemos oírle individualmente hablarnos al corazón. Cuando todas las demás voces quedan acalladas, y en la quietud esperamos delante de Él, el silencio del alma hace más distinta la voz de Dios. Nos invita: ‘Estad quietos, y conoced que yo soy Dios’ (Salmos 46: 10). Solamente allí puede encontrarse verdadero descanso. Y ésta es la preparación eficaz para todo trabajo que se haya de realizar para Dios. Entre la muchedumbre apresurada y el recargo de las intensas actividades de la vida, el alma que es así refrigerada quedará rodeada de una atmósfera de luz y de paz. La vida respirará fragancia, y revelará un poder divino que alcanzará a los corazones humanos”.[2] ¡Amén!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Reflejemos a Jesús, 14 de abril

[2] El Deseado de todas las gentes , págs. 330, 331

¿VERDAD? (Lunes 20 de febrero de 2012)

38 “—¿Y qué es la verdad? —preguntó Pilato. Dicho esto, salió otra vez a ver a los judíos. —Yo no encuentro que éste sea culpable de nada —declaró—”. (Juan 18:38 NVI)

Somos hallados falsos cuando enseñamos mentiras, mezclamos verdad con mentiras o rechazamos la mentira, pero no estudiamos la verdad, ni la predicamos. Sin embargo, no podemos identificar la mentira, ni mucho menos contrarrestarla sino sabemos que es “verdad”. Cómo en el caso de Pilato frente a Jesús, dónde en una breve conversación su interés lo llevó a preguntar: ¿Y qué es verdad?

Mi amigo(a), tú sabes ¿qué es verdad?, porque a los hijos de Dios les compete saber qué es la verdad, para poder hacer frente a las fuerzas ocultas que con mensajes falsos están atentando contra la estabilidad de la iglesia de Dios. Algunos relacionan a la verdad con un conjunto de creencias bíblicas, o con normas mencionadas en la Biblia, y aunque en cierto modo tienen relación a la verdad, no es la idea principal de esta palabra.

“Verdad”, viene de la palabra hebrea “zemeth” y la griega “aletheia”, que en un sentido general pueden se traducidos como “algo firme [sólido, válido, auténtico]”.

Sin embargo, “zemeth”, es “aquello de lo cual se tiene certidumbre, que es seguro y de lo cual se puede depender”,[1] y en la mayoría de casos no se refiere a la verdad doctrinal, es decir a un conjunto de creencias. Más bien “se refiere al principio de la “fidelidad”. Cuando se aplica a Dios quiere decir que él es leal consigo mismo, que actúa en armonía con sus propios atributos divinos”.[2] También, “Aletheia se refiere a la ‘verdad’ en cuanto al amor de Dios el Padre por los pecadores tal como se reveló en el plan de salvación y en el Salvador encarnado. Por tanto, aletheia se corresponde con el heb. zemeth cuando éste tiene el significado de ‘fidelidad’, ‘confiabilidad’”.[3]

A la luz de estas definiciones, “verdad” es mucho más de una lista de creencias, sino en levantar al Autor de la salvación, en el cuál todas las verdades tienen sentido. El Diccionario Bíblico Adventista comenta que la “verdad” “es mucho más que una simple colección de afirmaciones que, como es obvio, no pueden tener en sí mismas la salvación”,[4] porque, “la palabra escrita o hablada, como la semilla que cae en tierra poco fértil, no tiene poder para cambiar la vida a menos que esté acompañada de la Palabra viviente, “la Verdad”, e “inspirada” por el Espíritu”.  Con razón  Juan, repite las palabras de Jesús: “—Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí”.[5] “De manera que creer, obedecer y vivir de acuerdo con la palabra de Cristo significa estar en él… Debe recordarse siempre que la “verdad” como un absoluto es una persona: Jesucristo”.[6]

Ningún conocimiento de la Biblia, tiene algún sentido ni poder en ella, a menos que la fuente de transformación sea levantada, Cristo Jesús, “él es el camino, la verdad y la vida”. Existen muchos “conocedores” de la verdad, que se quedarán en eso, sino se atreven a levantar a la “Verdad”. ¿Qué decides?…

Pr. Joe Saavedra

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[1] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de la Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 1047.

[2] Diccionario Bíblico Adventista, “verdad”.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Juan 14:6 NVI

[6] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de la Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 1048.

NADA DE MENTIRA… UN POCO DE VERDAD (jueves 16 de febrero de 2012)

“Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada” (1 Corintios 13:2 NVI)

Rechazar la mentira, pero solo darle tiempo al estudio de la Biblia y no a la proclamación del mensaje de salvación, promueve la indiferencia, la apatía espiritual y la frialdad de la iglesia. Muchos están sentados por años en la iglesia, con una fe sin sentido, llenos de textos bíblicos en la cabeza, con cientos de capacitaciones y seminarios en su experiencia, pero fríos, cansados de la rutina… y aunque piensen que las cosas van bien, la verdad es que quizás están enmarcados en la reflexión del apóstol Pablo: “Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada…”.

No basta con rechazar la mentira, y conocer la verdad, porque el cristiano genuino debe repeler la mentira, estudiar la verdad y salir a proclamarla. La verdad es completa, cuando se recibe y se comparte. Podríamos entender perfectamente las profecías, o dominar las creencias fundamentales, tal vez tener bien organizada la iglesia o promover los programas más originales para llevar adelante la obra, pero si no tenemos amor por aquellos que viven sin esperanza, entonces no “somos nada”, en esa condición somos parte de las maquinaciones de los falsos maestros, que parte de su estrategia es llenarnos al extremo de presentarnos los estudios más originales de la Biblia, de dominar quizás los procedimientos hermenéuticos o saber a precisión el estudio de los idiomas originales, pero mientras no compartamos eso al mundo… ¡no somos nada!… ¿Hace cuánto tiempo te has sentado con alguien y le has abierto tu Biblia para presentarle la verdad?… ¿la afirmación de Pablo en 1 Corintios 13:2 caería bien a nuestra experiencia cristiana?…

Elena de White comenta: “El tercer ángel no proclama su mensaje en forma vacilante, ni susurrándolo. Clama con potente voz mientras vuela velozmente por el cielo. Esto demuestra que la obra de los siervos de Dios debe realizarse ferviente y rápidamente. Deben ser valientes testigos de la verdad. Sin nada que ensombrezca sus semblantes, con las cabezas levantadas, iluminados con los rayos del Sol de justicia que brilla sobre ellos, regocijándose de que la redención está cerca, salen proclamando el último mensaje de misericordia al mundo…”,[1] esa experiencia lo llevan a ser enrolados en dentro del ejército de Cristo y recibir la marca que los distinguen como genuinos representantes de Dios y verdaderos discípulos, “estos testigos de los últimos días son osados soldados de Jesucristo. Han gustado los poderes del mundo por venir. Sus pies no están en arenas movedizas sino sobre la roca sólida. No son alejados fácilmente de la fe una vez dada a los santos. Serán fortalecidos por su Dirigente para enfrentar las dificultades. Son mensajeros de justicia, representantes de Cristo que revelan los triunfos de la gracia”.[2]

Nada de mentira, empapados de verdad y los pies apurados por llevar las buenas nuevas… ¿estamos en este grupo?

Pr. Joe Saavedra

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[1] Reflejemos a Jesús, 29 de noviembre

[2] Ibid

COMO EL AVESTRUZ (martes 15 de febrero de 2012)

“Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: —Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31-32 NVI)

El no querer saber nada con la mentira y a la vez desoír la verdad, es peligroso para el desarrollo armonioso de una iglesia sana, que desea crecer y madurar. Si no deseamos nada con la mentira, pero a la vez tampoco nos sostenemos de la verdad y la predicamos, entonces le estamos preparando el camino al error, y los falsos maestros harán su obra eficientemente. Pululan hermanos, que piensan que al no querer saber nada de los mensajes falsos y estar dentro de la iglesia todo está bien, pero no es así, porque no basta estar sentado en la iglesia escapando del error, sino buscando la verdad y esparciéndola. Esos hermanos, se comportan como el avestruz.

El avestruz es una gran ave no voladora propia de África, aunque anteriormente también habitaban Oriente Medio. Es el ave actual más grande y más pesada; puede alcanzar los 3 metros de altura, y pesar unos 180 kg.[1]Éste posee una peculiaridad frente al peligro, en vez de correr o enfrentar, baja la cabeza a ras del suelo para pasar desapercibido y parecer un arbusto. No transigir con el error, pero tampoco estudiar y levantar la verdad, es como querer pasar desapercibido en medio del gran conflicto entre el bien y el mal, y ese no es un comportamiento que Dios acepta.

Elena de White comenta: “Siempre se revelará nueva luz de la Palabra de Dios a aquel que mantiene una relación viva con el Sol de Justicia. Nadie llegue a la conclusión de que no hay más verdad para ser revelada. El que busca la verdad con diligencia y oración hallará preciosos rayos de luz que aún han de resplandecer de la Palabra de Dios. Muchas preseas están todavía esparcidas, que han de ser juntadas para venir a ser propiedad del pueblo de Dios. Pero la luz no es dada simplemente para ser una fortaleza para la iglesia, sino para sea derramada sobre los que están en tinieblas. El pueblo de Dios ha de anunciar las virtudes de Aquel que los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Cristo ha dicho de su pueblo: “Vosotros sois la luz del mundo,” “y la misión de la luz es resplandecer e iluminar las tinieblas”.[2]

El rechazar la mentira, pero al mismo tiempo no darle tiempo al estudio de la Biblia y la enseñanza a otros, promueve la indiferencia, la frialdad de la iglesia. Muchos están sentados por años en la iglesia, con una fe sin sentido, fríos, cansados de la rutina… y lo peor piensan que están bien y que heredarán las promesas de Dios.

El discípulo de Cristo, busca la verdad, y una vez que la encuentra se mantiene fiel a ella y la predica, porque sabe que en medio de las cadenas de error “la verdad le hará libre”.

Pr. Joe Saavedra

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[2] Consejos sobre la obra de Escuela Sabática.  Capítulo: Se promete que la luz irá en aumento

NADA DE MENTIRA, NADA DE VERDAD (martes 14 de febrero de 2012)

“Nadie enciende una lámpara para después cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino para ponerla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz”. (Lucas 8:16 NVI)

Las dos formas en que el enemigo puede confundir y desviar a la iglesia hacia el error, son  introduciendo mentiras y mezclando la verdad con el error. Sin embargo hay una tercera forma, que le está reparando mucho éxito, inclusive muchos cristianos son colaboradores de esta estrategia, aunque piensan que todo está bien con ellos.

Los que forman el equipo de esta tercera forma, son llamados los neutrales, aunque ni ellos mismos saben que tienen ese calificativo. Son los que no se hacen problemas con nada,  los que evitan tener contacto con el error pero también dejan a un lado la verdad. Éstos muchas veces son puntuales, tienen cargos en la iglesia, son hermanos de mucha experiencia, y están listos para rechazar cualquier mensaje disidente, aunque también no les interesa estudiar la verdad y mucho menos predicarla. La tercera forma de introducir mentiras en la iglesia, es “taparse” los oídos a la mentira, aunque en esa acción tampoco escuchan la verdad y en consecuencia tampoco la enseñan y su misión de llevar esperanza queda relegada a un último lugar.

El no querer saber nada con la mentira y a la vez desoír la verdad, es peligroso para el desarrollo armonioso de una iglesia sana, que desea crecer y madurar. Si no deseamos nada con la mentira, pero a la vez tampoco nos sostenemos de la verdad y la predicamos, entonces le estamos preparando el camino al error, y los falsos maestros harán su obra eficientemente. Las tinieblas prevalecen  cuando no hacemos nada por disiparlas, solamente las tinieblas huyen cuando enciendes una luz y la mantienes encendida. Con razón  el doctor  Lucas enfatiza  que “nadie enciende una lámpara para después cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino para ponerla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz”. Porque la forma más segura de expulsar la oscuridad es manteniendo las lámparas encendidas. La luz en lo alto, representa la verdad que debe ser estudiada y predicada, esta es la única forma de hacer frente al error y denunciarla.

Es interesante ver personas que piensan que son “cristianos verdaderos”, por el simple hecho de estar puntuales en la iglesia y no faltar a ningún culto regular, o porque cantan en el coro y lideran la iglesia se consideran del verdadero pueblo de la verdad, pero la realidad es otra, porque el estudio de la Biblia y la proclamación del evangelio no es su prioridad, ni lo tienen resaltado en su agenda de vida.  Son los hermanos de “nada con la mentira… y nada con la verdad”. Elena de White menciona lo siguiente: “En el juicio final, los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad”,[1] y nadie predica de lo que no sabe.

Mi amigo (a),  “nadie enciende una lámpara para después cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino para ponerla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz”, le error huirá cuando te atrevas a conocer la verdad y predicarla. ¿Hace cuánto tiempo no tienes un estudio profundo de la Palabra de Dios?, ¿hace cuánto tiempo no le enseñas la verdad a un amigo o familiar?… preguntas elementales que definen a los que no “quieren nada con la mentira… pero tampoco con la verdad”…

Pr. Joe Saavedra

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[1] Patriarcas y Profetas, págs. 35- 38