APRENDAMOS A AMAR (viernes 30 de marzo de 2012)

“Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto” (1Juan 4:20 NVI)

El libro de primera de Juan, contiene muchas afirmaciones sobre el amor, específicamente el amor hacia las personas más cercanas, y en general con todos a aquellos que nos relacionamos. Cómo ejemplos podemos resaltar los versos 2: 9 – 11; 3:10, 14,15, 17 – 19, y sobre estos resalta el capítulo 4, que podría ser considerado el capítulo del amor por encima de 1 Corintios 13, pues emplea veintiún veces la palabra “amor”, frente a los ocho de Corintios. Una muestra del capítulo cuatro, es este verso que todo cristiano lleva en los labios: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”.[1] Entonces, primera de Juan tiene como tema principal el amor a los seres que nos rodean, tratarlos con aprecio y cariño, y estar atentos a sus necesidades. Solamente una persona sensible al amor puede manifestarla.

Sin embargo, todo estaría bien, sino fuera que el autor de ese libro se llamaba el “hijo del trueno”. Ese apelativo, no llegó gratis, probablemente Juan se lo ganó merecidamente. Quizás fue un “cabeza caliente”, una persona reactiva y listo para agredir y tratar mal a los demás. Hijo de trueno, resalta el temperamento duro e insensible de Juan. Entonces, ¿cómo una persona insensible puede hablar de amor?

Pero, algo sucedió con Juan cuando se encontró con Jesús y comenzó a convivir con él. La presencia amable  de Jesús y su dulce espíritu de humildad y paciencia impresionó a Juan y él fue absorbiendo todo eso. Su temperamento duro e implacable comenzó a ser sacudido por el comportamiento suave y amoroso de su maestro. Poco a poco la fiereza de Juan fue cediendo al toque de amor de Jesús, hasta el punto de llegar a cuidar a María, como su propia madre. Más adelante las persecuciones y dificultades terminaron de transformar al Juan Trueno en Juan Amoroso. El amor de Jesús había impregnado cada rincón de la vida de Juan, hasta el punto de atreverse a escribir sobre el amor y el trato amable que debemos tener con las personas que nos rodean. La primera epístola que escribió es un ejemplo de eso, prácticamente cada versículo lleva la palabra “amor”.

Y nosotros, ¿seremos hijos de trueno?, ¿amamos a los demás como Jesús amaba?, ¿las personas se sienten bien cuando están con nosotros?, ¿podemos hacer felices a las personas de nuestro entorno? Responde estas preguntas con sinceridad y encontrarás la verdad, porque en algunos casos los hijos del trueno ni cuenta se dan que maltratan a los demás, piensan que ellos están bien y los demás no.

Si reconocemos que somos hijos de trueno, y que tratamos mal a las personas y que a más de uno hemos hecho llorar y sentirse miserable, ¡hay esperanza en Jesús! Imitemos al más grande hijo de trueno, Juan, quién corrió a Jesús, se quedó en su presencia y absorbió el amor verdadero que solo puede salir del corazón de Dios. ¡Corramos a Jesús cada día!, ¡pidamos que humille nuestro corazón duro y de piedra y que lo transforme en uno de carne lleno de sensibilidad! Luego, busquemos a esas personas que nos miran con miedo o dolor y pidamos perdón y una nueva oportunidad. ¡Yo deseo dejar de ser hijo de trueno y ser hijo de Dios!… ¿y tú?

Pr. Joe Saavedra

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[1] 1 Juan 4:8 NVI

AMAR AL PRÓJIMO (miércoles 28 de marzo de 2012)

“El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar. Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver” (1Juan 2:9-11 NVI)

Es muy agradable que nos digan: “todo lo que necesitas saber y aceptar es que eres salvo”, pero la idea no está completa. El primer libro de Juan, específicamente el último capítulo que ayer dimos un vistazo, afirma que podemos determinar si hemos sido salvados, aunque no menciona cómo, porque Juan asume que ya leímos los capítulos que anteceden y nos hemos dado cuenta de la tesis que formula en varias pasajes.

Por eso, dijimos ayer,  queda un punto al aire que no debemos pasar por alto: “No podemos tener la vida eterna, a menos que sepamos cómo tenerlo…” La última parte de 1 Juan (capítulo 5), no tiene ningún texto claro que nos diga si podemos ser salvos, a menos que entendamos cómo podemos saberlo, y éste “cómo” está en los pasajes anteriores. Es como decirle a tu hijo que puede ir al parque de juegos y no explicarle cómo llegar, ¡en ese contexto todo se vuelve complicado!

El “cómo”, te lleva a pensar en comportamientos, y a lo largo de su  libro, Juan resalta un comportamiento por lo menos media docena de veces, observa algunos:

“El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar. Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver”

“Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano”.[1]

Y este pasaje va al punto en cuestión, apertura la comprensión del comportamiento que debemos manifestar para tener la seguridad de vida eterna:

“Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna”.[2]

Entonces, en amar al prójimo, a los seres que nos rodean radica, es la prueba de andar en dirección a la vida eterna. Dios no cumplirá su promesa de vida eterna a aquel que vive en odio y resentimiento por una persona cercana, puede ser un familiar, amigo o hermano de iglesia. La Biblia llama “asesino” a aquel que  odia a su hermano, y advierte que en ninguno de ellos permanece la vida eterna. El amor es un punto central en el libro en el primer libro de Juan, inclusive podríamos catalogar a 1 Juan 4 cómo el verdadero capítulo del amor, por encima de 1 de Corintios 13, porque Juan menciona 21 veces la palabra amor en el capítulo 4 y Pablo solamente 3 veces.

Cómo escribía Tim Crosby: “El amor es un requisito para entrar al cielo. El cielo no sería cielo si en ese lugar la gente no se amara. Por lo tanto, Dios nos ha concedido un período de aprendizaje aquí en la tierra, una especie de entrenamiento a fin de que podamos acceder al cielo”.

Mi amigo (a), ¿nos encontraremos listos para llegar al cielo?, ¿amamos de verdad, tratamos con amor y perdonamos genuinamente?, ¿tenemos asegurada la vida eterna?… Hoy revisaré mis relaciones de amor, con mi familia, con mis amigos y mis hermanos de iglesia… ¡Deseo llegar al cielo!… ¿y tú?

Pr. Joe Saavedra

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[1] 1 Juan 3:10 NVI

[2] 1 Juan 3:14,15 NVI

VIDA ETERNA (martes 27 de marzo de 2012)

“Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1Juan 5:11-12 NVI)

Como cristianos, nuestra oferta al mundo, debe ser en señalar el camino que lleva a la vida eterna. Si entendemos este asunto, entonces estos textos tienen sentido: “—Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí”,[1] “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.[2] ¡No para condenar por el pecado, sino para ser salvo de él![3] El pecado nos lleva a la muerte, pero podemos tener otro final: “La vida eterna”. Pero, ¿cómo podemos saber que vamos en la dirección correcta a la vida eterna? ¡Buena pregunta!

No podría irme a dormir o continuar mis labores del día si no tengo la seguridad de poseer la vida eterna. Podría sufrir un accidente, o algo me puede pasar de retorno a casa, por lo tanto tengo que estar preparado y tener la certeza que todo esfuerzo no fue en vano; y si descanso, quiero despertar y escuchar a Jesús decirme: “buen siervo fiel… entra en el gozo de tu Señor”, en otras palabras: “ten la vida eterna”. ¿Tienes la certeza de la vida eterna en tu vida?, ¿podrás descansar en paz en cualquier circunstancia?

El apóstol Juan responde esta inquietud, y lleva la respuesta hacia Jesús, su hijo: “Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida”. Esta parte de la Biblia tiene que ser entendida en el contexto de los capítulos que le anteceden, y si al terminar esta reflexión le das una lectura a todos los pasajes que anteceden al texto de hoy, llegarás a conclusiones que van a fortalecer tu confianza en las promesas de Dios.

Sin embargo, quiero resaltar un punto importante. La Biblia no puede afirmar de manera explícita si tú ya ganaste la salvación o si la vida eterna está segura en tu experiencia,  a pesar que afirma que “…el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo…”, y que ese testimonio viene de Dios,[4] y que ese testimonio está en nuestros corazones. Sino que el punto central es que, cada uno de nosotros, tú y yo, tenemos que aplicar el testimonio bíblico a nuestra experiencia, con el fin de estar seguros, y esto es “creer”, porque “creer” nos da seguridad de que vamos en el dirección correcta, porqué de otra forma no vale la pena buscar algo, que lo tenemos a la mano, y ni siquiera nos damos cuenta.

Y la vida eterna es Jesús, porque “…sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al Dios verdadero. Y estamos con el Verdadero, con su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna”,[5] entonces creer en Jesús y aceptarlo es vital para poder tener acceso a la vida eterna.

White comenta estos textos y dice: “…No es la vida física la que se menciona aquí, sino la inmortalidad, la vida que es propiedad exclusiva de Dios. El verbo, que era con Dios, y que era Dios, tenía esa vida. La vida física es algo que cada individuo recibe. No es eterna o inmortal; porque Dios, el Dador de la vida, la toma nuevamente. El hombre no tiene control sobre su vida. Pero la vida de Cristo no provenía de otro ser. Nadie le puede quitar esa vida. “De mí mismo la pongo” dijo. En él estaba la vida original, propia, no derivada de otra. Esta vida no es inherente al hombre. Puede poseerla sólo mediante Cristo”,[6] por eso afirmaba Juan: “…que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo”.

Sin embargo queda un punto al aire que no debemos pasar por alto: “No podemos tener la vida eterna, a menos que sepamos cómo tenerlo…” La última parte de 1 Juan (capítulo 5), no tiene ningún texto claro que nos diga si podemos ser salvos, a menos que entendamos cómo podemos saberlo, y éste “cómo” está en los pasajes anteriores. Mañana intentaremos explicarlo… ¡Qué tengas un buen día”…

Pr. Joe Saavedra

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[1] Juan 14:6 NVI

[2] Juan 3:16 NVI

[3] Juan 3:17

[4] 1 Juan 5:9 NVI

[5] 1 Juan 5:20 NVI

[6] Maranata, ¡el Señor viene!, cap: la vida eterna comienza ahora

¿SALVOS DE QUÉ? (jueves 22 de marzo de 2012)

“Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:15 NVI).

Una persona de la iglesia me preguntó: ¿qué le ofrecemos  a la gente?, ¿cuál es nuestro “interés”? esas preguntas me dejaron meditando. ¿Cómo iglesia qué le estamos “vendiendo” a las personas? Una respuesta segura y concreta es: “salvación”,  sin embargo, ¿salvación de qué?, es decir ¿para qué problemas el cristianismo es una solución? Si la respuesta gira en torno al “pecado”, es decir nuestro intento es alejar del pecado a este mundo corrompido, entonces creo que vamos por el camino equivocado, porque liberar al ser humano del pecado, es una tarea “titánica” y hasta imposible, porque, cómo dijo Pablo: “…Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado”.[1] Si hablamos en terrenos reales, el pecado es altamente atractivo, ¿por qué querría alguien ser salvado de algo altamente atractivo y agradable? Si todo lo que podemos ofrecerle a las personas es liberarlos de sus debilidades favoritas entonces nuestra oferta no es muy buena.

El pecado en sí no es el problema principal, y no pasa de ser más bien la causa del problema. No podemos esforzarnos solamente  en tratar de convencer a las personas en centrarse en sus pecados y “sudar al máximo” para liberarse, sino en llevarlo a entender que la liberación no es del pecado sino de la consecuencia que ella origina.

El apóstol Santiago nos dice que la “madre” es el “deseo” (pasión) y esta acaba en muerte. Desde el punto de vista del pecador, su principal deseo no es liberarse del pecado, sino de la consecuencia: la muerte. Es decir, el pecador es como un infeliz paciente que no quiere liberarse de cigarro sino solamente del cáncer. Por lo tanto, el cristianismo debe ser una solución para el problema de la muerte. Nuestra oferta debe ser en señalar el camino que lleva a la vida eterna. Si entendemos este asunto, entonces estos textos tienen sentido: “—Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí”,[2] “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.[3] ¡No para condenar por el pecado, sino para ser salvo de él![4] El pecado nos lleva a la muerte, pero podemos tener otro final: “La vida eterna”.

White dice: “Por naturaleza estamos enemistados con Dios. El Espíritu Santo describe nuestra condición en palabras como éstas “Muertos en las transgresiones y los pecados” (Efe. 2: 1), “la cabeza toda está ya enferma, el corazón todo desfallecido”, “no queda ya en él cosa sana” (Isa. 1: 5, 6). Estamos enredados fuertemente en los lazos de Satanás, por el cual hemos “sido apresados para hacer su voluntad” (2 Tim. 2: 26). Dios quiere sanarnos y libertarnos. Pero, puesto que esto demanda una transformación completa y la renovación de toda nuestra naturaleza, debemos entregarnos a él enteramente”.[5]

Pero, ¿cómo podemos saber que vamos en la dirección correcta a la vida eterna? ¡Buena pregunta!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Romanos 7:14 NVI

[2] Juan 14:6 NVI

[3] Juan 3:16 NVI

[4] Juan 3:17

[5] La maravillosa gracia, cap: “salario o don”

JUSTIFICADOS (martes 20 de marzo de 2012)

“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!” (Romanos 5:8-9 NVI)

Tenemos un Dios de segundas oportunidades, y tanto arriesga por nosotros que nos declara justos, aun cuando somos injustos. La prueba de esto, es que murió por sus amigos desertores y por nosotros, aun cuando andamos enemistados con él.  Entonces, podemos entender que Jesús es nuestro verdadero amigo aun antes de que lo merezcamos. En esto consiste la justificación: “Es el trato que recibimos de parte de Dios, como si ya fuéramos lo que en el futuro podríamos llegar a ser”, es cómo traer el futuro al presente. Al recibir ese favor, tenemos un lugar en el cielo, aun cuando estemos lejos de él. Pablo lo explica de otra manera: “Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales…”,[1] ¡sorprendente!, ¿te imaginas sentado en algún trono con Jesús?… a veces pensamos que no merecemos nada porque nuestra vida denuncia nuestros actos pecaminosos.

Qué maravillosa noticia, de saber que Jesús nos salva la vida, aun cuando nosotros no haríamos lo mismo. Por eso se constituye el mejor amigo para peores momentos. Un amigo que ama, porque “cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. Concluimos entonces que, ni la enemistad con él hace retroceder a Cristo en su afán de recuperarnos para el cielo, pero ¿te imaginas si estamos en paz con él?, en ese caso, su presencia es constante y jamás estaremos solos.

No perdamos un amigo así, que es capaz de ver en nosotros lo que consideramos imposible. Así funciona la justificación, en que Cristo ve lo mejor que hay en nosotros, y descubre nuestro potencial aun antes que nosotros podamos identificarlo, si permanecemos en él.

Pedro entendió este asunto de que “Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios”, cuando algunos días después de la resurrección de Jesús, se encontró cara con él. Allí en la orilla del lago, había una situación pendiente entre los dos. Pedro le había prometido a Jesús que jamás lo abandonaría, pero la historia fue otra, porque en vez de lealtad hubo traición y negación. Jesús frente a Pedro le preguntó: ¿me amas?, ¿eres ese amigo fiel que necesito?, ¿eres la persona adecuada para ir al cielo?, Pedro terminó con esta frase: “tú lo sabes todo”, “tú sabes lo que soy”, “tú sabes cuánto te he negado”, “sabes que no merezco nada”… esa mañana Jesús se dio la vuelta y con una sonrisa le dijo: “sígueme”. Pedro había sido justificado.

“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros…”, hoy la voz de Jesús retumba en el lugar que te encuentres: ¡sígueme!…. lo demás no importa, porque tiene solución… ¡Sigamos a Cristo!…

Pr. Joe Saavedra

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[1] Efesios2:6 NVI

SEGUNDA OPORTUNIDAD (lunes 19 de marzo de 2012)

“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6 NVI).

Encontrar amigos leales y verdaderos, no es tarea fácil, pero para tenerlos comienza contigo mismo, ¡sé uno de ellos! En cambio, Jesús no es un amigo terrenal que puede fallar, sino Uno que está siempre disponible y presto para actuar a tu favor, la prueba máxima de eso, es que cuando la deuda del pecado era imposible de pagar, él apareció con “un  cheque ensangrentado” y pagó nuestra deuda, y eso muestra que él nunca se da por vencido con nosotros, aun así lo rechacemos e ignoremos.

Él ha pagado mucho por nosotros, porque es el mejor amigo, además confía en que a pesar que tenemos una inclinación a portarnos mal y ser desagradecidos, podemos llegar a ser todo lo contrario y merecer las promesas que se cumplirán en el retorno de Cristo. Una ilustración de esto, la podemos ver en un supermercado, allí una persona elige los enseres que va a comprar, va a una caja y paga lo que eligió, en ese momento tiene mucho cuidado de no perder u olvidar alguna compra, porque le costó y no quiere perder su inversión. De la misma forma, Cristo, no desea perdernos, y hará todo lo posible por “guardarnos y perfeccionarnos” hasta ese día donde se escuche una trompeta final. Con razón Pablo dice muy seguro: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”

Por eso Jesús, como un amigo fiel, no abandona, a pesar que sus  amigos lo abandonaron a su suerte frente a una turba de maleantes y asesinos, a pesar que hoy nosotros le damos al espalda y confiamos más en  cualquier objeto perecedero, él nos concede segundas oportunidades, para demostrarle que muchas veces hacemos “lo que no queremos”, pero que en el fondo necesitamos de él.

White escribió: “Pero Aquel que vino a nuestro mundo para buscar y salvar lo que se había perdido, ofreció su propia vida con el fin de que los hombres tuvieran una segunda oportunidad. Tiene piedad, compasión y amor sin igual; y ha hecho toda provisión en favor del hombre, de modo que ninguno necesite morir. El divino Hijo de Dios, la Luz y la Vida, vino a este mundo para abarcar al mundo entero y para atraer y unir hacia sí a todo ser humano que está bajo la sujeción y el gobierno satánico”.[1]

Hoy podemos arreglar las cuentas con Jesús, de permitirle que acabe con la obra que inició en nosotros, él nos dice: “Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el SEÑOR—. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!”.[2] Jesús no abandona, no nos deja sólos en medio de nuestras confusiones, más bien busca, persuade y está presto a darnos una nueva oportunidad, porque ha comenzado una obra en nosotros y la tiene que terminar.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Alza tus ojos, 28 de septiembre.

[2] Isaías 1:18 NVI

¿LO ABANDONARÁS? (viernes 16 de marzo de 2012)

“En mi primera defensa, nadie me respaldó, sino que todos me abandonaron. Que no les sea tomado en cuenta” (2 Timoteo 4:16 NVI)

Como toda persona, Pablo también necesito del aliento de sus amigos, especialmente en esos momentos de miedo, cuando fue encarcelado. Nadie desea quedarse solo en momentos de angustia, cómo Pablo que tenía que comparecer por segunda vez ante el  tribunal del despiadado Nerón, y lo más probable era que iban a ser su últimos días. Así que antes de morir, Pablo escribe a Timoteo su discípulo, a quién encargó las iglesias, para contarle sus temores humanos y el abandono de los que consideraba amigos. Pablo escribió: “…pues Demas, por amor a este mundo, me ha abandonado y se ha ido a Tesalónica. Crescente se ha ido a Galacia y Tito a Dalmacia”,[1] eso fue doloroso para el apóstol, porque Demas era un supuesto amigo de confianza y el prefirió dejarlo al verlo en problemas. En otra parte reafirma el abandono de sus amigos, aunque resalta que hubo algunos, como Onesíforo que estuvo cuando algunos lo abandonaron: “Ya sabes que todos los de la provincia de Asia me han abandonado, incluso Figelo y Hermógenes. Que el Señor le conceda misericordia a la familia de Onesíforo, porque muchas veces me dio ánimo y no se avergonzó de mis cadenas. Al contrario, cuando estuvo en Roma me buscó sin descanso hasta encontrarme”.[2]

Sin embargo, ni siquiera Onesíforo estuvo presente en la primera audiencia de Pablo ante Nerón: “En mi primera defensa, nadie me respaldó, sino que todos me abandonaron. Que no les sea tomado en cuenta”.[3] No obstante, el apóstol Pablo si tenía un amigo incondicional, que jamás le falló, que lo acompañó en todo momento y en las circunstancias más adversas, y no solo estuvo para acompañarlo, sino que estuvo listo a dar su vida por él: “Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que por medio de mí se llevara a cabo la predicación del mensaje y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me preservará para su reino celestial. A él sea la gloria por los siglos de los siglos…”.[4]

Jesús, es el mejor amigo que puedes tener, fiel en toda circunstancia, leal en toda prueba y listo para sostener su mano cuando empiezas a flaquear.  No existe compañero más dispuesto en todo, que Jesús y es el modelo de la clase de amigo que debemos ser y desear. Porque un amigo verdadero, es aquel que llega y se queda cuando los demás abandonan.  Con razón una escrito cristiana escribió de Jesús: “Él nunca ha fallado ni lo ha engañado. Será su guía y libertador en las circunstancias más difíciles. Estará a su diestra. Estamos en todo momento rodeados por su poder y su presencia tan ciertamente como lo estuvieron los israelitas en medio del mar partido en dos”.[5]

Apreciado (a), ¿tienes amigos leales?, ¿eres un amigo que no falla?… oremos por tener amigos fieles y porque nosotros seamos  así con otros… Y sobre todo, roguemos para que Jesús nos considere en su lista de amigos leales, los que son “fieles hasta la muerte”, y que no engrosemos las filas de los pseudos amigos de Jesús, que solamente están con él para pedir y exigir, y que al menor aviso de sacrificio o perdida por amor a su nombre, escapan a esconderse debajo de cualquier cosa…. ¡Seamos los incondicionales de Jesús!

Pr. Joe Saavedra

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[1] 2 Timoteo 4:10 NVI

[2] 2 Timoteo 1:15-17 NVI

[3] 2 Timoteo 4:16 NVI

[4] 2 Timoteo 4:17,18 NVI

[5] Alza tus ojos, 19 de septiembre