SUBE A LA MONTAÑA (jueves 01 de marzo de 2012)

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“Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo: ‘Dichosos…’ ” (Mateo 5:1-3 NVI)

“El sermón del monte” o “Sermón de la Montaña” es un compendio de enseñanzas básicas para el hijo de Dios. El canónigo Liddon, en sus “Bampton Lectures”, hace referencia a este sermón como “ese original bosquejo de cristianismo esencial”.[1]Este “curso intensivo”  fue dictado por Jesús, y se registra entre los capítulos 5 al 7 del libro de Mateo, cuyo paralelo se encuentra en Lucas 6:20-49, aunque este pasaje al llamarse “Sermón del Llano”, hace que su relación con el Sermón del Monte se ha motivo de arduo debate.

Allí en la montaña, “Cristo usa un lenguaje altamente poético, con figuras de mucho vuelo y de gran significación espiritual. Algunas personas pierden mucho del sentido de este sermón por buscar una interpretación literalista. Cristo habla de ‘los de limpio corazón’ a un pueblo que hacía mucho énfasis en la limpieza del cuerpo, de lo externo. Cuando dice que los que le siguen son ‘la sal de la tierra’, es absurdo darle a sus palabras otro sentido que no sea espiritual. Y así sucesivamente. Hay que recordar que Cristo hablaba del reino de los cielos”.[2]

Sin embargo, hay dos detalles que marcan el inicio de esa experiencia entre el Maestro y sus discípulos. Primero, la referencia bíblica destaca que Jesús: “subió… se sentó… tomó La Palabra y enseñaba…”, y por lógica, los discípulos: “subieron, se sentaron, escuchaban y aprendían  La Palabra”. Estas acciones sugieren, un detalle importante: “tiempo para enseñar y tiempo para aprender”. Hay un principio elemental que dice: “nadie enseña de lo que no sabe”. Nosotros somos llamados a enseñar, a impartir esperanza, pero ¿enseñamos lo que sabemos?, o ¿enseñamos lo que podemos? Nadie enseña lo que no sabe, por lo tanto, ¿no es imperioso tener un tiempo de preparación con La Palabra? El que desea convertirse en discípulo de Cristo, tiene que pasar tiempo frente a la Biblia, tiene que aprender para poder enseñar.

La fe no es producto de casualidades o de buenos sermones, sino que “la fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios”. Una de las razones de peso de una iglesia, un líder y un discípulo que no enseña, es porque no aprende,  y no aprende porque  La Palabra dejó de ser importante. En esa condición están destinados a la frialdad, a la inacción y la mediocridad espiritual. Un sábado me topé con un hermano distraído y soñoliento, cuando lo abordé una parte de su respuesta fue: “que puedo enseñar, si no sé”.

El llamado a todo discípulo de Cristo es: “aprende para que enseñes… enseña para que otros aprendan”. Ponte en las “sandalias de los discípulos”, sube a la montaña, siéntate y aprende de La Palabra de Dios”, al hacer esto, irás por la huellas que Jesús dejó en esa montaña: “subirás, te sentarás, abrirás La Palabra y enseñarás”. Una iglesia de acción es una iglesia que aprende y enseña.

Si eres un líder de la iglesia, enseña con todas tus fuerzas, pero recuerda que nadie enseña de lo que no sabe. ¿Cuánto tiempo pasas en tu fortalecimiento personal?, ¿cuánto tiempo “pasas en la montaña, sentado, escuchando La Palabra de Dios”? Además, motiva el estudio de la Biblia, y busca los mecanismos de un aprendizaje sencillo y certero.

Si eres un miembro de iglesia, y deseas crecer en la fe, entonces, cada día “sube a la montaña, siéntate y aprende de La Palabra de Dios”, con certeza, en poco tiempo estarás en esa montaña enseñando a otros.

Recordemos que “el conocimiento principal y esencial es el conocimiento de Dios y de su Palabra… El cristiano crecerá en gracia en proporción a su dependencia y aprecio de la enseñanza de la Palabra de Dios y a su hábito de meditar en las cosas divinas…”.[3] ¡No permitamos que nadie nos separe de la fuente de toda verdad: La Palabra de Dios… y que nada nos impida subir  la montaña!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] J.D. Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico : Primera edición (Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas, 2000).

[2] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de la Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 958.

[3] A fin de conocerle, 6 de julio

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