OBEDIENCIA

“Después tomó el libro del pacto y lo leyó ante el pueblo, y ellos respondieron: —Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos” (Éxodo 24:7 NVI)

La obediencia es una característica trascendental en la vida de un hijo de Dios. La responsabilidad más grande que debería considerar un padre es enseñar a obedecer a sus hijos. Con razón Elena de White dice: “La primera preocupación de los padres debería ser establecer un buen gobierno en la familia. La palabra de los padres debería ser ley, y excluir toda disculpa o evasiva. Los niños, desde su misma infancia, deberían ser enseñados a obedecer implícitamente a sus padres”.[1] Además esa obra debería ser considerada como un privilegio. “No debiera haber para vosotros obra tan importante que os impida dedicar a vuestros hijos todo el tiempo que sea necesario para hacerles comprender lo que significa obedecer al Señor y confiar plenamente en él”.[2] Una generación de niños obedientes a sus padres y a Dios, dará como fruto una generación de hombres leales y consagrados al servicio de Dios.

El término “obediencia” en un sentido bíblico es el “acto de cumplir con las órdenes o instrucciones de un superior”.[3] Esta palabra deriva del idioma hebreo y el término es “shama” que puede significar “prestar oído, escuchar, oír”, pero en algunas ocasiones se traduce como “obedecer”.[4] Un ejemplo de la Biblia dice: “Ahora bien, hijo mío, escúchame bien, y haz lo que te mando”.[5] En síntesis, la obediencia es el camino a una vida de bendición. Si obedecemos la Palabra de Dios entonces preparamos el camino hacia la prosperidad en todos los sentidos, con razón Moisés escribió: “Si ustedes obedecen fielmente los mandamientos que hoy les doy, y si aman al SEÑOR su Dios y le sirven con todo el corazón y con toda el alma, entonces él enviará la lluvia oportuna sobre su tierra, en otoño y en primavera, para que obtengan el trigo, el vino y el aceite”.[6]

Por el contrario, si no aprendimos a obedecer, o la desconfianza a la Palabra de Dios nos lleva a torcer nuestros caminos y hacer nuestra voluntad, nos adentramos a una vida de amargura e inseguridad. En este asunto Moisés también exhorta: “Y tú, que como pueblo fuiste tan numeroso como las estrellas del cielo, quedarás reducido a unos cuantos por no haber obedecido al SEÑOR tu Dios”.[7]

Mi amigo (a), delante de ti se encuentra una vida de abundancia y seguridad, y esa bendición es posible cuando repitas, como lo hizo el pueblo de Israel, delante de Moisés: “Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos”. ¡Allí radica el secreto de una vida victoriosa!. “A medida que la verdad convierte al hombre, comienza la transformación del carácter. Como resultado de la obediencia se produce el aumento de la comprensión. La mente y la voluntad de Dios llegan a ser las suyas, y al buscar permanentemente el consejo de la Deidad, el discernimiento crece en forma constante. Bajo la dirección del Espíritu de Dios se produce un desarrollo general de las facultades mentales que son consagradas a él sin reservas”.[8]

¡Vivamos en obediencia a Dios!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Pacific Health Journal, enero de 1890.

[2] El Hogar Cristiano, capítulo 28

[3] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de La Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 762.

[4] Ibid.

[5] Génesis 27:8 NVI

[6] Deuteronomio 11:13,14 NVI

[7] Deuteronomio 28:62 NVI

[8] Recibiréis Poder, 19 de febrero

¿QUÉ TIENES?

“Ese manto es lo único que tiene para abrigarse; no tiene otra cosa sobre la cual dormir. Si se queja ante mí, yo atenderé a su clamor, pues soy un Dios compasivo” (Éxodo 22:27 NVI)

Una de las tendencias más comunes de los seres humanos es quejarse de todo. Muchos transitan por la vida, disconformes con las cosas que van obteniendo, infelices y con la vida sombría. Seguramente has escuchado esta frase que camufla una vida de penas y quejas: “yo no me conformo con poco, necesito superarme más”. Sin embargo hay una gran diferencia entre una vida que desea superarse y otra que va quejándose de lo que tiene.

Entiendo por superación personal, cómo un proceso de transformación y desarrollo, a través del cual una persona trata de adoptar nuevas formas de pensamiento y adquirir una serie de cualidades que mejorarán la calidad de su vida. Y las características que manifiestan esa transformación son satisfacción con uno mismo,  con las circunstancias físicas y emocionales que rodean. En síntesis, el que tiene la tendencia a superarse,  disfruta de la vida, es agradecido y sobretodo es positivo. Pero, el que anda en la vida disconforme y quejándose de  todo lo que le pasa, está totalmente en sentido opuesto al que está superándose . Porque el que encuentra siempre una razón para quejarse, no va en la dirección de la alegría de vivir y aprovechar las oportunidades, más bien va cuesta abajo, blasfemando su existencia, buscando responsables y escoge beber tragos amargos de ingratitud  y soledad.

¿Qué tienes?, ¿quizás un “solo manto para abrigarte”, y eso es todo para que puedas sobrevivir? ¿Esa es una razón para andar inconformes y con la vida sombría? Por supuesto que no. Todo llega en su momento, por ahora es “un solo manto”, pero puede ser el “mejor manto” de la tierra. Y eso sucederá, cuando hayas cambiado el rumbo de tu forma de vivir. Eso es, dejar de ser mal agradecido, y comenzar a disfrutar de la vida. Con optimismo y fe en Dios, no verás a tu vida como un desierto, sino cómo un futuro campo lleno de árboles frutales para cosechar y manantiales borboteando por todo lugar.

¿Y cómo se logra eso?, el texto dice que toda queja es recibida por el Señor, pero la diferencia estriba en que la queja de un optimista es un agradecimiento, en cambio la queja de un infeliz es una blasfemia.

Mi amigo (a), no existe vidas sombrías, sino vidas que “cerraron las puertas, ventanas y cortinas” para que el sol no entre. Dios desea ser el sol de justicia que alumbre tu existencia y aleje la oscuridad de tu vida negativa, él dijo: “Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”.[1] ¿Tienes un solo manto para cubrirte?, ¡pues disfrútalo, y pide más! Un hombre sabio dijo: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es una opción”. No todo en la vida es fácil, pero todo en la vida puede ser alegría.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Lucas 11:10 NVI

DUDA E INCREDULIDAD

“Además, a ese lugar lo llamó Masá, y también Meribá, porque los israelitas habían altercado con él y provocado al SEÑOR al decir: ‘¿Está o no está el SEÑOR entre nosotros?’” (Éxodo 17:7 NVI)

Ni el más grave problema, ni la dificultad más angustiante, ni el dolor más intenso, justifican que dudemos del amor de Dios o de su presencia sustentadora. Las pruebas que afrontamos en esta vida, son vitales para demostrar nuestra lealtad a Dios y para fortalecer nuestra fe. Cómo un atleta que necesita de un gimnasio lleno de pesas para fortalecer su fuerza y acrecentar su resistencia. ¿Qué haría un atleta sin pesas ni ejercicios?, definitivamente, no estaría apto ni física ni mentalmente para enfrentar la competencia; de la misma forma ¿qué haría un servidor de Dios sin pruebas o desafíos?, es seguro que no estaría apto para heredar las promesas de vida eterna que ofrece el Señor.

Cuando no entendemos el propósito de las dificultades, o no vemos el trasfondo de las pruebas, y a eso se añade la apatía para hablarle a través de la oración y escucharlo a través de su Palabra, entonces vamos en dirección a “tierras pantanosas y movedizas”, y luego nos adentramos en ella, para terminar sepultados. Como la experiencia del pueblo de Israel que inició su recorrido hacia tierras peligrosas con esta pregunta: “¿Está o no está el SEÑOR entre nosotros?”. ¡Y claro que estaba!, ya lo había demostrado con señales milagrosas y hechos asombrosos, pero la duda es el inicio de una vida en ruinas.

El término “duda”, está relacionado a los campos de la decisión y la acción, y afectan directamente a las verdades que aceptamos o la fe que profesamos. Es decir, la duda invalida la seguridad de la presencia de Dios y por ende la confianza en Él, conduciendo hacia la incredulidad, que consiste en desconfianza extrema, en anular la creencia de la existencia de Dios, y por ende rechazarlo  firmemente.

La incredulidad puede ser una consecuencia directa  de dudas no satisfechas. La palabra  “incredulidad” es en definitiva “falta de fe. Es no decir ‘amén’ a todo lo que Dios dice. No existe un término equivalente en el AT”.[1] Sin embargo en el NT se expresa mediante dos palabras: “apistia y apeitheia”. “Según MM[2] la palabra apeitheia, junto con apeitheō y apeithēs, ‘connota invariablemente desobediencia, rebelión, contumacia’…Esta desobediencia surge de la apistia, ‘falta de fe y confianza’. apistia es un estado mental, y apeitheia la expresión de ese estado”.[3] Con razón en el libro de Juan 16:9,[4] Cristo afirmó que la incredulidad es el principal pecado acerca del cual el Espíritu convencería al mundo.  “La incredulidad en todas sus formas es una afrenta directa a la veracidad divina (cf. 1 Juan. 5.10), y esa es la razón por la cual constituye un pecado tremendo. Los hijos de Israel no entraron en el descanso de Dios por dos razones. No tenían la fe (apistia, Hebreos 3:19) necesaria y desobedecieron (apeitheia, Hebreos 4:6)”[5]

Mi amigo (a), la duda engendra incredulidad y ésta, desobediencia, como decía Westcott, “la incredulidad encuentra su manifestación práctica en la desobediencia”. Confía en el Señor y en su Providencia, convéncete que las pruebas y los problemas, son permitidos para fortalecer tu confianza y tu fe. Es decir,  más pruebas más resistencia a la duda, y esto te aleja de la incredulidad y por ende de ser desobediente a la voluntad de Dios. Este fin de semana, podríamos aprovechar para pedir a Dios que nos aleje de las arenas movedizas de la duda y que nuestra vida no se hunda en tierras pantanosas de la incredulidad.

La pregunta: “¿Está o no está el SEÑOR entre nosotros?”, no tiene cabida en la vida de un hijo de Dios, sino de sus labios brotan: “El Señor es ‘mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío’[6]

Pr. Joe Saavedra

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[1] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de La Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 511.

[2] MM J. H. Moulton y G. Milligan, the Vocabulary of the Greek Testament illustrated from the Papyri and other non-literary sources, 1930

[3] J.D. Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico: Primera Edición (Miami: Sociedades Bíblicas Unidas, 2000).

[4] “Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí…” (Juan 16:8-9 NVI)

[5] J.D Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico

[6] Salmos 91:2 NVI

DEJEMOS DE MURMURAR

“Comenzaron entonces a murmurar en contra de Moisés, y preguntaban: «¿Qué vamos a beber?»” (Éxodo 15:24 NVI)

Si hubo un pueblo que recibió favores abundantes, observó hechos extraordinarios y fue librado de cruentos peligros, fue el pueblo de Israel. Ningún otro pueblo tuvo las preferencias   que la gente hebrea. Sin embargo fue un pueblo que jamás se conformó con alguna bendición, ejercieron poca paciencia y se acostumbraron a murmurar deseos de mal.  Un ejemplo de lo afirmado, lo encontramos en la experiencia de Israel frente al Mar Rojo y con el ejército egipcio a sus espaldas queriendo arrancar sus vidas. La historia cuenta que los hebreos lograron salir de Egipto, y cuando parecía que nada los detenía se encontraron con turbulentas aguas de un mar que les impedía el paso. Mientras trataban de buscar una solución, entraron en pánico al escuchar los gritos de guerra del ejército egipcio que llegaba por sus espaldas. Allí  fue el inició de una vida de murmuraciones y reclamos: “Entonces le reclamaron a Moisés: —¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos sacaste de allá para morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros? ¿Para qué nos sacaste de Egipto? Ya en Egipto te decíamos: “¡Déjanos en paz! ¡Preferimos servir a los egipcios!”¡Mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto!”.[1]

Ese pueblo ya conocía el poder de Dios manifestado en las plagas que remecieron Egipto, pero ellos frente a las dificultades en vez de confiar en ese Dios poderoso, se echaban a reclamar y ver todo en forma negativa. Quizás hasta ese momento se podría entender las murmuraciones del pueblo de Israel, estaban asustados, realmente el Mar Rojo era una barrera imposible de sortear y al ver ese ejército furioso pensaron que nada ya los libraba, pero al ver que sucedió después, nada justificaba su desconfianza en Dios. Narra el capítulo catorce de Éxodo, que Dios se manifestó como nunca antes, detuvo al ejército egipcio al ponerse como barrera para que los soldados egipcios no alcanzaran a los hebreos y con poder asombroso, desplegado como nunca antes, abrió el mar en dos y su pueblo pudo pasar en seco.

Dice la parte final del capítulo en mención, que los Israelita vieron a sus espaldas los cadáveres del ejército regados en la orilla del mar. Para mi ese hecho no es un simple milagro sino un “milagraso”, o un milagro de milagros, y pienso que ese suceso fue mostrado para que ese pueblo finalmente confiara en la mano protectora de Dios y en Su providencia a ellos. Sin embargo no fue así, con asombro se puede ver que ese pueblo no se conformaba con nada, porque unos kilómetros más adelante se encontraron con un riachuelo que fue su esperanza para calmar su sed, pero cuando trataron de beberla no pudieron porque era amarga. En ese lugar, en vez de recordar las hazañas de Dios, especialmente como los libró del Mar Rojo y del ejército egipcio, y tranquilizarse, otra vez “comenzaron… a murmurar en contra de Moisés, y preguntaban: «¿Qué vamos a beber?»”. Si Dios los había librado de peores dificultades, ¿acaso no podía solucionarles ese pequeño impase?, ¡claro que sí!, pero ese pueblo tenía el hábito de murmurar y olvidarse del poder de Dios manifestado en sus vidas.

Mi amigo (a), ¿podrías recordar las hazañas que Dios ha hecho en tu vida?, tengo la certeza que tú y yo hemos visto las manifestaciones del  poder de lo alto, por eso nuestra vida debería ser de constante agradecimiento y reconocimiento a nuestro Dios Sustentador. No murmuremos contra Dios, no vivamos en desconfianza. Una vida apoyada en pretextos y culpables, es una vida que caerá pronto. En medio de las pruebas repitamos con júbilo como Moisés: “El SEÑOR es mi fuerza y mi cántico; él es mi salvación. Él es mi Dios, y lo alabaré; es el Dios de mi padre, y lo enalteceré”.[2]

Pr. Joe Saavedra

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[1]  Éxodo 14:11-12 NVI

[2] Éxodo 15:2 NVI

EN TODO MOMENTO

“De día, el SEÑOR iba al frente de ellos en una columna de nube para indicarles el camino; de noche, los alumbraba con una columna de fuego. De ese modo podían viajar de día y de noche” (Éxodo 13:21 NVI)

Uno de los mayores anhelos de Dios es vivir con sus hijos, como un padre cuando recibe en sus brazos a su pequeño hijo. Ese fue el propósito original de la creación del hombre, a saber, el Creador viviendo con sus criaturas; además, toda la “maquinaria” celestial está dirigida a restaurar ese propósito que ha sido quebrado. Elena De White comenta sobre este punto: “El gran plan de la redención dará por resultado el completo restablecimiento del favor de Dios para el mundo. Será restaurado todo lo que se perdió a causa del pecado. No sólo el hombre, sino también la tierra será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años, Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. ‘Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre’ (Daniel 7: 18 R60)”[1]

No obstante, como consecuencia del pecado se produjo una brecha en la relación del hombre con Dios. A pesar de este accidente, Dios buscó distintos medios para asociarse con el ser humano que sufrió una severa degradación de su naturaleza física, moral, y espiritual. En la Biblia podemos encontrar varios ejemplos de los intentos de Dios por estar cerca de sus hijos, cuyo final será la convivencia eterna del Creador con sus creación humana. Encontramos al Señor planificando la construcción de un Santuario cuyo objetivo era estar con sus hijos: “Después me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes”.[2] Otro ejemplo es el envío del Espíritu Santo, para acercar a Dios con los seres humanos: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho”.[3] También la encarnación de Jesucristo es otra muestra del empeño de Dios de estar en cada momento cerca de sus hijos, el mismo nombre “Emanuel” significa “Dios con nosotros”.[4]

Otras de las demostraciones del anhelo de Dios de estar con sus hijos, de tenerlos cerca en todo momento, se encuentra en la experiencia de Israel en el desierto. Allí en medio del calor agobiante, de la arena que lastimaba las plantas de los pies, de la noche helada del desierto Dios se manifestó poderosamente para recordarles a sus hijos que él no se había olvidado de ellos, que estaba pendiente de sus necesidades y que estaría en todo momento cerca de ellos, por eso “de día, el SEÑOR iba al frente de ellos en una columna de nube para indicarles el camino; de noche, los alumbraba con una columna de fuego. De ese modo podían viajar de día y de noche”.[5]

Mi amigo (a), quizás el dolor, los problemas que presionan, las necesidades que agobian, nos arrinconan a la pared y el silencio nos grita que estamos solos y que nadie vendrá en nuestra ayuda. Sin embargo, ten la confianza que en medio del calor abrasador de las dificultades, aparecerá una nube blanca encima de tu cabeza y te dará la sombra que necesitas para sobrevivir. A la vez, cuando el frío de la soledad y las dudas te embarguen, clama y sentirás el fuego protector del amor de Dios. No olvides que el mayor anhelo de Dios es estar a nuestro lado a cada momento y que muy pronto solucionará esa brecha que por tantos años nos ha privado del gozo supremo de verlo cara a cara y vivir con él por siempre. ¡No desistas! “habrá llegado el tiempo hacia el cual los santos miraban con anhelo desde que la espada flamígera echó del Edén a la primera pareja, el tiempo de ‘la redención de la posesión adquirida’. La tierra originalmente dada al hombre como reino suyo, entregada alevosamente por él a las manos de Satanás y durante tanto tiempo dominada por el poderoso enemigo, será recobrada por el gran plan de redención… Ese propósito se cumplirá cuando, renovada por el poder de Dios y liberada del pecado y de la tristeza, llegue a ser la patria eterna de los redimidos”.[6]

¡Un poco más de paciencia!

Pr. Joe Saavedra

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[1] ¡Maranata: El Señor Viene!, cap: “seguridad eterna”

[2] Éxodo 25:8 NVI

[3] Juan 14:26 NVI

[4] Mateo 1:23

[5] Éxodo 13:21 NVI

[6] Hechos de los Apóstoles, pág.86

SOLO POR INTERÉS

“Así que Moisés salió y le rogó al SEÑOR por el faraón. El SEÑOR accedió a los ruegos de Moisés y apartó los tábanos del faraón, de sus funcionarios y de su pueblo. No quedó un sólo tábano. Pero una vez más el faraón endureció su corazón y no dejó que el pueblo se fuera” (Éxodo 8:30-32 NVI)

Cuán decepcionado habrás quedado al saber que alguien procuró tu amistad por interés. Mientras podías ser útil para sus intereses, o sacaba de ti algún provecho, esa persona te sonreía, te llamaba y quería pasar tiempo contigo. Pero cuando  logró sus objetivos, o consiguió lo que buscaba, entonces allí reconociste su verdadero rostro, dejaste de ser importante en su vida, tu nombre no figura mas en sus lista de prioridades, eres ignorado (a) y hasta despreciado (a).

Al revisar definiciones, el término “interés” en su acepción peyorativa, designa la actitud del interesado, el que pretende aprovecharse de una situación o de otras personas, por codicia o egoísmo. Esto equivale a buscar todos los beneficios y ganancias personales, sin considerar a nadie más que uno mismo. La personas interesada, vive para él mismo, no le importa si daña o lastima a los seres que le rodean, aunque fueran sus familiares más cercanos, el objetivo que lo mueve es lograr sus objetivos a costa de cualquiera. ¿Ya te topaste con una persona así?, ¿cómo terminó esa experiencia?, ¿cómo te sentiste?

Si alguna vez ya pasaste por algo similar, sabes bien que el dolor que produce esa situación es muy profundo, y marca la vida. Los frutos de esa experiencia son rencor y desconfianza. Creo que no le desearías a nadie la experiencia de saber que fue utilizado y que se aprovecharon de su amistad o de su amor. Sin embargo, a pesar que consideramos como traición descubrir que una persona solo te buscaba por interés egoísta, y que una vez que consiguió lo que buscaba no se acuerda ni tu nombre, nosotros actuamos de la misma forma con Dios, cómo lo hizo el faraón.

Dice la historia bíblica que el faraón al ver la plaga de moscas que había infestado todo el reino, incluyendo su palacio, llamó a Moisés y negoció la salida del pueblo hebreo, aunque sus fines eran otros: “El faraón respondió: —Voy a dejarlos ir para que ofrezcan sacrificios al SEÑOR su Dios en el desierto, con tal de que no se vayan muy lejos y de que rueguen a Dios por mí”.[1] Él no quería liberar al pueblo de Dios, ni mucho menos rendirle culto, sus deseos giraban en librarse de esa plaga que los atormentaba; porque cuando no vio ni una mosca más “… endureció su corazón y no dejó que el pueblo se fuera”.[2]Él estaba interesado en su propia satisfacción.

Mi amigo (a), cuantas veces actuamos como el faraón con Dios. Nos acercamos a Dios por mero interés, deseando bendiciones que satisfagan nuestros deseos. Estas frases reflejan esa realidad: “si me libras de ese problema te voy a servir”, “si me bendices en ese negocio te voy a ser fiel”, “si me concedes ese trabajo te voy a adorar como nunca”, “si consigo ese dinero te voy a devolver lo que te corresponde y mucho más”. La tragedia es que se nos concede los pedidos, y nunca más nos acordamos de nuestras promesas, y lo que es más triste nos olvidamos de Dios, dejamos de orar, de adorarlo y actuamos cómo que no pasó nada. Mientras el problema o favor estaba pendiente, orábamos con fervor, ayunábamos, leíamos nuestra Biblia, estábamos puntuales en la iglesia, pero cuando todo fue resuelto, miramos a Dios y le decimos: “¿quién eres?

Nuestro Padre Celestial siente un dolor grande al verte lejos de Él, luego que te concedió todos tus deseos; con esa actitud, de interés egoísta, pierdes la credibilidad delante del cielo. ¿Por qué seguirlo por interés?, ¿por qué condicionar nuestra fidelidad a cambio de algo? Una aptitud que es muy preciado a los ojos de Dios es que lo sigamos incondicionalmente, en las buenas o malas. Que de nuestra boca salga cada mañana la siguiente oración: “Mi Dios, te seguiré pase lo que pase… cuenta conmigo en todo momento, lugar o circunstancia”. ¡Amén… que esa sea tu oración diaria!”.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Éxodo 8:28 NVI

[2] Ibid, 8:32

MANO PODEROSA

“El SEÑOR le respondió: —Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón. Realmente, sólo por mi mano poderosa va a dejar que se vayan; sólo por mi mano poderosa va a echarlos de su país” (Éxodo 6:1 NVI)

Moisés estaba desmoralizado, el encuentro con el faraón no había sido amigable, por el contrario trajo consecuencias adversas para sus intereses. Por el lado de su pueblo, no consiguió a la primera vez erigirse como su líder, más bien lo vieron cómo el causante del aumento de sus desgracias.[1] Cómo un hijo que no entiende las acciones de su padre, pero que confía en él, le mostró sus dudas: “Moisés se volvió al SEÑOR y le dijo: —¡Ay, SEÑOR! ¿Por qué tratas tan mal a este pueblo? ¿Para esto me enviaste? Desde que me presenté ante el faraón y le hablé en tu nombre, no ha hecho más que maltratar a este pueblo, que es tu pueblo. ¡Y tú no has hecho nada para librarlo!”.[2]

¿Alguna vez has sentido que te esfuerzas por lograr algo y no consigues nada?, ¿algún momento te has sentido solo en medio de tus luchas?, ¿pasó por tu mente la idea de que Dios no te responde? Moisés se sintió así, solo y aturdido por todo lo que le estaba pasando, no lograba comprender porque las cosas no salían bien, teniendo en cuenta que fue el mismo Dios que lo había enviado. ¿Te sientes así?, espera un poco, la mano poderosa del Señor va entrar en escena.

El Señor jamás abandona a un hijo suyo, aunque parezca así. Quizás debemos entender que el tiempo de Dios no es igual al del ser humano, ni sus pensamientos se pueden comparar a los nuestros. Dios ve la historia completa, el panorama en su totalidad, nosotros solamente un “pedacito de la torta” y nuestra fragilidad es sacudida. ¡Confiemos en el Señor!, él sabe lo que hace, sabe el momento oportuno en que su mano poderosa va actuar obrando proezas. Él dice claramente: “Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón. Realmente, sólo por mi mano poderosa…”; “ahora”, esto es señal de tiempo, del momento exacto, no es antes, no es después, es el momento preciso. Quizás no ha llegado el “ahora” para ti, quizás para mí tampoco, pero por fe sigamos al frente porque ya nos toparemos con la mano poderosa de Dios.

Mi amigo (a), ¿te sientes solo?, ¿estás angustiado en medio de tus luchas?, “confíe en el Señor como un niñito confía en su padre terrenal. Aférrese del Salvador. No permita que nada separe su alma de Dios. ‘Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3: 16). Pida bendiciones; espere bendiciones; aguárdelas constantemente. Véalas, reconózcalas, y no se queje; no se irrite. No culpe a Dios…”,[3] más bien aguarda el “ahora es”, el momento oportuno en que la mano poderosa actuará y allí reconocerás cuan grande es el Señor a quién sirves.

¡Qué la mano poderosa de Dios te guarde el día de hoy!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Éxodo 5:21

[2] Éxodo 5:22,23 NVI

[3] Alza tus ojos, 11 de junio