LIMPIOS Y RADIANTES

“Más radiantes que la nieve eran sus príncipes, y más blancos que la leche; más rosado que el coral era su cuerpo; su apariencia era la del zafiro. Pero ahora se ven más sucios que el hollín; en la calle nadie los reconoce. Su piel, reseca como la leña, se les pega a los huesos” (Lamentaciones 4:7-8 NVI)

No hay nada más agradable y reconfortante que irse a la cama con el cuerpo limpio y con un olor agradable. Después de una jornada de trabajo, de contacto con personas, objetos y el medio ambiente, el cuerpo queda impregnado de sudor y suciedad, es allí que necesitamos un merecido baño. Todo esto lo hemos aprendido de mi esposa, para quién la limpieza es extremadamente importante, por eso no deja entrar a la cama a nadie, si no se ha bañado, de nada sirven las suplicas, ni los pretextos, porque la regla familiar está puesta: “ni los hijos, ni papá, pueden entrar a la cama si no han pasado por la ducha”. Si alguna vez visitas mi casa al finalizar la tarde, te vamos a entregar una toalla y serás nuestro invitado de honor a la competencia de limpieza, esto es, correr para ver quién alcanza la ducha primero.

Actualmente nuestro mundo se caracteriza por la suciedad, los grupos ecologistas están preocupados porque mares, ríos, bosques y poblados tienen un alto grado de contaminación de diversas fuentes. Un ejemplo de esto es el Mar Mediterráneo, que actualmente es considerado el más contaminado del mundo. Así lo aseguran diversos informes realizados en los últimos años por organizaciones ecologistas. En sus aguas es tan fácil ver residuos plásticos como restos de hidrocarburos que proceden, sobre todo, de tierra firme. Las zonas con más residuos del Mediterráneo coinciden con los grandes puertos. Así ocurre en España, por ejemplo, con los de Algeciras y Barcelona. Quienes se bañan estos días en una playa mediterránea tienen muchas posibilidades de encontrarse basura en el agua. “En concreto podrían ver 33 unidades de residuos por cada metro cuadrado de agua. Es el promedio de suciedad de las costas españolas, según un informe sobre el estado de los mares del mundo publicado por Greenpeace. Además, hay otra contaminación que no se ve: hasta 10 gramos de hidrocarburos por litro, según un estudio de Oceana”.[1] Las causas de que el mar Mediterráneo es el más sucio del mundo, son los vertidos ilegales, descuidos humanos, causas naturales y transporte masivo de mercancías hacen que casi todo lo que está vivo en el Mare Nostrum corra peligro de contaminarse o incluso de desaparecer.

Cuando hablamos de suciedad, un buen concepto dice que “es algo impuro o sucio”,  y “tiene un sentido especial cuando está en contacto con la piel o la ropa de una persona, o con objetos y prendas personales que ensucian con el uso diario y se opone al concepto de limpieza”.[2] La suciedad “se adhiere por fuerzas electrostáticas, por anclaje mecánico (gránulos, fibras) o por modificación de superficie química (oxidación, pátina, moho). La suciedad puede ser causada también por precipitación (lluvia ácida, nube radiactiva) y heces (excrementos de ácaros, excrementos de aves, etc), orina, sebo, etc.”.[3] Todos estamos expuesto a la suciedad, en todo momento y en todo lugar.

En la Biblia encontramos que la suciedad no era tomada a la ligera. El Antiguo Testamento,  está lleno de ceremonias de limpieza para desaparecer todo rasgo de suciedad y contaminación, el libro de Levíticos abarca específicamente los asuntos de suciedad y limpieza. Por ejemplo, “el contacto con el cadáver de un animal inmundo producía impureza. De igual manera si el animal caía en una vasija, ésta quedaba inmunda. El agua que estuviere en contacto con el cadáver de un animal inmundo, también era impura, así como los alimentos que fueren afectados. Se eliminaba la impureza lavando los vestidos, bañándose y quedándose apartado ‘hasta la noche’. En algunos casos se requería también un sacrificio”.[4]

Sin embargo, la suciedad que más preocupa al Señor, es la suciedad del pecado. Quizás podamos tomar un buen baño cada tarde, y untarnos una buena crema y perfumes costosos. Quizás los que se acerquen a nosotros perciban olores agradables, y hasta nos pregunten la marca del perfume que usamos, pero hay suciedades que no se ven y olores que no se notan, que no pasan desapercibidos a los sentidos de Dios, porque Él lo conoce todo. Acciones inmorales ocultas, hábitos pecaminosos, valores positivos olvidados, deberes cristianos no cumplidos, son algunos ejemplos de la contaminación de la vida espiritual, y Dios no pasa por alto la contaminación, Él requiere una limpieza, cómo en los días del Santuario terrenal, donde Dios mandó a construir un lavatorio de bronce, que se ubicó justo a la entrada de la tienda donde el Altísimo moraba, allí se echaba agua y los sacerdotes debían lavarse si querían estar en la presencia de Dios, porque la orden fue clara: “Siempre que entren en la Tienda de reunión, o cuando se acerquen al altar y presenten al SEÑOR alguna ofrenda por fuego, deberán lavarse con agua”.[5]Con razón el Nuevo Testamento habla de la limpieza por agua a través del bautismo, y esa agua “simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios”.[6]

Mi amigo (a), nacimos para estar “radiantes como príncipes, más blancos que la leche, con la piel rosada; nuestra apariencia fue concebida como fino zafiro. Pero ahora nos ven más sucios que el hollín; en la calle nadie nos reconoce. Nuestra piel, reseca como la leña, se nos pega a los huesos”.[7]Esa es la condición de una vida de pecado. Dios nos invita: “Venid ahora, y razonemos… aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán”.[8] ¿No te gustarías, aceptar la invitación de Dios?, porque el Señor nos rescató de dónde estábamos, para una vida limpia y renovada, “así que santifíquense y manténganse santos, porque yo soy santo”,[9] dice el Todopoderoso.

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[3] Ibid.

[4] Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia (650). Miami: Editorial Unilit.

[5] Éxodo 30:18-20 NVI

[6] 1 Pedro 10:21 NVI

[7] Adaptación del autor

[8] Isaías 1:18 LBA

[9] Levítico 11:44 NVI

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