CONSULTA AL SEÑOR

“Los hombres de Israel participaron de las provisiones de los gabaonitas, pero no consultaron al SEÑOR” (Josué 9:14 NVI)

La historia bíblica cuenta que el pueblo de Gabaón al enterarse del avance victorioso del pueblo de Israel, maquinó un plan para engañar al pueblo de Dios, y así salvar sus vidas. Se disfrazaron con ropas viejas y sandalias gastadas, y colocaron panes duros en sus bolsas viejas, para escenificar un grupo de viajeros de un pueblo distante. Esta trama termina con la firma de un tratado de paz entre Israel y Gabaón, aunque “tres días después de haber concluido el tratado con los gabaonitas, los israelitas se enteraron de que eran sus vecinos y vivían en las cercanías”.[1] Qué golpe bajo para Josué y los líderes hebreos, se dieron cuenta que confiar en la inteligencia del hombre es como caminar en tierra movediza, insegura e inestable. Pero confiar en el Señor es transitar en camino firme y seguro. Con razón el texto de hoy menciona que los israelitas se apresuraron a tomar decisiones “pero no consultaron al SEÑOR”.

Lo más doloroso para Josué no fue la mentira de los gabaonitas, sino que su maestro Moisés ya le había enseñado la lección de poner las cosas en las manos de Dios, y no dar un paso sin tener la certeza de la bendición del Señor. Moisés había dicho: “Y al cabo del tiempo, cuando hayas vivido en medio de todas esas angustias y dolores, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz…”.[2] Josué pudo haber evitado la angustia y el dolor que le causó el pueblo de Gabaón si hubiese escuchado la voz del Señor, antes que su propia voz.

El ser humano, se va encontrar frente a situaciones donde debe decidir rápidamente, y ese momento es de vida o muerte, de éxito o fracaso. Sin embargo, muchas veces, obedece ciegamente las órdenes de su experiencia o su inteligencia, e ignora completamente que Dios sabe más y lo controla todo. El rey David se atrevió a escribir sobre la voz de Dios: “La voz del SEÑOR está sobre las aguas; resuena el trueno del Dios de la gloria; el SEÑOR está sobre las aguas impetuosas. La voz del SEÑOR resuena potente; la voz del SEÑOR resuena majestuosa. La voz del SEÑOR desgaja los cedros, desgaja el SEÑOR los cedros del Líbano; hace que el Líbano salte como becerro, y que el Hermón salte cual toro salvaje. La voz del SEÑOR lanza ráfagas de fuego; la voz del SEÑOR sacude al desierto; el SEÑOR sacude al desierto de Cades. La voz del SEÑOR retuerce los robles y deja desnudos los bosques; en su templo todos gritan: «¡Gloria!»”.[3] ¡Cuán bendecidos seríamos si consultáramos a Dios y escucháramos su voz!

Mi amigo (a) ¿tienes que tomar decisiones difíciles?, ¿estás confundido frente a un problemas y no sabes qué hacer?, ¿estás escuchando claramente la voz de tu experiencia o la experiencia de otros?, ¡detente un momento!, apaga todas las voces, quédate en silencio, consulta a Dios y espera su respuesta. Todos nosotros necesitamos quedarnos quietos un momento “para adquirir el conocimiento de la voluntad de Dios. Cada uno de nosotros ha de oír la voz de Dios hablar a su corazón. Cuando toda otra voz calla, y tranquilos en su presencia esperamos, el silencio del alma hace más perceptible la voz de Dios”.[4]

Dónde estés, ahora mismo, consulta a Dios sobre tu dificultad y quédate en silencio, te aseguro que no hay barreras para la voz del Señor porque “se agitan las naciones, se tambalean los reinos; Dios deja oír su voz, y la tierra se derrumba”.[5]

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] Josué 9:16 NVI

[2] Deuteronomio 4:30 NVI

[3] Salmos 29:3-9 NVI

[4] Conflicto y valor, martes 30 de noviembre

[5] Salmos 46:6 NVI

EJÉRCITOS DEL CIELO

“—¡De ninguno! —respondió—. Me presento ante ti como comandante del ejército del SEÑOR. Entonces Josué se postró rostro en tierra y le preguntó: —¿Qué órdenes trae usted, mi Señor, para este siervo suyo?” (Josué 5:14 NVI)

El término “ejército”, aparece frecuentemente en la Biblia, y por lo menos se usa en cuatro sentidos diferentes: “(1) Designa a la multitud de los israelitas organizados en tribus para marchar a través del desierto (Éx 7.4; Nm 1.52). (2) Algunas veces se usa para referirse a la hueste de los cuerpos celestes (Gn 2.1; Sal 33.6). (3) El culto al «ejército de los cielos» era común entre los paganos y lo practicaron los israelitas en tiempos de decadencia espiritual (Dt 17.3; 2 R 17.16; 21.3; Jer 19.13). (4) El conjunto de los seres celestiales, los ángeles, se llama «ejército»”.[1]

En referencia al cuarto sentido, la frase “ejército del Señor” o “Jehová de los ejércitos”, es una “que aparece casi trescientas veces en el Antiguo Testamento (Sal 24.10; 46.7)”. [2] Aunque existe incertidumbre en cuanto al sentido original de la expresión “Jehová de los ejércitos” (Yahweh ṣeḇā˒ôṯ), “puede referirse a la soberanía de Dios sobre los ejércitos de Israel (1 S. 17.45) o a ejércitos espirituales bajo su mando (Jos. 5.13–15; 1 R. 22.19; 2 R. 6.17). Es este último sentido el que predomina en el AT”.[3]Es decir, el Señor es jefe de las huestes angelicales, y estas son ministros a su disposición para pelear sus batallas y servir a su pueblo en la tierra. En este sentido, los ejércitos de Jehová, intervienen en dos momentos específicos: (1) el momento actual, y (2) en el futuro, y en cumplimiento de los eventos finales de la historia de esta tierra.

En referencia al primer momento, la intervención de los ejércitos del Señor, debe ser la garantía y confirmación de la presencia sustentadora de Dios. Los problemas personales, conflictos diarios, peligros de este mundo corrompido y tentaciones destructoras, son como campos de batalla que el hijo de Dios debe pasar, y en medio de ellas, puede desmoralizarse por  el miedo y el pesimismo de pensar que nadie sabe de las luchas. Allí, en medio de la brega, tengamos la seguridad que la presión de las “batallas diarias” no las enfrentamos solos, sino que el “ejército de Jehová” ha marcado fila en derredor nuestro, “porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos”.[4] Elena de White añade: “Necesitamos comprender más plenamente la misión de los ángeles. Sería bueno recordar que cada verdadero hijo de Dios cuenta con la cooperación de los seres celestiales. Ejércitos invisibles de luz y poder acompañan a los mansos y humildes que creen y aceptan las promesas de Dios; hay a la diestra de Dios querubines y serafines, y ángeles poderosos en fortaleza, “son todos espíritus administradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de salud”.[5]

De la misma forma, el segundo momento, donde las milicias celestiales tienen una cita, es en medio de los eventos que marcarán el final de este mundo y el retorno de su Comandante General. Con razón, “en la batalla final entre el bien y el mal Cristo aparece como el conductor de los ejércitos del cielo (Ap. 19.14), que derrotan a los ejércitos de la bestia y de los reyes de la tierra (Ap. 19.19)”.[6] El libro Mensajes Selectos, comenta sobre este punto: “En este conflicto final, el Capitán de las huestes del Señor está conduciendo los ejércitos del cielo, mezclándose en las filas y peleando nuestras batallas por nosotros. Tendremos apostasías, las esperamos. “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros” “(1 Juan 2:19). “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” “(Mat. 15:13). “El ángel, el poderoso ángel que baja del cielo, iluminará la tierra con su gloria “(Apoc. 18:1), mientras clama en forma poderosa en alta voz: “Ha caído la gran Babilonia” “(vers. 2)… Perderíamos fe y valor en el conflicto si no nos sostuviera el poder de Dios”.[7] Solamente por el sustento de Jehová y los ejércitos celestiales, podremos sobrevivir al conflicto final entre el bien el mal.

Mi amigo (a), no hay batalla personal, ni conflicto alguno, donde te encuentres peleando solo (a), “en todas las edades, los ángeles han estado cerca de los fieles que siguieron a Cristo. La vasta confederación del mal está desplegada contra todos aquellos que quisieran vencer; pero Cristo quiere que miremos las cosas que no se ven, los ejércitos del cielo acampados en derredor de los que aman a Dios, para librarlos”.[8] Tú puedes pasar por la experiencia de Josué, que avanzó seguro porque el mismo Jefe de los milicianos celestiales le indicó lo que debía hacer. Él solo obedeció y avanzó. ¿En qué lucha te encuentras?, ¿piensas que la derrota es segura?, hoy puedes cambiar el desenlace final de tu batalla, pero haz cómo Josué que delante del comandante del ejército del SEÑOR “se postró rostro en tierra y le preguntó: ¿Qué órdenes trae usted, mi Señor, para este siervo suyo?”.

Hoy, donde te encuentres y en este mismo momento, en oración pregúntale al comandante: “¿Qué órdenes trae usted, mi Señor, para este siervo suyo?”.

Pr. Joe Saavedra

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[1]Wilton M. Nelson and Juan Rojas Mayo, Nelson Nuevo Diccionario Ilustrado De La Biblia, electronic ed. (Nashville: Editorial Caribe, 2000, c1998). La numeración fue añadida para esta reflexión.

[2] Ibid.

[3]J.D. Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico: Primera Edición (Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas, 2000).

[4] Salmos 91:11 NVI

[5] Colportor Evangélico, capítulo 17

[6] J.D. Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico

[7] Mensajes Selectos, T3, capítulo 57

[8] Deseado de todas la Gentes, 207

EL BUEN PASTOR

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Juan 10:11 NVI)

Una de las comparaciones más acertadas que se aplica a Jesús es la de pastor. Para entender la dimensión de esta comparación, es necesario ubicarnos en el contexto del apóstol Juan y entender quién era un pastor y que hacía. Un pastor es el “que atiende a un rebaño de ovejas o de cabras. Se practica desde tiempos antiquísimos… (Gn. 4:2, 30:36). Era éste un oficio muy duro, que exigía mucha dedicación. El pastor disfrutaba de pocas comodidades, pues tenía que dirigir su rebaño desde temprano en la mañana… Para ello iba “delante de ellas”… Esta labor duraba todo el día, al final del cual traía el rebaño de nuevo a un lugar seguro, el redil, que podía consistir en un cerco con palos, piedras o espinas, y se ponía al rebaño dentro. O se aprovechaba alguna desigualdad del terreno, o una cueva. Contaba sus ovejas una a una, usando para ello su vara y luego tenía que velar para defenderlas de los posibles ataques de fieras como lobos, leones, leopardos, osos, etcétera… Generalmente, el pastor se apoyaba en una vara, que le servía como defensa en caso de ataque de fieras… Llevaba consigo una bolsa o zurrón, en la cual guardaba algunos alimentos para las largas jornadas de pastoreo… una honda, que era otro de los implementos usuales en el oficio de pastor…”.[1] En palabras sencillas, el oficio de pastor requería un cuidado abnegado por las ovejas. Con razón el discípulo amado pudo resumir todo esto en las palabras de Jesús: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas”. Porque ser pastor requería un sacrificio total, inclusive por encima de la satisfacción personal.

El aspecto que implicaba proveer, proteger y cuidar por el rebaño débil contribuyó al uso figurativo de “pastor” para los gobernantes del pueblo en el Cercano Oriente antiguo. En las Escrituras este uso figurativo se aplica a Dios, en dos sentidos principales: (1) su ilimitada soberanía sobre su pueblo considerado su rebaño; y (2) su tierno y extensivo cuidado de ellos.[2] Entonces, al traspasar el liderazgo a los dirigentes de su pueblo en la tierra, la metáfora del pastoreo también se aplica a ellos. El profeta Jeremías expresa ese deseo: “Les daré pastores que cumplan mi voluntad, para que los guíen con sabiduría y entendimiento”.[3] Quiere decir, que el llamado que hace la iglesia de Dios para constituirse en un pastor, es un encargo divino. Además, constituirse en pastor, resalta dos aspectos ineludibles. Primero, ser pastor es un privilegio porque Jesús lo fue, y lo reemplazamos, hasta su retorno; segundo, es un sacrificio abnegado, porque Jesús pedirá cuentas de sus ovejas. Una escritora cristiana comenta sobre esto: “Un verdadero pastor conoce a las ovejas más necesitadas, las lastimadas, perniquebradas y débiles; se compadece de ellas y las ayuda. ‘Como pastor apacentará su rebaño'”.[4]

Mientras escribía esta reflexión, he tenido pausas más largas de lo habitual, por segundos me he perdido en mis pensamientos y recuerdos, porque por la gracia de Dios soy un pastor. He reflexionado en el privilegio que el cielo me concede, aun cuando no lo merezca. No he dejado de reconocer que es una tarea delicada, con consecuencias eternas, de la cual el Señor me pedirá cuentas. Asimismo, no puedo negar que es una tarea ardua, que requiere sacrificios extremos, y situaciones que no se comprenden. Quizás, pueda escribir muchas cosas más de los sentimientos de un pastor, pero sé que solamente otro pastor entendería todo lo que pretenda explicar. Pero, solo puedo decir con seguridad, que si eres pastor, como yo, goza de ese privilegio y haz todo para agradar a aquel que te llamó.

Apreciado colega pastor, donde te encuentres, en tu oficina, en tu sala de poder, en el púlpito, dirigiendo una junta, sosteniendo la mano de un enfermo, secando las lágrimas de tu hijo, consolando a tu esposa, callando frente a las ofensas, orando de madrugada, abriendo la Biblia frente a un incrédulo, escribiendo tus sermones, planchando tu camisa blanca, bautizando en el río, tocando una puerta, pateando una pelota con tus jóvenes, organizando una campaña, enseñando a los líderes, llorando en silencio, gozando por los milagros… Felicidades en el día del pastor… ahora, ¡detente un momento, desata la corbata,  respira hondo, mira al cielo y agradece el llamado que Dios te hizo!, porque estoy seguro que “Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes”.[5]

¡A mis amigos!, si conoces a un pastor, en una de tus oraciones acuérdate de él, pide por su familia, y ruega que el Señor los guarde de todo mal.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia (800–801). Miami: Editorial Unilit.

[2] LBLA Indice De Topicos, electronic ed. (La Habra, CA: Foundation Publications, Inc., 2000).

[3] Jeremías 3:15 NVI

[4] A fin de conocerle, 16 de febrero

[5] 2 Corintios 9:8 NVI

CUAN GRANDE ES DIOS

“Proclamaré el nombre del SEÑOR. ¡Alaben la grandeza de nuestro Dios!” (Deuteronomio 32:3 NVI)

En la cima de una montaña, en medio de la ciudad de Cochabamba se encuentra una estatua gigantesca que es conocida como el Cristo de la Concordia. Esta “colosal estatua de Jesucristo”, “se encuentra sobre el cerro de San Pedro en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, a una altura de 265 m sobre la ciudad. La estatua mide 34,20 metros de altura, sobre un pedestal de 6,24 metros, con una altura total de 40,44. La estatua es ligeramente más grande que la estatua de Cristo Rey en Swiebodzin Polonia (si los dos metros de la corona no cuentan) y que la estatua de Cristo Redentor en Río de Janeiro, lo que la convierte en la estatua de Jesús más grande del mundo”,[1] además es la “estatua más grande de cualquier tipo del hemisferio sur”.[2]Se puede llegar al Cristo de la Concordia caminando por las gradas, que tiene 1.399 escalones, mediante un teleférico o movilidades de servicio público como taxis o autobuses.

Tuve la dicha de conocer esos lugares, porque la universidad donde hice el pre-grado quedaba en esa ciudad boliviana. Muchas veces subí por esas interminables gradas hasta la cima de montaña y con el Cristo de la Concordia a mi espalda, observaba la bonita ciudad cochabambina. Puedo dar fe que esa estatua es enorme, cuando uno llega frente a ella queda asombrado y hasta temeroso. Es tan grande que uno puede llegar a subir hasta los brazos de la estatua y observar la ciudad a través de unas pequeñas ventanitas que tiene por todo lado. Sin embargo, ni esa estatua inmensa, ni otras en el mundo, pueden siquiera intentar asemejarse a la grandeza de Dios. El primer versículo de la Biblia deja asentado la grandeza y poder incalculable de Dios: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra”,[3] porque Elohim (Dios), “denota la grandeza y supremacía ilimitadas de Dios”,[4] con razón el rey Salomón, con corazón humillado exclamó: “Pero ¿será posible que tú, Dios mío, habites en la tierra con la humanidad? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!”.[5] Su padre David, ya había exclamado admirado: “Grande es el SEÑOR, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable”,[6] “¡Qué grande eres, SEÑOR omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay nadie como tú, y que aparte de ti no hay Dios”,[7] y Job complementa: “Si de fuerza se trata, ¡él es más poderoso! Si es cuestión de juicio, ¿quién lo hará comparecer?”.[8] En resumen, la grandeza y poder de Dios no tiene comparación.

Sin embargo, son muchas las personas que no confían en su poder, ignoran su grandeza y viven vidas vacías y sin sentido. Tantas veces he escuchado la frase: “Nadie me puede ayudar, si Ud. supiera lo que hice me entendería”. Y han sido tantas veces también, que he repetido: “quizás no conozca tu problema, pero conozco un Dios inmenso que puede solucionarlo”.

Mi amigo (a) ¿Cuál es tu problema?, ¿piensas que nadie puede ayudarte?; ¿cuál es tu sueño?, ¿piensas que es tan grande que nunca lo alcanzarás? ¡Confía en Dios!, nada se compara con su poder, Él dice y así se hace. El Dios de la Biblia, es el Dios de los imposibles, ¿hay algo imposible para ti?… si lo hay, Dios ya tiene la solución, esta es la garantía “—Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, más para Dios todo es posible”.[9]

¿Porque no dejas que Jesús intervenga en tu vida y se encargue de tus imposibles?, hoy puedes ser testigo de la grandeza de Dios. ¡Pídele en oración que tome tu vida!

Pr. Joe Saavedra

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[2] Ibid

[3] Génesis 1:1 NVI

[4] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (59). Miami: Editorial Unilit.

[5] 2 Crónicas 6:18 NVI

[6] Salmos 145:3 NVI

[7] 2 Samuel 7:22 NVI

[8]  Job 9:19 NVI

[9]Mateo 19:26 NVI

¡NO ENTIENDO!

“Lo secreto le pertenece al SEÑOR nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29 NVI)

Hay situaciones en la vida que definitivamente no comprenderemos. Por ser pastor, me han contado tantas cosas, y en muchos casos, me han dicho: “¿por qué pastor?, no lo entiendo”. Y la verdad es que yo tampoco lo comprendía, ni tenía respuesta alguna. Asimismo, muchas veces he podido ver que las personas en su afán desenfrenado por encontrar respuestas, alteran su salud emocional, y en otras por calmar sus ansiedades, toman decisiones equivocadas.

Van pasando los años, y he podido aprender que cuando nos enfrentamos a un dilema sin respuesta, es mejor no buscar más, sino quedarse en silencio y esperar en el Señor. El líder Moisés, se topó con muchas interrogantes, quizás muchos de ellos sin respuesta para el experimentado líder, pero éste los llevó a obedecer y confiar en el Señor. Él escribió en Deuteronomio 29: “De esta manera confirma hoy que ustedes son su pueblo, y que él es su Dios, según lo prometió y juró a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob”,[1] y esa es la garantía que debe motivarnos a seguir caminando en medio de las preguntas sin respuestas.

Debemos confiar en el Señor, muy a parte que nos responda todo, sino porque Él sabe lo que es mejor para nosotros. El capítulo en mención termina: “Lo secreto le pertenece al SEÑOR nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley”, y es un llamado para su pueblo “a obedecer la voluntad de Dios así como él había revelado por medio de Moisés”. [2] Hay muchas cosas que han pasado y otras que “sucederán en el futuro y que solamente Dios conoce. Pero él había revelado su voluntad para guiar la vida religiosa y comunitaria de Israel en el presente. Israel no tenía que preocuparse con los secretos de Dios. Lo que Israel necesitaba para vivir una vida feliz, Dios lo había revelado por medio de Moisés. La bendición de la obediencia y la consecuencia de la desobediencia son incentivos para ayudar a Israel a obedecer las palabras de la ley”.[3]

De la misma forma, el apóstol Pablo en el capítulo 11, cuando menciona lo que pasará con Israel, nos insta a no desesperarnos por encontrar respuestas, sino a confiar en el Señor, porque: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! ¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague? Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre!”.[4] En ese contexto, se no insta a mirar para aquello “que Dios ha dado a conocer. Él no ha retenido nada que sea provechoso para nosotros, sino sólo lo que es bueno que ignoremos. El fin de toda revelación divina no es darnos temas curiosos de especulación y discusión, sino que podamos hacer todas las palabras de esta ley y ser bendecidos en nuestro obrar. La Biblia revela claramente esto; más allá de esto no pueden ir provechosamente los hombres. Por esta luz uno puede vivir y morir cómodamente y ser feliz para siempre”.[5]

Mi amigo (a), ¿existen cosas misteriosas en tu vida?, ¿situaciones que no entiendes?, ¿hay episodios en tu vida que te llevan a dudar de la presencia de Dios? No te enfermes por responderlas, ni tomes decisiones equivocadas por olvidarlas, más bien agárrate de Dios, confía en Él, y en sus promesas reveladas en la Biblia. Tenía razón David cuando presenta a un Dios Protector, en vez de un Dios que responde todo: “El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias”.[6]

¿Quieres confiar en la sabiduría de Dios?, confirma tu decisión con una oración, en donde te encuentres y en este mismo momento.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Deuteronomio 29:13 NVI

[2] Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. (1993-). Comentario bı́blico mundo hispano Levitico, Numeros, y Deuteronomio (1. ed.) (526). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

[3] Ibid.

[4] Romamos 11:33-36 NVI

[5] Henry, M. (2003). Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo (183). Miami: Editorial Unilit.

[6] Salmos 28:7 NVI

LA MAYOR RIQUEZA

“En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia” (Efesios 1:7 NVI)

La revista “Astrophysical Journal Letters”, publicará la investigación de un equipo de investigadores estadounidenses y franceses que descubrieron un planeta el doble de grande que la Tierra y compuesto en su mayoría por diamante. El planeta rocoso, llamado “55 Cancrie”, orbita en torno a una estrella similar al Sol en la constelación de Cáncer, y se mueve tan deprisa que un año allí dura apenas 18 horas. El radio de este planeta es el doble del de la Tierra, pero es mucho más denso y su masa es ocho veces mayor. También está muy caliente, con temperaturas en la superficie de hasta 1.648 grados centígrados.[1]

Los investigadores principales de este estudio, Nikku Madhusudhan, de la Universidad  de Yale (USA) y Olivier Mousis, del Instituto de Recherche en Astrophysique et Planetologie en Toulouse (Francia), estiman que al menos un tercio de la masa del cuerpo celeste, una masa equivalente a unas tres Tierras, podría ser de diamante.

¿Te imaginas un planeta donde en cada esquina podrías patear diamantes como si fueran piedras?, o mejor dicho, ¿te imaginas nuestro planeta Tierra rodeado de montañas de diamantes? Quizás pocos serían los afortunados de poder apreciar tanta belleza, porque el humano corazón, lleno de codicia, habría hecho todo, para desaparecerlo; o en otro caso, los habitantes de la tierra estarían en constante guerra por apropiarse de esas piedras preciosas, porque cuanto añora el ser humano por acumular muchas riquezas. Jesús en su paso por la tierra, ya había desenmascarado el deseo humano de obtener bienes materiales a toda costa, porque dijo: “—Resulta que ustedes los fariseos —les dijo el Señor—, limpian el vaso y el plato por fuera, pero por dentro están ustedes llenos de codicia y de maldad”.[2]

Las riquezas no dejan de ser importantes, facilitan muchas cosas y son de mucha bendición cuando la persona que la posee, la utiliza con un espíritu de servicio y gratitud a Dios que la da. Sin embargo, en un mundo egoísta, las riquezas no satisfacen en absoluto, más bien engendran más codicia y maldad. Codicia, porque se busca más riquezas incansablemente, y maldad, porque no importa nada ni nadie, con tal  de poseerla; además, genera envidia en la gente que no tiene y miedo en la que tiene más. Salomón completa la idea al señalar que la riqueza no trae seguridad, más bien zozobra: “Ciudad amurallada es la riqueza para el rico, y éste cree que sus muros son inexpugnables”.[3]

No obstante, por encima de todo, existe una riqueza que si satisface, que trae felicidad y llena la vida de esperanza. Pablo la menciona: “Las riquezas de su gracia”. Entendí un poco más de esta riqueza, esta misma mañana al entrar a un taller de autos. Estaba con un buen amigo, líder de una iglesia, me acompañaba porque él sabía mucho de autos y el mío necesitaba unos arreglos. Allí en medio de autos, y de gente que no conocía “las riquezas de la gracia” de Dios, nos topamos con un mundo que vive entre malas palabras, gestos obscenos y prácticas que no van con un cristiano. Allí mi amigo me hizo la siguiente pregunta: “pastor ¿qué sería de nosotros si la gracia de Dios no nos hubiera encontrado?, aunque no me dio tiempo de responder porque con un suspiro profundo afirmó: “alabado sea en nombre de Dios porque su gracia me ha encontrado y lo atractivo del mundo no significa nada para mí”. Esa frase me marcó, no respondí nada más, ese simple hermano, me hizo entender un poco más de la verdadera riqueza que Dios nos ha dado: “su gracia”.

Mi apreciado amigo (a), por gracia de Dios vivimos, por gracia nos movemos y solo por esa gracia podemos ser salvos. Alabemos al Señor, porque podemos llegar a ser verdaderamente ricos, viviendo en paz y gozando del perdón del cielo. Con razón el mismo Jesús dijo que no acumulemos riquezas que el moho y la polilla lo desaparecen, porque existe un verdadero tesoro en la gracia de Dios. Si la buscamos, la obtendremos y diremos como Salomón: “Mi fruto es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada. “Voy por el camino de la rectitud, por los senderos de la justicia, enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros”.[4]

¿Desearías obtener las riquezas de la gracia de Dios?, entonces pídelo a través de una oración, en el lugar que te encuentras y en este instante.

Pr. Joe Saavedra

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BARANDA DE VIDA

“Cuando edifiques una casa nueva, construye una baranda alrededor de la azotea, no sea que alguien se caiga de allí y sobre tu familia recaiga la culpa de su muerte” (Deuteronomio 22:8 NVI)

Una baranda en un balcón, o alrededor de una escalera elevada, es necesaria para evitar caídas, que pueden causar contusiones, fracturas y hasta muerte. Las caídas se producen por descuido o pérdida del equilibrio. Cuantas veces una baranda ha evitado que caigamos y nos lastimemos. De igual forma, en la vida necesitamos algunas barandas que protejan nuestra vida de caídas fatales. Del mismo modo, al pasar por este mundo, nos vamos a encontrar con  baches, huecos profundos y precipicios peligrosos,  cualquier momento podemos caer. El rey David sabía de los peligros de este mundo por eso escribió: “Yo estuve a punto de caer, y poco me faltó para que resbalara”.[1]

En este texto la palabra “baranda” viene del hebreo mǎ∙ʿǎqě que está en relación a una barrera o un muro pequeño que protege de las caídas.[2] Estas barreras son vitales para mantener nuestra vida a salvo, sin golpes o heridas mortales. El sabio Salomón mencionó una de las principales barreras que mantienen al hombre sin caída: “Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse”,[3] y este comentario está en relación a la barrera que menciona al texto de reflexión de hoy.

Salomón compara al “dominio propio”, con las murallas que mantenían a salvo a una ciudad. Sin murallas una ciudad y sus habitantes estaban a merced de cualquier ejército invasor. La esclavitud, las lágrimas y la muerte estaban a una “muralla” de distancia de la gente que deseaba vivir seguro. Las murallas protegían, daban seguridad e identidad a la gente que estaba dentro de ellas. De igual forma, una vida segura, limpias y libre de caídas  mortales, está rodeada de murallas de “dominio propio”.

Entendemos como “dominio propio”, al “control sobre uno mismo”,[4] la palabra griega más común para este término es “enkrateia”, y también puede ser traducido como «templanza» o “autocontrol”.  Hace un mes atrás una señora me buscó y me hizo una pregunta complicada: “pastor, ¿es normal que los hombres casados tengan de vez en cuando una aventura amorosa?, porque mi esposo me ha dicho que los hombres son así, y las tentaciones son fuertes”. Mientras ordenaba mis ideas para dar una respuesta adecuada, me acordé de la “baranda” y “murallas” que protegen de las caídas. Por supuesto que el hombre es débil, con una tendencia pecaminosa, y que este mundo presenta tentaciones fuertes, pero Dios para mantenernos a salvos nos ha dejado una “barrera”, una “baranda”, como murallas para poder resistir lo que es irresistible: “dominio propio”, fuerza de voluntad, autocontrol. Los hombres sin dominio propio son débiles, pero con ese don son fuertes frente a las tentaciones.

Ningún ejército conquistará tu casa, ningún mal llegará a tu vida, si construyes una “baranda” alrededor tuyo. Y esa muralla de protección es fruto del Espíritu,[5]porque ese don viene del cielo. Dios ha colocado murallas para proteger tu vida, “porque el SEÑOR estará siempre a tu lado y te librará de caer en la trampa”.[6] Y la condición es esta: “Ya que has puesto al SEÑOR por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar”.[7] Cómo dijo David, “Él es nuestro amparo, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

Mi amigo (a), es fácil caer sin barandas de protección. Construye barreras alrededor de tu vida, protégete contra “ejércitos” de tentaciones con fuertes murallas, Dios está interesado en proporcionarte todo lo que necesitas. Con murallas alrededor de tu vida, “podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará”.[8]

Confirma tu deseo de levantar “murallas” alrededor de tu vida con una oración de compromiso, hazlo donde te encuentres y en este instante.

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Salmos 73:2 NVI

[2] Swanson, J. (1997). Diccionario de los idiomas bíblicos con dominios semánticos: hebreo (Antiguo Testamento) (electronic ed. ). Oak Harbor: logotipos Investigación Systems, Inc.

[3] Proverbios 25:28 NVI

[4] Edman, V. (2006). DOMINIO PROPIO. In E. F. Harrison, G. W. Bromiley & C. F. H. Henry (Eds.), Diccionario de Teología (E. F. Harrison, G. W. Bromiley & C. F. H. Henry, Ed.) (192). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

[5] Gálatas 5:23

[6] Proverbios 3:26 NVI

[7] Salmos 91:9,10

[8] Salmos 91:7 NVI