CARA A CARA

“Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente” (Apocalipsis 22:3,4 NVI)

Imagínese por un momento que usted recibe una invitación para visitar la casa de gobierno de su país. Si tienes una familia, todos los miembros de ella están invitados. El mismo presidente de tu nación te ha pasado el convite, y te espera el próximo fin de semana. ¿Qué harías?, recuerda que te vas encontrar cara a cara con tu presidente, con la primera dama y los hijos de estos.  Y hablando de tu familia ¿se comportarían bien tus hijos? Creo que a partir de ese momento empezarían unos días de preparación y tensión por la espera.Saber-Esperar

En los Estados Unidos, el presidente y su familia, tienen la costumbre de invitar a ciudadanos de todos los niveles sociales a pasar una velada con ellos en la Casa Blanca, y muchos de los invitados se preocupan porque quieren dejar una buena impresión a la familia presidencial. Para aprender a estar cara a cara con el presidente de los Estados Unidos recurren a Crystal L. Bailey, una empleada del Departamento de Justicia que en las tardes dicta clases privadas de etiqueta, especialmente a los hijos de la élite de la capital de Estados Unidos.

Ya sea en casas, en restaurantes o incluso en hoteles como el pomposo Ritz Carlton, Bailey se dedica a enseñarles a los pequeños -que tienen desde 3 años en adelante- todas las reglas básicas de comportamiento para que dejen la mejor impresión (de ellos y de sus padres) si se topan con alguna figura relevante del mundo político y empresarial de Washington.

Esas reglas incluyen desde elementos básicos como un apretón de manos perfecto hasta temas un poco más complejos como los pasos para doblar una servilleta de tela o la etiqueta necesaria para tomar té y comer galletas en vajilla de porcelana. La sesión se llama una “Clase de Etiqueta para Jóvenes Diplomáticos: Una tarde de elegancia”.[1]

joaoEl curso comienza con una lección para presentarse: no sólo qué decir de ellos mismos, sino cómo convencer con la mirada, cómo mantener la postura y cómo apretar la mano con la intensidad perfecta, sin que sea demasiado fuerte ni demasiado suave. Todos se sientan y Miss Bailey distribuye unos cartones de bingo. Es hora de aprender, con un juego, los modales en la mesa: por qué es importante quitarse el sombrero a la hora de cenar, cómo doblar la servilleta de tela en el regazo o a qué volumen poner la música que ambientará la velada. Los niños reciben, entonces, una vajilla de porcelana, que deben ubicar adecuadamente sobre la mesa, con la cantidad ideal de cubiertos de plata y una servilleta que aprenden a doblar en forma de cono de helado. Luego, con la mesa puesta, reciben indicaciones sobre cómo servir el té sin hacer ruido, cómo tomar la taza sin levantar el meñique -algo que creen es señal de elegancia hasta que Crystal los corrige- y hasta cómo comenzar charlas triviales mientras disfrutan del té. “Uno no se imaginaría a los niños sentados alrededor de la mesa tomando té”, dice Crystal, “pero muchas de estas personas están en circunstancias únicas, así que es importante que tengan buena etiqueta”.[2]

Las clases de Bailey no son las únicas lecciones de etiqueta que se ofrece en Washington y sus lecciones tampoco son exclusivas para el mundo político y empresarial. En la capital de los Estados Unidos varios profesionales de etiqueta ofrecen sus servicios para enseñar a los ciudadanos a comportarse de la mejor manera cuando se van a encontrar a cara a cara con una personalidad importante.

0603066Si las personas se preparan con anticipación, gastan dinero y tiempo para estar listos para un encuentro con personas importantes, pero simples seres humanos, ¡cuanto más nosotros deberíamos prepararnos para encontrarnos cara a cara con el  gobernante más poderoso del Universo, Jesucristo! Él te hace una invitación no solo a cenar una noche, sino a vivir en su casa, y no solo te espera sino que viene a recogerte. Lee la invitación que te hace: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté”.[3]

Con razón el mismo Juan, autor del evangelio que lleva su nombre, y donde está escrito la invitación que leímos, en otro de sus libros, el Apocalipsis, reitera con más detalles la invitación que tenemos para ver cara a cara a nuestro Dios: “Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes; y las hojas del árbol son para la salud de las naciones. Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos. El ángel me dijo: «Estas palabras son verdaderas y dignas de confianza. El Señor, el Dios que inspira a los profetas, ha enviado a su ángel para mostrar a sus siervos lo que tiene que suceder sin demora»”.[4] ¡Amén!,  el día de la invitación está cerca, no demora, tenemos que estar listos.0508062X2

Mi amigo (a), la invitación del Señor está en tus manos, el día de verlo  cara a cara está cerca, ¿qué estás haciendo para que ese día no te llegue de sorpresa? Si lo humanos se preparan para ver a otros humanos, ¿cuánto más nosotros deberíamos prepararnos para que ese día sea de bendición y recompensas prometidas? Hagamos caso al apóstol Santiago que nos dice: “Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca”.[5] Mi casa y yo hemos decido prepararnos ¿y tú?////.

joe  firma 3

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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