UN HOGAR

“En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.” (Juan 14.2, NVI)

sin hogar 2En los últimos años se han producido muchas guerras internas y externas en diferentes partes del globo que los datos entregados por Naciones Unidas esta última semana, da cuenta que “51,2 millones de personas tuvieron que dejar sus hogares para huir de distintos conflictos alrededor del mundo en 2013”.[1] “Esa cifra es superior a los que causó el mayor conflicto bélico de la historia: la Segunda Guerra Mundial. Además, en el último año se registró un aumento de seis millones de refugiados en comparación con los datos de 2012 y se estima que existen 33 millones de personas desplazadas en el mundo”.[2] Los dos países con mayor número de personas que huyen y dejan su hogar son Siria y Afganistan. En el primero se “estiman que hay 6,5 millones de desplazados. La batalla que se libra en el país árabe ha obligado al desarraigo continuo de muchas familias, que deben trasladarse a menudo para evitar la violencia”.[3] El segundo, y más afectado “por la problemática de los refugiados continúa siendo Afganistán con 2,5 millones de personas viviendo en los campos construidos por Naciones Unidas para proteger a las personas que huyen de la guerra”.[4]

Pero más allá de los datos alarmantes, la verdad es que ninguna organización humanitaria, ni ningún país pueden controlar este problema, mucho menos solucionarla, a lo menos pueden abastecer de alimento y agua, y una carpa para abrigarse en algún desolado desierto. Esto quiere decir que millones de personas no tienen un hogar, andan buscando uno seguro y feliz.

Jesús afirmó: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a 0508062X2prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté”.[5]Entonces nosotros tampoco tenemos un hogar, estamos de paso morando en un lugar temporal, que no es el nuestro, porque el que nos pertenece es seguro y es feliz. Con razón, por lo menos siete veces en el libro de Apocalipsis,[6] Jesús nos motiva a no desfallecer, nos exhorta a que no dejemos que el polvo de la mundanalidad se pegue a nuestro ser, ni el vaivén del agitado mundo de los negocios nos haga sordos a esa voz que se levanta y que dice “miren que vengo pronto” y “traigo conmigo mi recompensa”,[7] que incluye un hogar definitivo, por eso menciona: “Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad”.[8]

Hace algún tiempo atrás estaba aprovechando mi estadía en una ciudad grande, en un país vecino al mío, para conocerla una poco más. Durante la tarde disfruté de sus parajes hermosos y la calidez de su gente. Al finalizar el día decidimos terminar el paseo en la plaza central de esa ciudad. Mientras tomaba algunas fotos de esa fastuosa plaza, rodeada de casonas virreinales, un movimiento de gente me llamó la atención. Decenas de personas llegaban con cartones y algunas mantas y se colocaban alrededor de la plaza. Tuve que preguntar a mis acompañantes de que se trataba todo eso, y recibí de respuesta esto: “son personas sin hogar, que buscan un lugar para pasar la noche, y debajo de estos techos se protegen de la lluvia y están seguros”. De la misma forma, “durante mucho tiempo hemos esperado el regreso de nuestro Salvador. Pero no por eso la promesa es menos segura. Pronto nos encontraremos en nuestro hogar prometido. Allá Jesús nos guiará junto a las aguas vivas que fluyen del trono de Dios, y nos explicará las enigmáticas disposiciones a través de las cuales nos guió con el fin de perfeccionar nuestros caracteres. Allí veremos en todas partes los hermosos árboles del paraíso, y en medio de ellos contemplaremos el árbol de la vida. Allí veremos con una visión perfecta las hermosuras del Edén restaurado. 0505035Allí arrojaremos a los pies de nuestro Redentor las coronas que él había colocado en nuestras cabezas, y, pulsando nuestras arpas doradas, ofreceremos alabanza y agradecimiento a aquel que está sentado sobre el trono”.[9]

Mi amigo (a), esta promesa sale de la boca que jamás habló mentira: “En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar… ¡vengo en breve!”… ¡Amén!////.

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[1] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/06/140620_internacional_refugiados_millones_mundo_amv.shtml

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Juan 14.1-3 NVI

[6] Apocalipsis 2:5, 16; 3:11; 22:7, 12, 20

[7] Apocalipsis 22:12 NVI

[8] Apocalipsis 22:14 NVI

[9] Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, ed. Aldo D. Orrego, Segunda edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 222.

 

CICATRICES

“Por lo demás, que nadie me cause más problemas, porque yo llevo en el cuerpo las cicatrices de Jesús.” (Gálatas 6.17, NVI)

cicatricesLa escarificación, “es la acción de producirse escaras en la piel. Las escaras son cicatrices producidas por cortes superficiales o profundos en la dermis. Estas heridas producen una costra que por lo general es de color oscuro, resultante de la muerte de tejido vivo”.[1] Estos cortes superficiales en la piel, son hechos con fines rituales, y ha sido utilizados durante muchos siglos en partes de África para indicar la herencia tribal de una persona. Además, en algunos pueblos africanos, las mujeres consideran la escarificación como una forma de belleza y en los hombres se ve como un símbolo de fortaleza. Sin embargo, este procedimiento no solo lo encontramos en África, “también lo practican algunas culturas americanas, como los mayas, los huastecas o los chichimecas”.[2]

Actualmente, esta tradición se ha vuelto menos frecuente, algunos la definen como un procedimiento cruel que atentan contra los derechos especialmente de los niños. No obstante, todavía hay gente que práctica este rito físico y espiritual, y quiere llevar las marcas de sus ancestros, y resaltar sus creencias religiosas.

El apóstol Pablo podía ver en su cuerpo cicatrices que le recordaban a quien seguía y servía, él mismo contó que su ministerio estuvo mezclado con momento que lo marcaron guerrero_luz2física y emocionalmente: “Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos”.[3] Pablo era un seguidor de Cristo y sus cicatrices probaban la lealtad incondicional con aquel que lo llamó a su servicio.

En nuestro texto de estudio, la palabra griega “stigma”, puede ser traducido como “marca, cicatriz”, o “sello que indica propiedad”.[4]

Por lo tanto, nosotros también somos llamados a llevar cicatrices, marcas que resalten nuestros principios de vida. Nuestra forma de vivir y actuar deberían llevar a una persona a decir: “Acá viene un cristiano”. No deberíamos pasar desapercibidos en medio de las multitudes, ni ser confundidos con los que practican las obras comunes del mundo, más bien, nuestras marcas tienen que  mostrar a quién servimos.

Quizás estas marcas no sean cómo la del apóstol Pablo, pero así como una cicatriz resalta sobre el cuerpo de una persona, nuestras prácticas cristianas y nuestra fe deberían ser tan marcadas, que las personas puedan verlos claramente y saber cómo vivimos y a quién pertenecemos.

Por eso, mi hermano (a) en la fe, que nuestra vida esté marcada por cicatrices que muestren claramente la forma en que vivimos y que presenten a Cristo cómo Salvador y Redentor, porque “en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios: en sufrimientos, privaciones y angustias; en azotes, cárceles y tumultos; en trabajos pesados, desvelos y hambre. Servimos con pureza, conocimiento, constancia y bondad; en el Espíritu Santo y en amor sincero; con palabras de verdad y con el poder de Dios; con armas de justicia, spiritfilledtanto ofensivas como defensivas; por honra y por deshonra, por mala y por buena fama; veraces, pero tenidos por engañadores; conocidos, pero tenidos por desconocidos; como moribundos, pero aún con vida; golpeados, pero no muertos; aparentemente tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo”.[5] De esta forma, podremos decir: “Por lo demás, que nadie me cause más problemas, porque yo llevo en el cuerpo las cicatrices de Jesús”. ¡Amén!////.

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[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Escarificaci%C3%B3n_(incisi%C3%B3n)

[2] Ibid.

[3]2 Corintios 11.24–26, NVI

[4]Alfred E. Tuggy, Lexico griego-español del Nuevo Testamento (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2003), 884.

[5] 2 Corintios 6.4–10, NVI

SANGRE QUE SALVA

“Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!” (Hebreos 9.14, NVI)

SANGREDe acuerdo a la Organización Mundial de Salud (OMS), “tres países de Latinoamérica tienen un récord que muchos consideran vital para la salud de sus ciudadanos: donar sangre voluntariamente”.[1] “Argentina, Brasil y Colombia encabezan la lista de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de unidades de sangre recolectada voluntariamente en la región —es decir, sin dinero de por medio—-, que, en Latinoamérica, suman 3,8 millones de unidades”.[2] Asimismo, y es una buena noticia, “esta cantidad puede salvar casi 12 millones de vidas, tres por cada donación, según los expertos”,[3] aunque todavía las entidades recolectoras no han podido alcanzar sus blancos propuestos.

Sin embargo, al hacer de estos datos una ilustración en el plano de la fe, podemos afirmar que hay un donante, cuya sangre donada es suficiente para salvar a todo el mundo, Cristo Jesús. Porque si algunas acciones humanas pueden llevar esperanza, “cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente”.

La sangre, definida puntualmente, es un líquido rojo y espeso que, al circular por las venas y arterias, mantiene en funcionamiento el corazón y demás órganos vitales del cuerpo. No obstante, en “las Sagradas Escrituras, se asocia la sangre a la vida y a la purificación de pecados. Sin derramamiento de sangre, afirma el autor sagrado, no hay remisión de Sangre de Jesuspecados.[4] Como el Cordero de Dios, derramó Jesucristo su sangre en la cruz para limpiarnos de todo el pecado.[5] La sangre de Cristo tiene este alcance redentor y purificador en virtud de las siguientes propiedades: es pura, inocente, representa el misterio de la encarnación y es la demostración máxima del amor de Dios a la humanidad”.[6]

Es decir, el pecado corrompió, distorsionó y enfermó la naturaleza limpia, sana y pura con la cual Dios creó al ser humano. En ese estado de contaminación, un final fúnebre es inevitable, “porque la paga del pecado es muerte”.[7] Pero, las Escrituras también afirman que hay esperanza de vida en Jesucristo, porque “tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.[8] Y el antídoto para un cuerpo contaminado y enfermo por el pecado, es la sangre vivificadora de Cristo Jesús. Porque la “eliminación de esta contaminación no la puede lograr la muerte de ningún animal. Ningún sacrificio del Antiguo Testamento pudo quitar este nivel del problema. En cambio, volvamos a escuchar las gloriosas palabras de Juan el Bautista: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. O de Juan el Evangelista: La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Sin duda, somos incapaces de captar toda la lógica y justicia de este sacrificio. Algunas de sus dimensiones se nos escapan, perdidas en la lejanía de la eternidad. Pero, a fin de cuentas, es mucho menos importante entender todos los matices acerca de cómo funciona, que someternos a la limpieza que nos proporciona. Finalmente, no es cuestión de entender, sino de creer lo que Dios dice. Y lo que nos dice aquí es que, a los que creen en Él, Jesucristo, por su sacrificio, les limpia las conciencias de obras muertas”.[9]

Mi amigo (a) la verdad es que la ruta trágica y final del ser humano está trazada, porque por sus venas corre sangre vivalavidaju9contaminada y de muerte, pero la seguridad de salir librados de toda condenación mortal descansa en aquel que no se contaminó. Necesitamos con urgencia una transfusión de sangre limpia, y la encontramos en los brazos de Jesús, porque el “que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida”.[10]

Finalmente, quizás todas estas ilustraciones o argumentos teológicos sobre la sangre salvadora de Cristo, pueden ser complicados de explicar y de entender, sin embargo, lo sencillo es que creas en Cristo, lo aceptes cómo Salvador y te propongas hacer su voluntad. ¿Qué piensas?////.

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[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/13/actualidad/1402686833_640494.html

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] “De hecho, la ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón.” (Hebreos 9.22, NVI)

[5] “Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1.7, NVI)

[6] Claudionor Corrêa de Andrade, Diccionario Teológico: Con un Suplemento Biográfico de los Grandes Teólogos y Pensadores (Miami, FL: Patmos, 2002), 273.

[7] Romanos 6.23

[8] Juan 3.16 NVI

[9] David F. Burt, Mediador de un mejor pacto, Hebreos 7:1–9:22, vol. 133, Comentario Ampliado del Nuevo Testamento (Terrassa (Barcelona): Editorial CLIE, 1994), 250–251.

[10] 1 Juan 5.12 NVI

 

NOS SOSTIENE

“Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: ‘No temas, yo te ayudaré’” (Isaías 41.13, NVI)

candados 2Millones de parejas visitan París cada año, algunas la consideran la capital mundial del amor. Como trayecto romántico obligado es caminar a la orilla del río Sena. Muchos de ellos llegan al Puente de las Artes para colocar en sus parapetos un candado, cómo símbolo de un amor que no se acabará. El candado lleva escrito los nombres de la pareja. Luego arrojan la llave a las aguas del río como rito de un amor que será eterno. Esta costumbre es tan popular, que de todas partes del mundo llegan las parejas para hacer ese “rito de amor” y el puente ya está cubierto totalmente con candados.

Sin embargo, las autoridades de París, ya no ven con mucho agrado esos gestos de amor, porque el domingo pasado, un “tramo de casi 2,5 metros de barandal del Puente de las Artes, en París, se derrumbó bajo el peso de los llamados candados del amor”.[1] Este derrumbe parcial, está poniendo en sobre aviso que el puente ya no puede sostener todo el peso de los candados, y que ya no soporta ninguna muestra de amor más.candados

Todo lo contrario sucede con nuestro Creador, Él puede sostener todo, por lo mismo nos dice: “Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: ‘No temas, yo te ayudaré’”. No hay carga, problema o confusión que no tenga solución en su presencia, Él lo carga todo, por eso la invitación es clara: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”.[2]

Su amor es tan grande e incomprensible por nosotros que el apóstol Pablo tuvo que escribir el alcance máximo del amor verdadero: “Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.[3] La esencia de Dios es puro amor, nunca da por perdido la vida de una persona, nunca se desanima de intentar llegar al corazón insensible, nunca se rinde por la frialdad y desobediencia de sus criaturas, el “Maestro divino soporta a los que yerran, a pesar de toda su perversidad. Su amor no se enfría; sus esfuerzos para conquistarlos no cesan. manosEspera con los brazos abiertos para dar repetidas veces la bienvenida al extraviado, al rebelde y hasta al apóstata. Su corazón se conmueve con la impotencia del niñito sujeto a un trato rudo. Jamás llega en vano a su oído el clamor del sufrimiento humano. Aunque todos son preciosos a su vista, los caracteres, toscos, sombríos, testarudos, atraen más fuertemente su amor y simpatía, porque va de la causa al efecto. Aquel que es más fácilmente tentado y más inclinado a errar es objeto especial de su solicitud”.[4] Dios todo lo soporta, y su resistencia está garantizada porque “todo lo soportó por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús”.[5]

Mi amigo (a), Dios puede sostener todo, deja todas tus cargas en sus manos, deposita tus penas en sus hombros, descansa en su presencia. Jesús es la garantía de su poder y amor, por eso subió al Calvario para levantar la voz y decir: “—Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí”.[6] ¡Vamos!, ¿qué esperas?////.

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[1] http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2014/06/140609_video_paris_puente_artes_men.shtml

[2] Mateo 11:28 NVI

[3] 1 Corintios 13.7 NVI

[4] Elena G. de White, La educación, ed. Aldo Dante Orrego, Cuarta edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2012), 294.

[5] 2 Timoteo 2.10 NVI

[6] Juan 14.6 NVI

PRÍNCIPES Y PRINCESAS

“Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.” (1 Juan 3.2, NVI)

ServantCrownHablar de príncipes y princesas por estos tiempos, es remontarse a los cuentos medievales o historias llenas de fantasía, sin embargo, en varios países europeos esto todavía es realidad. Por ejemplo en España, Leonor de Borbón y Ortiz, está a punto de convertirse en princesa. Ella pertenece a la familia real española, y es nada menos que la hija mayor de don Felipe y doña Letizia, quienes en pocas semanas se convertirán en los reyes de España. Esta niña de ocho años, “en el momento en que su padre acceda al trono, se convertirá en la heredera y en princesa de Asturias, y cuando cumpla 18 jurará la Constitución como hizo don Felipe. Para todo ello ha comenzado a prepararse”,[1] es decir, ella algún día se convertirá en reina de España, a menos que sus padres tengan un hijo varón, cosa que parece poco probable.

Leonor de Borbón y Ortiz, en pocos días se convertirá en la princesa de Asturias, y heredera de la corona española. Sin embargo, ella no es la única princesa, porque tú y yo somos hijos del Rey de Reyes y Señor de Señores, por lo tanto somos 0505035príncipes y princesas del reino de Dios, y hay más, porque “todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser”, porque somos herederos de una corona incorruptible puesto que reconocemos que nuestro Salvador “nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.[2]

Y si esa niña es parte de la familia real española, que privilegio es saber que nosotros somos parte de la familia real del cielo, que somos un “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”.[3] No somos de cualquier familia, y nuestro valor es incalculable, de tal forma que la Deidad tuvo que valerse de un plan de dimensiones cósmicas para rescatarnos. Por eso, aceptar a Cristo y ser considerados hijos de Dios es la mejor herencia que podemos haber recibido, por eso cómo el apóstol Pablo deberíamos alzar nuestras voces para repetir en adoración: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles”.[4]

belleza-interior

Mi amigo (a), ¡anímate!, ¡levanta la cabeza!, ¡deja de lamentarte!… no eres una persona común, eres hijo de Dios, príncipe o princesa de un nuevo reino. Por lo tanto vive, come, duerme, habla, ama, muere, haz todo como hijo (a) del Rey, destinado (a) para más grandes y mejores cosas, porque de otra manera dice Jesús: “Yo vengo pronto. Retén lo que tienes para que nadie tome tu corona”.[5] ¡Amén!////.

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[1] http://politica.elpais.com/politica/2014/06/03/actualidad/1401820231_896353.html

[2] Apocalipsis 5.10 RV60

[3] 1 Pedro 2.9 NVI

[4] Romanos 1.16 NVI

[5] Apocalipsis 3.11 NVI

UN TÉRMINO GENÉRICO

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12.1, RVA)

atrapadosTodas las empresas tienen el gran sueño de que su marca exclusiva se convierta en un término de uso cotidiano para que se puedan vender en mayores cantidades. Sin embargo, este anhelo no necesariamente puede acarrear éxito, sino por el contrario puede ser una señal de ruina. “Podría parecer como un lapsus lingüístico bastante inocuo confundir una marca registrada con un producto; es más, uno pensaría que sería un honor para la empresa dueña de ese exitoso nombre, pero tanta popularidad también puede ser una señal de que la marca está en los estertores de la muerte”.[1] Piensen por ejemplo en Kleenex, Jacuzzi o Quaker, ¿acaso cuando escuchamos esos nombres no pensamos automáticamente en el “pañuelito de celulosa” para sonarse la nariz, en una “tina de hidromasajes”, o en el cereal del desayuno de mañana?, y ¿se nos viene a la mente la empresa que los representa? Esto significa que ese marca pasó a ser un nombre genérico[2] de un determinado producto, es decir la marca ya no es de la empresa que la comercializa, sino del producto mismo.

Todo esto tiene su origen, “cuando los consumidores interpretan a la marca registrada como el nombre del producto, en lugar de identificarla con su origen exclusivo, esa marca pierde su distintivo. Ahí es donde entran las empresas rivales, listas para aferrarse a ese poderoso nombre para identificarlo con su producto. Y si pueden convencer a las autoridades que protegen la propiedad intelectual de queatrapados 2 tienen el derecho a usar el nombre porque es de uso cotidiano, esa marca registrada está destinada a la morgue -víctima de ‘genericidio’”.[3] Son varias las marcas que ya han pasado por el “genericidio”, por ejemplo, Yoyo, termo y celofán, ya están enterradas, mientras que otras ya están casi en el velorio.

De la misma forma, la empresa del mal, ha logrado que su producto estrella, el pecado, ya no sea el nombre exclusivo de una acción maligna, sino un término genérico de alguna acción más. Pecar ya no es visto como una acción detestable, ni de dolor, de la cual hay que huir, sino más bien se relaciona con actividades cotidianas, naturales, hasta de coraje y modernidad. Cómo las declaraciones de casi todos los medios de comunicación de mi país, cuando un político conocido declaró que practicaba acciones homosexuales, que coincidían en resaltar su valentía y coraje, y hasta lo catapultaban como un ejemplo a seguir. Y si alguna persona se atreve a censurar un acto pecaminoso, entonces es catalogada de retrógrada, anticuado, desfasado y hasta homofóbico. El pecado ya es un término genérico en este mundo.

hide_my_head_by_m_aa_jCon razón decía el apóstol Pablo, que el pecado “tan fácilmente nos enreda”, porque en la cabeza de un ciudadano actual, el pecado se relaciona a lo natural y cotidiano, a lo valiente y a la libertad, no es lo que la Biblia dice. En La Palabra de Dios “son diversos los términos usados en el AT y en el NT para significar «pecado», «iniquidad», «maldad», etc… Es importante tener en cuenta la definición bíblica de pecado: en gr.: anomia, desorden en el sentido de rechazo de la Ley, o de la voluntad, de Dios, iniquidad (1 Jn. 3:4, texto gr.)… En efecto, el pecado no es la mera infracción de la Ley, según este pasaje, sino el rechazo de la voluntad de Dios, el vivir a espaldas de Dios, la disposición mental que lleva al pecador a hacer la propia voluntad en oposición a la de Dios”. [4] Entonces, pecar no es una acción natural o posmoderna, sino el claro rechazo a la voluntad de Dios, es caminar en oposición contraria a sus deseos. Con razón, Dios rechaza el pecado, además, su trayecto es desgracia y dolor, y su final es más penoso aún, “porque la paga del pecado es muerte”.[5]

Lo triste es que la generalidad del pecado, ya traspasó las fronteras de nuestras iglesias, porque mentir, adulterar, fornicar, transgredir el día de reposo, son algunas acciones tan “naturales” entre el pueblo de Dios. Cómo esa familia que me invitó a ver con ellos la final de un programa juvenil de concursos cuando los visité, sin embargo era viernes bien entrada la noche. O ese otro hombre, líder de iglesia, que justificaba el engaño hacía su esposa, cuando me afirmó que se buscó otra mujer porque Dios quería su felicidad. El pecado ya es un término genérico en muchas de las familias cristianas

asafa14jl06Mi amigo (a), el pecado no es glamour, moda, ni está dentro de lo natural, ni mucho menos dentro de las fronteras de la voluntad de Dios. Más bien, todo lo contrario, porque Dios rechaza las acciones de maldad e iniquidad. Con razón el consejo del apóstol Pablo es categórico cuando nos exhorta: “despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. ¡Amén!////.

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[1]http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/06/140529_economia_genericidio_marcas_wbm.shtml

[2] Algunos ejemplos de marcas genéricas en América Latina:

  • Kleenex – pañuelito de celulosa
  • Cotex – toalla sanitaria (en otros países: Modex y Tampax)
  • Celofán – lámina plástica transparente
  • Scotch – cinta adhesiva
  • Rímel – realzador de pestañas
  • Gillette – hojilla de afeitar
  • Jeep – vehículo 4×4
  • Plastilina – greda multicolor moldeable
  • Termo – recipiente hermético que mantiene el calor

[3]http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/06/140529_economia_genericidio_marcas_wbm.shtml

[4] Samuel Vila Ventura, Nuevo diccionario biblico ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 898.

[5] Romanos 6:23 NVI