SIN CAMBIO ES LO MISMO

“Ellos mismos cuentan de lo bien que ustedes nos recibieron, y de cómo se convirtieron a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1.9, NVI)

eternidadLa conversión, es un paso necesario en la vida de una persona que ha sido alcanzada por el evangelio de Cristo. Se entiende como el “cambio de un estado pecaminoso a uno de santidad, de un comportamiento de corrupción a uno de pureza, de un sometimiento a Satanás al dominio de Dios. Supone una profunda convicción de pecado, el arrepentimiento, la confesión de Jesús como Señor y la recepción del Espíritu Santo”.[1] Todo este concepto se puede entender en el significado de la misma palabra griega epistrophē: “volverse a”, que en las Escrituras “es el efecto que acompaña al nuevo nacimiento, un volverse hacia Dios”. [2] Un buen ejemplo lo encontramos en nuestro texto de estudio, que presenta a un grupo de tesalonicenses que cambiaron su forma de alabar y sus convicciones de fe, al aceptar a Jesús como su Salvador. Es decir, no hay cambio en la vida de una persona porque hace las mismas cosas, o de manera inversa, los cambios son visibles cuando se cambian las prácticas habituales.

No obstante, conversión, que se representa por el verbo hebreo šûḇ y el verbo griego epistrefō, conlleva un sentido de “volver o retornar” de un camino y tomar otro, tanto en el aspecto físico y espiritual.[3] Éste tiene que ver con el nuevo nacimiento, donde, la conversión es el aspecto objetivo y externo de él. Mediante la conversión, el pecador arrepentido le muestra al mundo la obra que Cristo realizó en su interior: la regeneración. “En resumen, el nuevo nacimiento tiene dos aspectos: uno subjetivo y otro objetivo. El subjetivo se conoce como la regeneración; sólo Dios puede constatarlo. Y, el objetivo, como hemos dicho, es la conversión: puede ser comprobado por Pensamientos-solitarios-a25664257todos”. Es decir, el cambio se produce dentro del ser humano y se manifiesta por fuera. Es un cambio completo, que no tiene nada que ver con apariencias, o simulaciones, menos con actuaciones o meras palabras. Las falsas y verdaderas conversiones están entremezcladas entre el pueblo de Dios y sus líderes, por eso el apóstol Pablo denuncia esta convivencia: “Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas!”.[4] Las verdaderas conversiones se manifiestan en obras de piedad innegables y duraderas, pero las falsas, tarde o temprano se descubren o Dios las desenmascara.

Por otro lado, hay otra aplicación que podemos considerar, como lección al significado del término conversión. No hay cambio al seguir el mismo camino, tenemos que “regresar, cambiar, volvernos” del camino que siempre recorremos. No pensemos que las cosas van a cambiar en nuestra vida, en nuestro liderazgo, en nuestras relaciones, en nuestros proyectos, si seguimos haciendo las mismas cosas. Si queremos cambios positivos, o queremos cosechar frutos deliciosos, tenemos que tener la valentía de reconocer que nuestras acciones habituales van a producir las mismas cosas o los mismos frutos pequeñitos. No hay cambios al seguir haciendo las mismas cosas.

Demos una mirada a nuestros resultados, contemplemos a la gente al cual dirigimos, ya sea en casa, o en lugar que Dios nos ha puesto y comprobemos si es que las acciones que hacemos, las estrategias que utilizamos, las palabras que decimos están produciendo cambios en ellos o en los resultados, y si esos cambios complacen a Dios. Solamente los que entienden que sin cambios no hay otros resultados, tendrán el coraje de reconocer que transitan siempre por el mismo lugar y por consecuencia recibirán las mismas cosas.

vivalavidaju9Dios quiere que nuestras obras sean grandes, porque Él es grande y también sus bendiciones. No se complace con un cristianismo mediocre y falso, tampoco que seamos mayordomos, sobre los bienes que nos ha confiado, que se conforman con poco porque hacen cada día lo mismo, desperdiciando tantas oportunidades, tantos talentos que podrían utilizar para cumplir cabalmente la misión que ha sido encomendada.

Mi compañero(a) de fe, Dios nos ha confiado bienes, responsabilidades y talentos que debemos aprovechar para cumplir los deberes de su obra. “Satanás quiere que nadie contemple la necesidad de una completa entrega a Dios. Cuando el alma no hace esta entrega y no abandona el pecado; los apetitos y pasiones lucharán por el predominio y las tentaciones confundirán la conciencia, de manera que la verdadera conversión no se realiza”,[5] porque quién se aferra a las mismas prácticas, el que camina por el la misma ruta, quién práctica los mismo pecados, cosechará las mismas cosas, pondrá en su canasta de cosecha los mismo frutos pequeñitos y sin dulce, porque sin cambio es lo mismo.

 

joe  firma 2

 

Desde mi rincón de poder…y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] Alfonso Lockward, Nuevo diccionario de la Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 244.

[2] Samuel Vila Ventura, Nuevo diccionario biblico ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 179

[3] Wick Broomall, «CONVERSIÓN», ed. Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley, y Carl F. H. Henry, Diccionario de Teología (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006), 125.

[4] 2 Timoteo 3.5, NVI

[5] Testimonio para la Iglesia, Tomo 6, pág. 98.

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