MUERTE INEVITABLE

“Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron.” (Romanos 5.12, NVI)

maynard15n-1-webLa estadounidense Brittany Maynard, de 29 años, supo hace unos meses, poco después de su boda, que tenía un tumor maligno en el cerebro. Por ser un cáncer terminal, los médicos le dieron cerca de medio año de vida. Determinó entonces que, para evitar pasar por las etapas más duras de la enfermedad, ella misma decidiría cuándo morir. Para hacerlo más impactante, lo comunicó en un video que publicó en YouTube el 6 de octubre y que ya fue visto más de 8,7 millones de veces. Esta joven, “no es la primera persona que anuncia en un video su decisión de morir para acabar con el sufrimiento de una enfermedad terminal, pero su mensaje está teniendo un impacto inusual en Estados Unidos, donde se ha reavivado el debate sobre la eutanasia”.[1]

Para lograr su objetivo, Brittany, y su esposo se mudaron de California a Oregón, uno de los cinco estados en EE.UU. en los que el suicidio asistido por doctores está permitido. Una vez que estableció allí su residencia y probó que le quedaban menos de seis meses de vida, obtuvo las medicinas para morir.

La historia de Maynard ha reabierto el debate en EE.UU. sobre la moralidad del suicidio asistido. Los pacientes terminales en pleno uso de razón pueden solicitar la muerte asistida a un doctor. Una vez que su solicitud es admitida, el paciente fija una fecha para tragar las píldoras que le producirán la muerte, sin embargo debe hacerlo por sus propios medios. Es ilegal que el doctor o alguien de su entorno, le ayude a tomar las pastillas.

Los registros en Oregón, informan que más de 750 personas en Oregón han hecho uso del “derecho a morir dignamente” hasta el 31 de diciembre de 2013. La edad media de los solicitantes es de 71 años. Solo seis eran menores de 34 años, como Maynard. Definitivamente, la historia de esta joven ha reabierto el debate en EE.UU. sobre la moralidad del negro 3suicidio asistido.

Tomando esta historia polémica, podemos ilustrar la situación sin esperanza del ser humano: “está condenado a morir y no hay vuelta para atrás”. La historia bíblica dice que “por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron”. El cáncer terminal es el pecado, por eso el apóstol Pablo es categórico con esta afirmación: “la paga del pecado es muerte…”.[2]

Elena de White, comentando sobre la responsabilidad de Adán del contagio de la muerte dice: “Cuando salió del hermoso Edén, el pensamiento de que debía morir lo sacudió de horror. La muerte le pareció una terrible calamidad. Por primera vez se puso en contacto con la tremenda realidad de la muerte en la familia humana cuando su propio hijo Caín asesinó a su hermano Abel. Lleno de amargo remordimiento por causa de su propia transgresión, privado de su hijo Abel, con plena conciencia de que Caín era asesino, y reconociendo la maldición que Dios había pronunciado sobre él, el corazón de Adán se quebrantó de dolor. Con mucha amargura se reprochó su primer gran pecado. Suplicó el perdón de Dios por medio del Sacrificio prometido. Sentía profundamente la ira de Dios por el crimen perpetrado en el paraíso. Fue testigo de la corrupción general que finalmente obligó a Dios a destruir a los habitantes de la tierra por medio de un diluvio”.[3]

ApocalipsisAdán pudo ver vívidamente como la muerte tomaba impunemente la vida de los seres humanos, suplicó por una cura y el Señor le mostró la vacuna: “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor”,[4] “así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos”.[5] Jesús es la vacuna para el cáncer terminal, el pecado, el cual degrada poco a poco hasta la muerte.

Mi apreciado(a) amigo(a), Brittany Maynard, sabe que va a morir, ya tomó una decisión, porque no tiene esperanza y ni se atreve a seguir luchando por su vida. Tú y yo, también sabemos que vamos a morir, que estamos condenados por el cáncer terminal que poco a poco nos va quitando fuerza, alegría y paz. Pero a diferencia de Brittany, nosotros si tenemos esperanza, Jesucristo es la cura segura y definitiva para nuestra enfermedad. Entonces ¿qué decisión tomarás? ¿Mueres o vives? ¡No hay otra alternativa!/////.

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[1] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/10/141010_eutanasia_brittany_maynard_suicidio_asistido_fp

[2] Romanos 6.23a NVI

[3] Elena G. de White, La historia de la redención, trans. Gastón Clouzet y Alberto Novell, Primera edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 57.

 

 

[4] Romanos 6.23b NVI

[5] Romanos 5.18–19 NVI

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UN TRAJE ESPECIAL – 3

“Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.” (Efesios 6.18, NVI)

armaduraDios ha preparado a sus hijos y a su iglesia para enfrentar los ataques del enemigo, que con alevosía pretende que el virus del pecado destruya la creación de Dios. No obstante, el Señor no nos ha dejado sin la necesaria protección para combatir los ataques del enemigo y los virus del mal. No tenemos por qué temer los ataques de Satanás ni sus intentos por neutralizarnos. Cuando estamos firmes, revestidos de toda la armadura de Dios, se hace realidad la promesa de Jesús a Pedro: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”. El cristiano con el traje de Dios bien puesto, no debe temer el ataque furioso del reino de la muerte, ni de su virus mortal, a menos que, no considere el hecho que todo traje necesita un cuidado constante para evitar su deterioro y seguir todas las indicaciones para su correcto uso.

El seguidor de Jesús que no considere el hecho que todo traje necesita un cuidado constante para evitar su deterioro, entonces no aprovechará completamente las virtudes de su traje, algunas veces ni se dará cuenta el valor de mantenerlo totalmente operativo y esto lo llevará a considerar que no es necesario. Por eso, el apóstol Pablo exhorta: “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos”, en palabras que se adecuen al contexto de lo que venimos enseñando sería: “Cuiden sus trajes constantemente, y esto se logra cuando aprendemos a vivir en oración”.Kneeling

La oración constante, es el cuidado que necesita el traje de Cristo para que se mantenga en perfectas condiciones y pueda cumplir eficientemente su tarea de protección contra los ataques del enemigo y su intento por hacer que el pecado se desarrolle hasta producir la mayor destrucción. “La fuerza adquirida por la oración a Dios nos preparará para nuestros deberes cotidianos. Las tentaciones a que estamos diariamente expuestos hacen de la oración una necesidad. Con el fin de ser mantenidos por el poder de Dios mediante la fe, los deseos de la mente debieran ascender continuamente en oración silenciosa. Cuando estamos rodeados por influencias destinadas a apartarnos de Dios, nuestras peticiones de ayuda y fuerza deben UN  TRser incansables”.[1]

Entonces, no basta tener el traje de Cristo, es imperativo tenerlo en óptimas condiciones. El cristiano que ora día a día, de rodillas en el rincón más íntimo de su hogar, o caminando mientras desarrolla sus actividades diarias, y mientras lo hace, va recordando a sus compañeros de fe, e inclusive a aquellos que le hacen escarnio, entonces le va sacando brillo a su traje, va conservando cada una de sus partes, y alcanza su potencial más alto. En esas condiciones, el enemigo no puede prevalecer, el virus no tiene como desarrollarse. A esto se añade que, estar con el traje en perfectas condiciones, es tener buena salud espiritual, y el cuerpo sano está alerta, nada lo sorprende ni lo toma desprevenido.

Mi aprecido(a) compañero(a) de fe, por su Espíritu Santo, Dios nos ha dado el cinturón, la coraza, el calzado, el escudo, el casco y la espada, es decir, todos los elementos necesarios para entrar en combate con una victoria asegurada. Si a todo esto agregamos la disposición de estar orando “en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos” y nos mantenemos alerta y perseveramos en oración por todos los santos, Satanás no puede esperar otra cosa que la retirada. Él no puede contra la verdad, la justicia, el evangelio de la paz, la fe, la salvación y la Palabra que Dios nos ha dado en Cristo.

orando en EE_EEPor eso, vayamos al rincón más privado de nuestro hogar, a solas, supliquemos a Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu”.[2] “Tengan fervor y sinceridad. La oración ferviente es muy eficaz. Como Jacob, luchen en oración. Agonicen. En el huerto Jesús transpiró grandes gotas de sangre; deben hacer un esfuerzo. No abandonen su cámara hasta que se sientan fuertes en Dios; luego velen y, mientras velan y oran, podrán dominar los pecados que les asedian, y la gracia de Dios podrá manifestarse en ustedes; y lo hará”.[3]

¡Necesito orar más… y con más fuerza!… ¿Y tú? 

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[1] Elena G. de White, Mensajes para los jóvenes, ed. Aldo D. Orrego, Cuarta edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 144.

[2] Salmo 51.10, NVI

[3]Elena G. de White, Mensajes para los jóvenes, ed. Aldo D. Orrego, Cuarta edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 77.

UN TRAJE ESPECIAL – 2

Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza.” (Efesios 6.13, NVI)

armadura 2Los profesionales de salud, pasan por un protocolo minucioso de protección para atender a los infectados por el virus del ébola, y esto incluye un traje especial, diseñado para proveer la mayor seguridad frente a ese virus mortal. De la misma forma, todos necesitamos estar a salvos de las trampas del maligno y de su virus de muerte. Él Único que puede destruirlo, nos proveyó un traje especial, una armadura “para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza”, y nos dejó las debidas indicaciones, para evitar el contagio. Nuestro deber es seguir las indicaciones hasta el menor detalle, porque nuestra vida está en peligro. El menor descuido puede hacernos vulnerables a sus consecuencias dolorosas.

El traje de Dios comprende de varias partes que nos protegerán contra los dardos envenenados del enemigo:

Nuestro cinturón es la verdad de Dios (Efesios 6.14a): El arma predilecta del enemigo de Dios es la mentira. ¿De qué maneras se protege el cristiano de las mentiras del diablo? El creyente se protege con la verdad de Dios. La verdad es la que nos permite movernos en el campo de batalla defendidos por todos los flancos (2 Co. 6:7). Ahora, para protegernos con la verdad, debemos ajustarnos el cinturón de seguridad alrededor de nuestra cintura, como hacemos cada vez que subimos a un automóvil (“ceñidos con el cinturón de la verdad”, Ef. 6:14a). Esto significa que debemos prepararnos para la acción.

Nuestra coraza es la justicia de Dios (Efesios 6.14b): Satanás está permanentemente acusándonos delante de Dios, delante de los demás y delante de nosotros mismos. Por otro lado, el enemigo utiliza el arma de la condenación (Ro. 8:1). Satanás nos condena por pecados ciertos, falsos o ya perdonados y olvidados por Dios. Es un especialista en sembrar dudas en nosotros en cuanto a la seguridad de nuestra salvación. Además, el enemigo nos pone las condiciones para caer en orgullo espiritual, cuando confiamos en nuestra propia bondad en lugar de la bondad y gracia del Señor. Frente a esto, el cristiano se protege con un corazón que está cubierto por la justicia de Dios. Un corazón protegido por la coraza de la justicia de Dios es un corazón que tiene motivos puros. Es decir, está lleno del amor y de la compasión de Dios, y sólo busca su gloria.armadura2

Nuestro calzado es el evangelio de Dios (Efesios 6.15): El enemigo ataca nuestros pies haciéndonos “meter la pata”, empujándonos para dar “el mal paso”, presentándonos dificultades que nos hagan “pisar la cáscara de banana” o deslizarnos al pecado. Para lograr esto, Satanás cuenta con varios recursos bastante efectivos. A veces utiliza las aflicciones, con las que nos hace zancadillas para hacernos caer (Jn. 16:33). Otras veces utiliza mentiras, con las que quiere torcer el rumbo de nuestro andar en el camino del Señor. En otras ocasiones se aprovecha de nuestra pasividad para inmovilizarnos y paralizar nuestro caminar. El creyente contrarresta estos ataques, cuando camina con sus pies espirituales protegidos con “la disposición de proclamar el evangelio de la paz” (Ef. 6:15). Los pies son un símbolo de nuestra capacidad de movernos, de actuar, de ir de un lugar a otro llevando el mensaje del reino, “el evangelio de la paz”.

Nuestro escudo es la fe de Dios (Efesios 6.16): El enemigo tiene un interés muy particular en atacar nuestra fe y confianza en Dios. Estos ataques no están dirigidos a un área particular de nuestra vida sino a toda nuestra vida, porque la fe en Dios tiene que ver con todo lo que somos y hacemos. Es por esto que necesitamos de un arma defensiva que nos cubra totalmente. Y esto es lo que hace el escudo de la fe. La fe es un escudo que nos protege de la cabeza a los pies (1 Ts. 5:8). La fe es un escudo lo suficientemente fuerte y sólido como para detener y apagar “todas las flechas encendidas del maligno” (Ef. 6:16). En definitiva, la fe es un escudo que detiene y resiste al enemigo, y no le permite salirse con la suya (1 P. 5:9a).

Nuestro casco es la salvación de Dios (Efesios 6.17a): Nuestra mente es sumamente vulnerable a los ataques del enemigo. De hecho, la mayor parte de su estrategia agresiva está orientada a nuestra mente. Cuando nuestra mente es pecaminosa, esto es indicio que se ha transformado en el campo de batalla del pecado y que el enemigo está utilizando nuestros propios pensamientos para agredirnos y derrotarnos. La mejor manera es cubrir nuestra cabeza (mente) con el casco de la salvación del pecado, que Dios ha provisto a través de Cristo (Is. 59:17). Es vital que frente al ataque a nuestra mente, cambiemos la mente carnal por la mente de Cristo, a través de la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas (1 Co. 2:16). Ahora, para tener la mente de Cristo es necesario tener a Cristo en la mente.

Nuestra espada es la palabra de Dios (Efesios 6.17b): Satanás pone en duda la Palabra de Dios. Se nos presenta una y otra vez preguntándonos: “¿De veras que Dios dijo esto?” Así ocurrió y ocurre desde los días de Adán y Eva: “¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?” (Gn. 3:1). Satanás tuerce y distorsiona la Palabra de Dios, como hizo con Jesús en sus tentaciones del desierto (Mt. 4:1–11). En otros casos, el enemigo roba y retiene la Palabra de Dios para que no produzca aquello para lo cual fue enviada (Mt. 13:19), o enseña de manera equivocada la Palabra de Dios para que produzca un resultado contrario al esperado (1 Ti. 4:1).Sin embargo, el cristiano fiel reprende al enemigo con la Palabra de Dios, tal como hizo Jesús en el desierto. El creyente testifica de la Palabra de Dios frente al enemigo mismo, es decir, le refriega la Palabra de Dios en el rostro (Ap. 12:11) y declara contra el enemigo la Palabra de Dios con todas sus fuerzas.[1]

armaduraMi apreciado(a) compañero(a) de fe, Dios ha preparado a sus hijos y a su iglesia para enfrentar los ataques del enemigo. El Señor no nos ha dejado sin la necesaria protección para combatir los ataques del enemigo y los virus del mal. No tenemos por qué temer los ataques de Satanás ni sus intentos por neutralizarnos. Cuando estamos firmes, revestidos de toda la armadura de Dios, se hace realidad la promesa de Jesús a Pedro: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”.[2] El cristiano con el traje de Dios bien puesto, no debe temer el ataque furioso del reino de la muerte, ni de su virus mortal, a menos que…/////.

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[1] Pablo A. Deiros, Sanidad Cristiana Integral, 1a ed., Formación Ministerial (Buenos Aires: Publicaciones Proforme, 2008), 248–251.

[2] Mateo 16.18, NVI

UN TRAJE ESPECIAL – 1

“Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.” (Efesios 6.10–11, NVI)

ebolaEl brote del ébola ya ha provocado la muerte de más de 3.400 personas en África Occidental, la mayoría en Guinea, Sierra Leona y Liberia. A pesar de los esfuerzos de los científicos más capacitados para encontrar una cura, se propaga temerariamente a todo el mundo. Definitivamente esta enfermedad está causando miedo y muerte a donde va llegando, cómo el último caso más sonado de la enfermera española, que fue contagiada cuando atendió a un misionero español repatriado desde Sierra Leona infectado con ébola y que luego murió. La paciente está empeorando, todo el hospital donde se produjo el contagio parece un desierto, se escuchan lágrimas, todos están muy asustados, porque ayer una quinta persona, amiga y colega de la enfermera, fue ingresada en el Hospital Carlos III de Madrid con un poco de fiebre.

Dicen los profesionales médicos, cómo el profesor Peter Piot, el científico que identificó el ébola en 1976, que no le sorprendió que la auxiliar de enfermería española se contagiara con el virus en Madrid, y que estemos preparados porque espera que ocurran más contagios entre el personal médico, incluso en países desarrollados con modernos sistemas de salud.[1] Nadie puede parar al ébola.

De la misma forma, ningún humano puede frenar los ataques de Satanás, ni de su creación más efectiva, el pecado, que como un virus, contagia, enferma, desgracia la vida y produce muerte. ébola 3Sin embargo, el Señor nos dejó indicaciones vitales para frenar su invasión, y poder sobrevivir a sus consecuencias nefastas. Una de ellas es: “Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo”, cómo todos los profesionales médicos que atienden a un paciente con ébola, que se colocan un traje especial que los protege de ese virus mortal, puesto que éste puede penetrar ropa protectora común.

El traje comprende de varias partes que deben cubrir toda la piel para evitar contacto con el exterior. Puede generar hasta 40 grados Celsius en su interior y toma aproximadamente cinco minutos ponérselo y unos 15 quitárselo. Todo este traje de protección comprende:[2]

1- Máscara médica: cubre la boca de gotas de sangre o fluidos corporales. Si el trabajador utiliza un respirador, debe romper la máscara para colocárselo.ébola.jpg 2

2- Filtro de respiración: se lleva un respirador para proteger al usuario de tos del paciente. Según las pautas de la organización Médicos Sin Frontera (MSF), el respirador se debe poner de segundo, luego de ponerse el overol.

3- Overol: estos trajes son similares a los utilizados para manejar materiales peligrosos (hazmat) o en ambientes tóxicos. El supervisor del equipo que utilice estos trajes debe comprobar que los trajes no estén dañados.

4- Delantal: es de un material impermeable y se coloca encima como una capa final de ropa protectora.

5- Botas: son de goma y los pantalones se colocan dentro de ellas. Si no hay botas disponibles, los trabajadores deben usar calzados cerrados y resistentes a los fluidos.

6- Gorro quirúrgico: el gorro cubre la cabeza y el cuello. Ofrece un nivel adicional de protección a los trabajadores médicos, dado que impide que se toquen cualquier parte de su rostro mientras atienden a una persona.

7- Lentes protectores: protegen los ojos de salpicaduras y tienen una cobertura anti empañamiento.

8- Traje base: un traje quirúrgico tradicional, que absorbe líquidos y se limpia con facilidad. Se utiliza debajo del overol. Normalmente está metido dentro de las botas de goma para asegurar que no se expone la piel.

9- Guantes dobles: son necesarios al menos dos pares de guantes, colocados sobre las mangas del traje. Los trabajadores médicos deben cambiarse los guantes entre pacientes, y lavarse las manos cuidadosamente antes de ponerse un par nuevo. Los guantes de trabajo pesado (heavy duty) se usan siempre que los trabajadores necesiten manejar residuos infecciosos.

Ponerse y quitarse este traje requiere todo un proceso cuidadoso, el menor descuido puede ser fatal, cómo en el caso de la auxiliar de enfermería, donde todos sus colegas coinciden armadura2en que ella pudo no haber seguido todas las indicaciones del protocolo de protección, y el virus entró en contacto con su cuerpo en ese pequeño momento de descuido.

Mi apreciado(a) compañero de fe, todos necesitamos estar a salvos de las trampas del maligno y de su virus de muerte. Él Único que puede destruirlo, nos proveyó un traje especial, una armadura “para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza”,[3] y nos dejó las debidas indicaciones, para evitar el contagio. Nuestro deber es seguir las recomendaciones hasta el menor detalle, porque nuestra vida está en peligro. El menor descuido puede hacernos vulnerables a sus consecuencias, una de ellas es una vida sin sentido y sin esperanza.

Tú necesitas el traje, yo lo necesito, tenemos que saber un poco más de él, y en eso estamos.

Pr. Joe Saavedra

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[1] http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/10/141008_ultnot_espana_ebola_enfermera_entrevista_jp

[2] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/10/141008_ebola_traje_seguridad_riesgo_egn

[3] Efesios 6.13 NVI

CREO EN LA BIBLIA – 2

“—Mi enseñanza no es mía—replicó Jesús—sino del que me envió. El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Juan 7.16–17, NVI)

ta biblia 2Al inicio de esta serie de reflexiones, cuyo objetivo es validar la importancia y trascendencia de La Biblia, se puso en cuestión su status—actual y futuro—. Es inevitable relacionar esta interrogante a la entidad y trascendencia histórica de la figura de Jesucristo, actor central de Las Escrituras. Jesús, al cumplir un papel prioritario y elemental dentro de la obra bíblica, es en sí mismo una prueba a favor o en contra de ella, mejor dicho, “la Biblia es profundamente cristológica, es decir que sus palabras conforman, en última instancia, la Palabra de Cristo. La validez de la una depende de la validez de la otra, y viceversa”,[1] entonces ¿qué crédito podemos dar a esta Palabra, y a las palabras de la Biblia?

La divinidad de Jesús, es la garantía que las palabras de las Escrituras son vida y verdad, porque se relacionan a las palabras de su Creador, la prueba se valoriza con el término “logos” que es “una designación del Señor Jesús empleada por Juan en el preámbulo de su Evangelio, y mencionada en Lucas 1:2. Este término, que aparece constantemente en el NT, y se traduce «palabra, dicho, discurso», se traduce en las diferentes revisiones de RV como «Verbo» en los pasajes a los que se refiere al Señor Jesucristo”,[2] y está en relación directa a: “(1) Su existencia eterna: «En el principio era el Verbo»; «todas las cosas por él fueron hechas» (Jn. 1:1, 3). (2) Su deidad esencial: «El Verbo era Dios.» (3) Su personalidad propia: «El Verbo era con Dios» (Jn. 1:1)”,[3] es decir, como Logos, el Señor Jesús es la sustancia y expresión de la mente de Dios con respecto al hombre; esta verdad, relaciona firmemente a las criaturas con su Creador, por esto, La Biblia, es la presentación simple y finita, de lo infinito e inalcanzable.

Sin embargo, en estos tiempos post-modernos, donde la filosofía griega, encabezado por Platón, ha puesto en duda el significado de “logos”, que “por lo general, se usa para la «razón» y refleja la convicción griega que la divinidad no puede entrar en contacto directo con la materia”,[4] rompiendo la relación “entre significado y significante, y las palabras ahora forman parte sólo de un juego de espejos, sin ninguna posibilidad de significado estable. Junto con la desmitificación del logos desaparece asimismo todo concepto de designiota biblia (diseño), incluso de autoría… Es claro que esta noción entra en conflicto directo con la Biblia”.[5] En palabras simples, si dudamos del origen, entonces dudamos de todo lo que sale de su seno o lo que tiene que ver con él.

Frente a esta duda debemos entender estos dos puntos: “En primer lugar… cualquier intento de disolver el pacto logocéntrico ha de plantearse en términos lógicos. El pensamiento y el discurso no pueden escaparse del influjo del logos, y sólo es posible confrontar a la Palabra desde las reglas de juego de la palabra. En segundo lugar, la verdad de la Palabra es igualmente indemostrable en términos empíricos”.[6] Entonces, o nos prestamos a escuchar la Palabra, o nos quedaremos al margen de su radio de acción. Por eso Cristo dijo esto, de tal forma que haga eco en el túnel del tiempo: “—Mi enseñanza no es mía… sino del que me envió. El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta”. Y a eso añadió: “Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida”.[7] (Juan 5.24, NVI)

Creer y aceptar a Jesús cómo un ser real, histórico, divino y en estrecha relación a sus criaturas, es la llave correcta que abre las puertas a la certeza del valor y origen de Las Escrituras, llevándonos por una avenida espaciosa de fe y convicción en el cumplimiento de cada frase que contiene. Creer en Jesús es creer en La Biblia.

0902047Mi apreciado compañero(a) de fe, ¿Quiere decirse que creer en Jesús, es una acto de fe irracional, un salto en la oscuridad, un suicidio mental? No, muy al contrario, Cristo apela a nuestra conciencia moral y desafía nuestra cobardía intelectual. Al abrir la Biblia, notaremos que todas sus intenciones convergen naturalmente en Cristo. Este hecho es de por sí llamativo a la luz de la gran diversidad de autores, géneros literarios, y épocas históricas que la informan. Especialmente los cuatro evangelios, están allí como pilares de la relación tan estrecha entre el logos y los menesteres humanos. Justamente en sus líneas encontramos la cruel muerte de la cruz que da la medida de la ruindad humana, pues su juicio fue una farsa, y realzan la majestad de Cristo, de tal forma que un centurión exclamó: “Verdaderamente este hombre era justo”,[8] y quienes contemplaron sus últimas horas de agonía dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.[9] Jesús es Dios, por lo tanto creo en su Palabra./////.

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[1] Stuart Park, La Biblia: Un Libro Para La Post-Modernidad (Barcelona: Publicaciones Andamio, 1988), 18.

[2] Samuel Vila Ventura, Nuevo diccionario biblico ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 682–683.

[3] Ibid.

[4] Andrew F. Walls, «LOGOS», ed. Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley, y Carl F. H. Henry, Diccionario de Teología (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006), 366.

[5] Ibid.

[6] Ibid, 19.

[7] Juan 5:24 NVI

[8] Lucas 23:47

[9] Mateo 27:54