UN TRAJE ESPECIAL – 2

Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza.” (Efesios 6.13, NVI)

armadura 2Los profesionales de salud, pasan por un protocolo minucioso de protección para atender a los infectados por el virus del ébola, y esto incluye un traje especial, diseñado para proveer la mayor seguridad frente a ese virus mortal. De la misma forma, todos necesitamos estar a salvos de las trampas del maligno y de su virus de muerte. Él Único que puede destruirlo, nos proveyó un traje especial, una armadura “para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza”, y nos dejó las debidas indicaciones, para evitar el contagio. Nuestro deber es seguir las indicaciones hasta el menor detalle, porque nuestra vida está en peligro. El menor descuido puede hacernos vulnerables a sus consecuencias dolorosas.

El traje de Dios comprende de varias partes que nos protegerán contra los dardos envenenados del enemigo:

Nuestro cinturón es la verdad de Dios (Efesios 6.14a): El arma predilecta del enemigo de Dios es la mentira. ¿De qué maneras se protege el cristiano de las mentiras del diablo? El creyente se protege con la verdad de Dios. La verdad es la que nos permite movernos en el campo de batalla defendidos por todos los flancos (2 Co. 6:7). Ahora, para protegernos con la verdad, debemos ajustarnos el cinturón de seguridad alrededor de nuestra cintura, como hacemos cada vez que subimos a un automóvil (“ceñidos con el cinturón de la verdad”, Ef. 6:14a). Esto significa que debemos prepararnos para la acción.

Nuestra coraza es la justicia de Dios (Efesios 6.14b): Satanás está permanentemente acusándonos delante de Dios, delante de los demás y delante de nosotros mismos. Por otro lado, el enemigo utiliza el arma de la condenación (Ro. 8:1). Satanás nos condena por pecados ciertos, falsos o ya perdonados y olvidados por Dios. Es un especialista en sembrar dudas en nosotros en cuanto a la seguridad de nuestra salvación. Además, el enemigo nos pone las condiciones para caer en orgullo espiritual, cuando confiamos en nuestra propia bondad en lugar de la bondad y gracia del Señor. Frente a esto, el cristiano se protege con un corazón que está cubierto por la justicia de Dios. Un corazón protegido por la coraza de la justicia de Dios es un corazón que tiene motivos puros. Es decir, está lleno del amor y de la compasión de Dios, y sólo busca su gloria.armadura2

Nuestro calzado es el evangelio de Dios (Efesios 6.15): El enemigo ataca nuestros pies haciéndonos “meter la pata”, empujándonos para dar “el mal paso”, presentándonos dificultades que nos hagan “pisar la cáscara de banana” o deslizarnos al pecado. Para lograr esto, Satanás cuenta con varios recursos bastante efectivos. A veces utiliza las aflicciones, con las que nos hace zancadillas para hacernos caer (Jn. 16:33). Otras veces utiliza mentiras, con las que quiere torcer el rumbo de nuestro andar en el camino del Señor. En otras ocasiones se aprovecha de nuestra pasividad para inmovilizarnos y paralizar nuestro caminar. El creyente contrarresta estos ataques, cuando camina con sus pies espirituales protegidos con “la disposición de proclamar el evangelio de la paz” (Ef. 6:15). Los pies son un símbolo de nuestra capacidad de movernos, de actuar, de ir de un lugar a otro llevando el mensaje del reino, “el evangelio de la paz”.

Nuestro escudo es la fe de Dios (Efesios 6.16): El enemigo tiene un interés muy particular en atacar nuestra fe y confianza en Dios. Estos ataques no están dirigidos a un área particular de nuestra vida sino a toda nuestra vida, porque la fe en Dios tiene que ver con todo lo que somos y hacemos. Es por esto que necesitamos de un arma defensiva que nos cubra totalmente. Y esto es lo que hace el escudo de la fe. La fe es un escudo que nos protege de la cabeza a los pies (1 Ts. 5:8). La fe es un escudo lo suficientemente fuerte y sólido como para detener y apagar “todas las flechas encendidas del maligno” (Ef. 6:16). En definitiva, la fe es un escudo que detiene y resiste al enemigo, y no le permite salirse con la suya (1 P. 5:9a).

Nuestro casco es la salvación de Dios (Efesios 6.17a): Nuestra mente es sumamente vulnerable a los ataques del enemigo. De hecho, la mayor parte de su estrategia agresiva está orientada a nuestra mente. Cuando nuestra mente es pecaminosa, esto es indicio que se ha transformado en el campo de batalla del pecado y que el enemigo está utilizando nuestros propios pensamientos para agredirnos y derrotarnos. La mejor manera es cubrir nuestra cabeza (mente) con el casco de la salvación del pecado, que Dios ha provisto a través de Cristo (Is. 59:17). Es vital que frente al ataque a nuestra mente, cambiemos la mente carnal por la mente de Cristo, a través de la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas (1 Co. 2:16). Ahora, para tener la mente de Cristo es necesario tener a Cristo en la mente.

Nuestra espada es la palabra de Dios (Efesios 6.17b): Satanás pone en duda la Palabra de Dios. Se nos presenta una y otra vez preguntándonos: “¿De veras que Dios dijo esto?” Así ocurrió y ocurre desde los días de Adán y Eva: “¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?” (Gn. 3:1). Satanás tuerce y distorsiona la Palabra de Dios, como hizo con Jesús en sus tentaciones del desierto (Mt. 4:1–11). En otros casos, el enemigo roba y retiene la Palabra de Dios para que no produzca aquello para lo cual fue enviada (Mt. 13:19), o enseña de manera equivocada la Palabra de Dios para que produzca un resultado contrario al esperado (1 Ti. 4:1).Sin embargo, el cristiano fiel reprende al enemigo con la Palabra de Dios, tal como hizo Jesús en el desierto. El creyente testifica de la Palabra de Dios frente al enemigo mismo, es decir, le refriega la Palabra de Dios en el rostro (Ap. 12:11) y declara contra el enemigo la Palabra de Dios con todas sus fuerzas.[1]

armaduraMi apreciado(a) compañero(a) de fe, Dios ha preparado a sus hijos y a su iglesia para enfrentar los ataques del enemigo. El Señor no nos ha dejado sin la necesaria protección para combatir los ataques del enemigo y los virus del mal. No tenemos por qué temer los ataques de Satanás ni sus intentos por neutralizarnos. Cuando estamos firmes, revestidos de toda la armadura de Dios, se hace realidad la promesa de Jesús a Pedro: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”.[2] El cristiano con el traje de Dios bien puesto, no debe temer el ataque furioso del reino de la muerte, ni de su virus mortal, a menos que…/////.

joe  firma 2

 

Desde mi rincón de poder…y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] Pablo A. Deiros, Sanidad Cristiana Integral, 1a ed., Formación Ministerial (Buenos Aires: Publicaciones Proforme, 2008), 248–251.

[2] Mateo 16.18, NVI

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Un comentario el “UN TRAJE ESPECIAL – 2

  1. Sandro Che dice:

    A ponernos la armadura y vencer en esta lucha estimado Pastor Joe.

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