MAÑANA NO SERÁ IGUAL

“Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad. No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio” (1 Tesalonicenses 5:5-6).          

En tiempos de coronavirus, con la mayoría de la humanidad confinada en sus casas esperando con ansias que todo vuelva a la normalidad, una pregunta me ha tenido inquieto toda la semana: ¿volveremos a nuestra vida como la que teníamos antes de esa enfermedad?

Esta incógnita necesitaba tener una respuesta, frente a mensajes publicitarios motivadores que podemos ver en los medios de comunicación, que con palabras o clichés: “Unámonos, vamos a salir de esto, juntos la hacemos, de rodillas venceremos, con fe pasaremos la tormenta, etc.”, tienen un mismo mensaje central: “Resistamos un poco más que ya volveremos a nuestra vida normal”.

Sin embargo, considero que ese mensaje central está incompleto o simplemente son “dosis” de adrenalina motivadora para resistir estos momentos de crisis, porque la humanidad vive momentos de angustia e incertidumbre del futuro como una oscuridad sin fecha de término. Nadie sabe el final de esta pandemia, en lo único que los científicos, médicos, políticos y economistas coinciden es que muchas cosas han cambiado y van a cambiar. Empero, la certeza más grande es que nada volverá a ser lo mismo.

El escritor italiano Paolo Giordano, en plena pandemia publicó un libro titulado: “En tiempos de contagio”, y en la portada sintetiza perfectamente el tema central de su manuscrito, que es una verdad que debemos tener presente: “No tengo miedo de caer enfermo. ¿Y de qué tengo miedo? De todo lo que el contagio pueda cambiar. De descubrir que todo el andamiaje de la civilización que conozco es un castillo de naipes. De que todo se derrumbe, pero también de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí”.

Yo también tengo miedo que la gente, especialmente nosotros los seguidores de Cristo, pensemos que el enemigo principal al cual debemos derrotar es el covid-19. Nada más alejado de la realidad, porque enfermedades crueles nos han azotado y esta actual es la bienvenida a otras que no demoran en llegar, reivindicando lo que la Biblia ya lo decía desde varios siglos atrás: “son principio de dolores”.[1] Porque la verdad que no podemos esconder es que nada volverá a ser lo mismo, porque si los dolores empiezan, es absurdo pensar que la calma viene sin pasar por el momento del mayor umbral del dolor.

Asimismo, mi mayor temor no es que las personas ignoren lo que viene o imaginen que todo volverá a su cauce normal, sino que estos acontecimientos no produzcan en mi familia y en mí, cambios severos en nuestra forma de pensar, de comportarnos y de vivir nuestra fe. Porque entiendo perfectamente que un mundo que no tiene la verdad completa sobre los acontecimientos finales, tiene el derecho a motivar con frases y clichés motivadores, para animar a la gente a resistir y esperar seguros que todo vuelva a la normalidad.

Además, si esos mismos clichés, me están consolando, haciéndome esperar confiado en que las cosas se normalicen para seguir con mis mismas prácticas negativas, con la misma forma de practicar mi fe, con la misma frialdad espiritual y las mismas formas moribundas de predicar la verdad de estos últimos días, entonces el privilegio de ser un testigo presencial del cumplimiento de la palabra profética, está siendo en vano y que la insensibilidad del cual habla el profeta Juan es más agudo y visible en mi vida: “’Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada’; pero no te das cuenta de cuán infeliz y miserable, pobre, ciego y desnudo eres tú”.[2]

Por el contrario, si me considero parte del pueblo de Dios y utilizo todos los recursos que tenga a la mano, para prepararme para la crisis final y preparar al mundo para lo que viene, entonces entiendo que los hijos de la luz no son de la noche ni de la oscuridad, puesto que la claridad y el día que esperan, no es una vida que regrese a lo mismo, a la misma vanalidad, frialdad e insensibilidad que fácilmente se comulga en estos tiempos finales.

Millones de personas viven una oscuridad que se ha puesto más intensa en estos días y su esperanza es salir de ella, no obstante, no saben que su anhelo de un mañana normal no es más que una densa noche, porque nada volverá a ser lo mismo. Entonces allí entra en escena el pueblo de Dios que entendió cual es su misión, porque “nadie”, solamente el que endurece su corazón a causa de los negocios apetecibles de esta vida ó el que no deja que la energía vital del Espíritu Santo despierte sus sentidos espirituales dormidos “enciende una lámpara para después cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama”, sino los hijos de la luz la ponen “en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz”.[3] Esto último es nuestra tarea final, es el sentido de nuestra fe.

Mi compañero(a) de fe, ¿cuál es el cliché que vamos a utilizar en nuestro próximo mensaje en alguna red social favorita, cuál serán las palabras que diremos en vivo en algún canal online, qué reflexión daremos en el próximo “meme” que reenviaremos, qué le diremos a nuestros amigos y conocidos en la próxima llamada ó mensaje de texto? Los hijos de la luz, consideran que el mensaje principal para estos días es que nada será normal otra vez, y que la única luminosidad que puede acabar con la oscuridad que vivimos es la presencia de la gloria de Dios y el Cordero que es su lumbrera.[4]

Por eso el llamado del apóstol Pablo a los hijos de la luz es: “despierten y no duerman como los demás, sino manténgase alertas y en su sano juicio” y que cada palabra, acción y mensaje que comparten en estos momentos oscuros, sean para esparcir la verdadera esperanza, que no está en manos de ningún hombre que promete un mañana normal, sino en el plan que Dios tiene para su creación.

Mañana no volverá a ser normal, las mentes privilegiadas de este mundo y los poderosos lo están diciendo, la Biblia ya lo anticipó, por eso el mensaje de las palabras de Paolo Giorgiano me vienen dando vueltas en la cabeza, y sonando a mi manera: “No tengo miedo de caer enfermo. ¿Y de qué tengo miedo? De que el mundo no se de cuenta lo que el contagio pueda cambiar. De descubrir que todo el andamiaje de la civilización que conozco es un castillo de naipes. De que todo se derrumbe y muchos ignoren la destrucción que esta cerca, pero también de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí, porque como hijo de la luz preferí vivir en oscuridad, desaprovechando la mejor oportunidad que tengo para terminar de predicar el evangelio y apresurar el retorno de Cristo, y por sobre todo que pierda el tiempo en clichés con falsas esperanzas y pretenda volver a mi misma fría vida espiritual”. ¿Qué piensas… qué harás?////////////////.   

Pr. Joe Saavedra

Desde mi rincón de poder… un poquito antes del retorno de Jesús…

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[1]Mateo 24:8

[2]Apocalipsis 3:17

[3]Lucas 8:16

[4]Apocalipsis 21:23-24

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