¿CAMPEÓN O ELIMINADO CASI AL FINAL?

“Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:26-27)

Peter Piot: “Durante una semana estuve en vilo entre el cielo y la Tierra, en el filo de lo que pudo haber sido el final”. (Foto de archivo)

La experiencia del Dr. Peter Piot, puede ilustrar adecuadamente el texto elegido para meditar este fin de semana. Este virólogo nacido en Bélgica, es director de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (London School of Hygiene & Tropical Medicine). Asimismo, durante más de cuatro décadas ha combatido virus letales en distintas partes del mundo.

Piot fue uno de los científicos que descubrió el virus del Ébola en 1976 y ha dedicado su vida profesional a combatir enfermedades infecciosas. Entre 1995 y 2008 dirigió el Programa de Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA y es actualmente asesor sobre el SARS-CoV-2 de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

No obstante, este médico “heraldo” frente a los principales virus de los últimos años, líder principal en enfrentar las enfermedades más mortales que ha conocido el mundo, no estuvo preparado cuando se encontró con el Covid-19, y por más pasado lustroso que vivió, casi no vive para contar sus descubrimientos.

Piot sintió los primeros síntomas de covid-19 a mediados de marzo. Lo primero que experimentó fue una fiebre alta y un dolor de cabeza punzante. No tenía tos, pero pensó enseguida que tenía el virus. Efectivamente, le hicieron el test y dio positivo. Rapidamente, se autoaisló en un cuarto de su casa, pero la fiebre no cedía. Empezó a asustarse, porque nunca había estado seriamente enfermo, ni  tomado un día de licencia por enfermedad en los últimos 10 años. Asimismo, llevaba una vida sana y se ejercitaba con frecuencia.

“Habrá cientos de miles de personas en el mundo que requerirán tratamientos como diálisis renal por el resto de sus vidas”.

No obstante, el primero de abril, en vista que la fiebre y especialmente el agotamiento empeoraban cada día, y al ser un paciente de riesgo por sus 71 años de edad, tuvo que ser hospitalizado. Piot, empezó a tener miedo, y más al pasar días y noches solitario, aislado y sintiendo que las fuerzas se le iban. Algún momento del día pensaba y se preguntaba, a pesar de su optimismo: ¿saldré librado de esto?.

Después de una dura batalla entre la vida y la muerte, el doctor Piot a los pocos días de ser dado de alta, aún debilitado por la enfermedad, pudo resumir su experiencia con estas palabras: “Al llegar a casa después de esta dura lucha lloré un largo rato… a veces pensaba ‘me atraparon’. He dedicado mi vida a combatir virus y finalmente ellos pueden vengarse. Durante una semana estuve en vilo entre el cielo y la Tierra, en el filo de lo que pudo haber sido el final”.[1]

El apóstol Pablo había pasado por diferentes pruebas extremas que probaron su fe, que quizás lo que escribió podrían resumir sus aflicciones: “en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama…”,[2] y sobre todas ellas, pudo salir airoso por eso pudo afirmar: “como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”.[3]

Carrera de 100 metros lisos

No cabe duda, Pablo era un heraldo, era un vencedor de mil batallas de fe, pero él estaba convencido que las luchas de ayer, no garantizan nada en el presente. Él mismo había dicho: “cada día con su afán”, para dejar la idea clara, que si te mantuviste despierto ayer, hoy te puedes quedar dormido. Es decir, “no te duermas en tus laureles”.

Para que eso no suceda, usa por lo menos dos metáforas en el contexto de los versículos que estamos estudiando, (1) el de un corredor que da el máximo esfuerzo por llegar a la meta y (2) el de un luchador que se priva de todo y se concentra en su objetivo que es ganar la pelea. En ambas definitivamente hay dominio propio, para concentrarse en la responsabilidad y el objetivo, y no ceder al cansancio o a las circunstancias adversas de la competencia.

Con razón Pablo, corre y sabe la cual es la meta, y casi al final acelera el paso, no quiere perderse el premio. Asimismo lucha, y sabe contra quién lo hace, y no se descuida, que un golpe puede tirarlo a la lona. Por eso se “golpea”, esto es simbólico, es decir, ejerce total dominio sobre sí mismo, se obliga, a no pensar que si ayer pudo vencer la tentación, la inercia y apatía espiritual, hoy la historia será la misma.

Whitaker fue un medallista de oro olímpico y campeón mundial welter. (AP)

Por eso, en el contexto de no perder el premio, “tal ha sido el punto de las metáforas desde su inicio”, que insta a los corintios a que “ejerzan dominio propio para que no fracasen en su intento de obtener el premio escatológico”.[4] Porque, de nada vale los triunfos pasados, cuando la batalla es en el presente, porque hay la posibilidad de mirar atrás, bajar la guardia y perderlo todo.

Mi apreciado(a) compañero(a) de fe, hoy es el nuevo coronavirus, si te enfermaste ayer y te sanaste, es historia pasada, tu salud de ayer no garantiza tu resistencia ahora frente a esta nueva enfermedad, queda cuidarse y prepararse a conciencia para que cuando tengamos que luchar con ese virus, podamos vivir para contarlo. De la misma manera, hoy frente a los acontecimientos finales y las señales que anuncian que el reino de Dios está más cerca, queda ejercer dominio propio sobre nuestros miedos, nuestros desánimos y conformidad espiritual.

Pero por sobre todo, dominio propio para desterrar la idea de que nuestras victorias y hechos pasados, pueden garantizarnos hoy, una vida de compromiso con Dios y cumplimiento de nuestro deber misionero, esto es, energía y alegría para anunciar que tenemos un Salvador y que viene pronto.

Tú y yo estamos en la recta final de la carrera por nuestra salvación, cuya meta es encontrarnos con Jesús cara a cara, por eso, corramos hoy con toda la concentración y fuerzas que tengamos, no vaya a ser que habiendo ganado mil carreras ayer, en esta carrera vayamos a ser eliminados. ¿Qué piensas… qué decides?//////.

Pr. Joe Saavedra

Desde mi rincón de poder… un poquito antes del retorno de Jesús…

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[1]https://www.bbc.com/mundo/noticias-52683281

[2]2 Corintios 6:4–9 NVI

[3]Ibíd. 6:9–10

[4]Gordon D. Fee, Primera Epístola a Los Corintios (Grand Rapids, MI: Nueva Crecion, 1994), 499.

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