AUNQUE SE DESPLOMEN LOS CIELOS

He sido íntegro ante él y me he abstenido de pecar” (2 Samuel 22:24 NVI)

IntegrityMientras repasaba estas palabras del rey David, otro personaje de la Biblia vino a mi mente. El primer versículo que narra su historia ya realza su forma de vivir y de ser: “En la región de Uz había un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal. Este hombre se llamaba Job”.[1] Lo más sorprendente de la historia, y que afirma sin lugar a dudas que era un hombre correcto en todos los sentidos, son las palabras de Dios refiriéndose a él: “— ¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? —volvió a preguntarle el SEÑOR—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal”.[2] A leer esto, no hay duda que Dios se goza con los hombres íntegros, intachables y que viven apartados del mal.

El diccionario de la lengua española define la palabra “integridad” como: “Entero, completo, que no falta ninguna de sus partes. Que no está dividido interiormente. De una perfecta probidad, incorruptible”. Conformidad con un patrón de medida, totalidad, férrea adhesión a un código establecido de conducta, son ideas que están contenidas en integridad. Además, algunos sinónimos pueden ser, fibra moral, sinceridad, honestidad, digno de confianza, fidelidad.

La palabra hebrea de integridad es “tamiym”, que se traduce en primeros términos cómo “entero, completo” (Jos. 10:13; Lev. 25:30), además puede significar también, “íntegro, intacto (Eze. 15:5). 3), “perfecto, incuestionable” (2 Sam. 22:31), “sin defecto (Exo. 12:5)”.[3] Asimismo, en el idioma griego su par puede ser “holoklēria”, que significa “integridad”, “condición de completo”, ”salud integral”, “estado de plenitud” (Hech. 3.6).[4] Todos estos significados, al aplicarlos a una persona, da la idea clara, de uno intachable, correcto en todos los sentidos, que “que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.[5]

Entonces, cuando “aplicamos integridad a nuestra relación con Dios y a su servicio, enfatizamos que no debe haber diferencias entre lo que somos, nuestra palabra y nuestra conducta; que nos hemos conformado plenamente a la norma establecida; que no existen disonancias; que no es un rol en que se actúa ni algo momentáneo. Por el contrario; es un estilo de vida, una forma genuina de ser”.[6] Un cristiano integro, lo es cuando se levanta, cuando sale al trabajo, cuando juega, cuando ama, cuando está solo, cuando está con los amigos, en la iglesia, en la calle, en el auto, es decir vive y respira integridad.

Volviendo al David, después de haber entendido que Dios se regocija con sus hijos íntegros, en el  Salmo 101:2, escribe su determinación de vivir en integridad, con un corazón irreprensible delante de Dios. Su estilo de vida íntegro comenzaría en la privacidad de su casa, luego en cada rincón donde el estuviese. Con razón no son extrañas las afirmaciones que el hace en el salmo 26: “Hazme justicia, SEÑOR, pues he llevado una vida intachable; ¡en el SEÑOR confío sin titubear! Examíname, SEÑOR; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón. Tu gran amor lo tengo presente, y siempre ando en tu verdad… Yo, en cambio, llevo una vida intachable; líbrame y compadécete de mí. Tengo los pies en terreno firme, y en la gran asamblea bendeciré al SEÑOR”.[7]

Mi amigo, te invito vivir una vida íntegra, intachable delante de Dios y de los que te rodean. Qué bendición sería oír que alguien diga de ti: “ahí va un hombre (mujer)  correcto (a) en todos los sentidos, es digno (a) de imitar”. Y quizás, antes que salga esa afirmación de la boca de humanos, de la boca de Dios estas palabras ya habrán retumbado en las bóvedas celestes: “No hay en la tierra nadie como él (ella); es un hombre (mujer) recto (a) e intachable, que me honra y vive apartado del mal”.

Que nada, ni nadie re robe el privilegio de ser un hijo reconocido por Dios, mantente firme y “de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Job 1:1 NVI

[2] Job 1:8 NVI

[3] Francis Brown, Samuel Rolles Driver and Charles Augustus Briggs, Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew And English Lexicon, electronic ed. (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, 2000), 1071.

[4] James Swanson, Dictionary Of Biblical Languages With Semantic Domains: Greek (New Testament), electronic ed. (Oak Harbor: Logos Research Systems, Inc., 1997).

[5] Elena de White, La Educación, 53-54

[6] Jorge Oscar Sánchez, El Líder Del Siglo XXI (Miami, Florida, 2001), 76.

[7]  Salmos 26:1-12 NVI

CUMPLIENDO EL DEBER

Joab era general en jefe del ejército de Israel; Benaías hijo de Joyadá estaba al mando de los quereteos y los peleteos; Adonirán supervisaba el trabajo forzado; Josafat hijo de Ajilud era el secretario; Seva era el cronista; Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes; Ira el yairita era sacerdote personal de David” (2 Samuel 20:23-26 NVI)

saber-que-hacerEl rey David tenía sus hombres de confianza. Cada uno de ellos tenía una función que cumplir. Por eso el texto dice: “Joab era general en jefe del ejército de Israel; Benaías hijo de Joyadá estaba al mando de los quereteos y los peleteos; Adonirán supervisaba el trabajo forzado; Josafat hijo de Ajilud era el secretario; Seva era el cronista; Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes; Ira el yairita era sacerdote personal de David”. Toda organización, grande o pequeña que desea ser exitosa, debe trabajar en orden, y parte de ese atributo es delegar funciones y saber desempeñarlas.

El Diccionario Hispano-Americano de la Misión, menciona en primer término un concepto sobresaliente del término “función”: “Tiene que ver con la posición u ocupación profesional u oficial que alguien ocupa en la vida. Es la acción para la cual una persona o cosa está capacitada o dotada, puede ser empleada o usada, o el propósito por el cual existe. Es lo que se espera que la persona haga en cumplimiento de un fin determinado. Implica el cumplimiento de un propósito y la idea de que quien cumple la función sirve para llevar a cabo una acción particular. Es lo que se espera que una persona haga en una determinada posición en razón de su ocupación o profesión, o de su particular relación con otros (pastor, evangelista, maestro, misionero, etc.)”.[1] Quiero extraer y resaltar la parte final de este concepto: “Es lo que se espera que una persona haga en una determinada posición en razón de su ocupación o profesión, o de su particular relación con otros”. En esta parte, la siguiente pregunta general es pertinente: ¿sabes cuál es tú función en la vida? o ¿sabes qué hacer en cada espacio de tu existencia?, esto involucra tus relaciones con tus seres queridos, con las demás personas que te rodean, con tu trabajo y especialmente, con tu ministerio cristiano.

Específicamente, en nuestra experiencia cristiana, “debemos tener presente la perspectiva correcta de nuestro ministerio, porque el pueblo de Dios es semejante a un cuerpo. Al estudiar el cuerpo humano, nos damos cuenta de que está formado por muchas partes. No todas son iguales, ni tienen la misma función. Tampoco pueden funcionar aisladamente de las demás. Todas son necesarias para el bienestar del organismo. Así es también en el cuerpo de Cristo. En el pueblo de Dios hay muchos individuos; pero todos son diferentes. Sin embargo, formamos una sola entidad. Por eso, todos somos importantes. Cada miembro tiene alguna función importante que contribuye al bienestar y funcionamiento integral. Dependemos los unos de los otros. El cuerpo no puede funcionar bien si algunos miembros faltan, o si están enfermos; la interdependencia de los distintos componentes nos obliga a reconocer la importancia de todos y cada uno de ellos. Por esta razón, es tan importante que cada individuo que forma el cuerpo de Cristo reconozca la función que Dios le ha asignado. Debemos evaluar nuestro lugar en el plan de Dios para vernos como Él nos ve. Sólo al reconocer lo que Dios nos ha capacitado para hacer, podremos funcionar conforme al plan que tiene para nosotros y para el bienestar del cuerpo entero”.[2]

En este sentido, el apóstol Pablo presenta este tema en una manera mucho más amplia en 1 Corintios 12, un capítulo que merece un estudio profundo en relación con esto. Si dispone de tiempo, búsquelo y haga una lista de las verdades que enseña en cuanto al cuerpo y cómo se aplican al pueblo de Dios. Usted también tiene una función asignada por Dios si es un miembro del cuerpo de Cristo. Dios le ha dado un ministerio qué cumplir. Debe descubrir esa tarea y procurar llevarla a cabo como para el Señor. Cada uno debe comprender su lugar en el programa divino desde la perspectiva de Dios.

Además, “considere los talentos que Dios le ha dado. Existen muchas maneras de servir a Dios. En Romanos 12:6–8 se mencionan algunas posibilidades, pero hay muchas otras funciones en el cuerpo de Cristo. ¿Cuáles son algunas de las capacidades que Dios le ha dado? Haga una lista de las cosas que ha podido hacer para servir a Dios. Si nunca ha hecho nada, considere alguna aptitud que puede ofrecerle a Dios para ayudar a su iglesia”.[3]

Mi amigo, los servidores de David sabían sus funciones y lo hacían de la mejor manera. Tú y yo, cómo servidores de Dios, ¿sabemos que hacer para agradarle? Si no lo sabemos, quizás la tarea que aparece en el párrafo anterior podría ser de gran ayuda. Al terminar el día, no vayas a la cama sin saber lo Dios quiere que hagas por su causa.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Pablo Alberto Deiros, Diccionario Hispano-Americano de la Misión (Casilla, Argentina: COMIBAM Internacional, 1997).

[2] Rafael Porter, Estudios Bíblicos ELA: Viviendo por la Fe (Romanos Parte II) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1988), 17-18.

[3] Rafael Porter, 18-19.

¡SEÑOR, CÓMO TU QUIERAS!

Luego le dijo el rey al sacerdote Sadoc: —Devuelve el arca de Dios a la ciudad. Si cuento con el favor del SEÑOR, él hará que yo regrese y vuelva a ver el arca y el lugar donde él reside. Pero si el SEÑOR me hace saber que no le agrado, quedo a su merced y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca” (2 Samuel 15:25-26 NVI)

1_1232243700_en-la-cima-xxxLos problemas recién empezaban para el rey David. Quizás las consecuencias de sus decisiones contrarias a la voluntad de Dios comenzaban a revelarse. Sin embargo, él había aprendido a confiar en Dios y depender de su voluntad. Pero para llegar a ese nivel de dependencia total a Dios, David tuvo que pasar por pruebas duras, donde muchas veces se dejó llevar por la voluntad de Dios, y en otras se olvidó de Él, teniendo que pagar un alto precio por esas decisiones.

Ahora se encontraba frente a una dura prueba, quizás más amedrentadora que el gigante en el valle de Elá. En ese valle caminaba furioso un cananeo incircunciso, ahora caminaba frente a él su hijo amado. Para ese gigante filisteo tuvo una piedra poderosa, pero para su hijo  no tenía ni la fuerza para enfrentarlo, por eso dice la Escritura que “… David les dijo a todos los oficiales que estaban con él en Jerusalén: —¡Vámonos de aquí! Tenemos que huir, pues de otro modo no podremos escapar de Absalón. Démonos prisa, no sea que él se nos adelante. Si nos alcanza, nos traerá la ruina y pasará a toda la gente a filo de espada”.[1] ¿Qué haces cuando tienes al frente una dificultad o decisiones que afrontar y no sabes que hacer? La respuesta está en “someterse a la voluntad de Dios”.

Mientras David salía de su palacio junto a sus hombres de confianza, para ponerse fuera de peligro de su hijo, muchas personas de su pueblo lo acompañaban, “entre ellos se encontraba también Sadoc, con los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios. Éstos hicieron descansar el arca en el suelo, y Abiatar ofreció sacrificios hasta que toda la gente terminó de salir de la ciudad”.[2] La presencia del Arca de Dios, demuestra que David había aprendido a confiar en la voluntad divina y que el Señor Poderoso estaba de acuerdo con sus actos.

El libro Testimonios, dice que “la voluntad es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre, colocando a todas las otras facultades bajo su dominio. La voluntad no es el gusto ni la inclinación, sino el poder de decidir, que obra en los hijos de los hombres para obedecer a Dios o para desobedecerle”,[3] además la palabra «voluntad» se traduce “del hebreo ratson y de dos grupos de palabras griegas, las relacionadas con boule y thelema. Sirven de ilustración a estas palabras los siguientes pasajes: «Y hacía conforme a su voluntad [ratson] y se engrandecía» (Dn 8:4). «[José de Arimatea] … no había consentido en el acuerdo [voluntad – boule] ni en los hechos de ellos» (Lc 23:51). «Testificando Dios juntamente con ellos con señales y prodigios y repartimiento del Espíritu Santo según su voluntad [thelesis] » (Heb 2:4)”,[4] es decir esta palabra se refiere “al ser no material en sus aspectos y actividades volitivas,[5] ejerciendo esfuerzo y haciendo decisiones”.[6] Entonces, colocarse bajo la voluntad de Dios es dejar que Él gobierne en todas las decisiones, que controle nuestra inteligencia imperfecta, que lo lleve a una fidelidad genuina.

Por otro lado, es necesario entender que “la voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista del lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida; y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bien”,[7] y el hombre con su naturaleza débil no puedo someter a su voluntad agresiva.

Mi amigo (a), ¿Has aprendido a caminar bajo la voluntad de Dios?, ¿quién domina tu voluntad? Este día te invito a colocarte bajo el dominio de Dios, como lo hizo David. Entendamos que andar bajo nuestra voluntad pecaminosa o jugar entre la voluntad divina y la humana, no termina bien. “La voluntad dividida es una trampa, y será la ruina de muchos jóvenes. Sea firme; en caso contrario su casa-­es decir, su carácter–estará edificada sobre la arena. Hay quienes tienen la desgracia de estar siempre en el lado equivocado, cuando el Señor querría que fueran fieles, capaces de discernir entre el bien y el mal”.[8] Pero, ¿cómo me someto a la voluntad de Dios? Es una buena pregunta.

Pr. Joe Saavedra

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[1] 2 Samuel 15:14 NVI

[2] 2 Samuel 15:24 NVI

[3] Testimonies, tomo 5, pág. 513

[4] J. Oliver Buswell, Jr., Teología Sistemática, Tomo 2, El Hombre y su vida de pecador (Miami, Florida: LOGOI, Inc., 1980), 228.

[5] La palabra volitivo proviene del latín y su traducción está directamente relacionada con el verbo “querer”. La Real Academia Española (RAE) afirma que volitivo es aquello relacionado con los actos y fenómenos de la voluntad. Una conducta volitiva refleja la concreción de los pensamientos de una persona en actos. De esta manera, supone la libre elección de seguir o rechazar una inclinación, en una decisión donde interviene la inteligencia.

[6] Ibid.

[7] Mente, Carácter y Personalidad, Tomo 2, Cap: La voluntad y la decisión

[8] Ibid.

LLEVEMOS BENDICIONES

“ —¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios?—volvió a preguntar el rey. —Sí, Su Majestad. Todavía le queda a Jonatán un hijo que está tullido de ambos pies—le respondió Siba” (2 Samuel 9:3 NVI)

generosidadSi hay una acción muy valorada por el cielo, es la preocupación por las necesidades de los demás, especialmente sobre los más desvalidos. Inclusive la Biblia registra que el mayor requisito que necesitamos para heredar el reino de los cielos es asistir a los que menos tienen: “Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron”. Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?”. El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que “ —¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios?—volvió a preguntar el rey. —Sí, Su Majestad. Todavía le queda a Jonatán un hijo que está tullido de ambos pies—le respondió Siba hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” ”.[1]

Santiago confirma esta verdad, y la llama “religión pura y sin mancha”. Y esta religión, que a Dios le agrada, es “atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones…”.[2] Además el rey David, menciona que “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa. Dios da un hogar a los desamparados y libertad a los cautivos; los rebeldes habitarán en el desierto”.[3] Definitivamente, el prestar ayuda a los que necesitan es de gran valor a los ojos del Señor, y esto lo sabía David, por eso preguntó: “— ¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios?”. Y al enterarse que todavía le quedaba a Jonatán un hijo, se apresuró a socorrerlo, porque también supo que este  era un hombre con limitaciones.

Mi amigo (a), la demostración genuina que servimos a un Salvador justo y bueno, es que manifestemos el mismo interés que Él manifestó por los seres sin esperanza futura y por aquellos que ni siquiera tenían un presente esperanzador. “Cualquier descuido de parte de los que pretenden ser seguidores de Cristo, una omisión en aliviar las necesidades de un hermano o una hermana que está llevando el yugo de la pobreza o de la opresión, se registran en los libros del cielo como manifestados a Cristo en las personas de sus santos. Qué cuenta tendrá el Señor con muchos, muchísimos, que presentan las palabras de Cristo a otros pero omiten manifestar tierna simpatía y consideración por un hermano en la fe que es menos afortunado y tiene menos éxito que ellos mismos”.[4]

Nuestras manos están llenas de bendiciones espirituales y materiales que podemos compartir con aquellos que viven sin ellos. Tú puedes ser una fuente de esperanza para el futuro, pero también para el presente. Que de tu boca, cada día salga esta pregunta: “— ¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios?—”. ¡Sé, que a nuestro alrededor hay muchas familias de “Saúl” que están esperando nuestras manos llenas de bendiciones!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Mateo 25:34–40 NVI

[2] Santiago 1:27 NVI

[3] Salmos 68:5–6 NVI

[4] Ministerio de bondad, capítulo 25

LOS PLANES DE DIOS

“…Pero ahora el SEÑOR te hace saber que será él quien te construya una casa” (2 Samuel 7:11 NVI)

0506027X2El rey David se propuso construir una casa para Dios. Esta determinación se produce cuando reflexiona sobre su morada y la morada de Dios en la tierra. El texto bíblico dice: “Entonces el rey le dijo al profeta Natán: —Como puedes ver, yo habito en un palacio de cedro, mientras que el arca de Dios se encuentra bajo el toldo de una tienda de campaña”.[1] Al profeta le parece bien la idea, pero cuando regresa por la noche a su casa, el Señor se le presenta en visión y le dice: “Ve y dile a mi siervo David que así dice el SEÑOR: “¿Serás tú acaso quien me construya una casa para que yo la habite? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto, y hasta el día de hoy, no he habitado en casa alguna, sino que he andado de acá para allá, en una tienda de campaña a manera de santuario. Todo el tiempo que anduve con los israelitas, cuando mandé a sus gobernantes que pastorearan a mi pueblo Israel, ¿acaso le reclamé a alguno de ellos el no haberme construido una casa de cedro?”.[2]

El Señor le recordaba a David que Él nunca había reclamado nada, que sus intenciones humanas eran buenas, pero que Dios tenía otros mejores planes, y lo menciona: “Y ahora voy a hacerte tan famoso como los más grandes de la tierra. También voy a designar un lugar para mi pueblo Israel, y allí los plantaré para que puedan vivir sin sobresaltos. Sus malvados enemigos no volverán a humillarlos como lo han hecho desde el principio, desde el día en que nombré gobernantes sobre mi pueblo Israel. Y a ti te daré descanso de todos tus enemigos”.[3] Y para concluir el profeta le afirma que su deseo de hacerle una casa era buena, pero “ahora el SEÑOR te hace saber que será él quien te construya una casa”.

En el comentario de Henry Matthew y Francisco Lacueva, podemos entender las razones por la que Dios no le permitió a David construirle un templo: “El propósito de David de edificar para Dios una casa es dado de lado. Dios tomó buena nota de tal propósito, ya que sabe muy bien lo que hay dentro del hombre, y se agradó en él, como vemos por 1 Reyes 8:18: «Bien has hecho en tener tal deseo»; con todo, no le permitió que lo llevase a la práctica: «¿Tú me has de edificar casa en que yo more? ¡No! Tú no me edificarás casa en que habite (v. el lugar paralelo, 1 Cr. 17:4); tengo designado para ti otro trabajo, que ha de ser llevado a cabo primero». David es un hombre de guerra y debe continuar con sus conquistas para ensanchar las fronteras de Israel. David es también un buen salmista y tiene que preparar salmos para el uso del templo cuando éste haya sido edificado y fijar los turnos de los levitas”.[4] Es decir, David tenía en mente planes grandes y buenos deseos, sin embargo Dios tenía planes mejores y otras bendiciones para su hijo.

La lección principal de esta reflexión es entender que nuestros grandes planes o nuestros buenos deseos, quizás no encajen en la voluntad soberana de Dios, porque Él tiene otros planes y deseos superiores a los nuestros. Nosotros solo podemos ver nuestra vida desde el pasado hasta el presente, y en base a esa visión diseñamos nuestras estrategias de vida, no obstante, Dios puede ver nuestro pasado, presente y futuro, y en base a ellas diseña nuestra historia. Cuando entendamos esto, nos sujetaremos a los planes de Dios, porque Él sabe más que nosotros y afirmaremos cómo el apóstol Juan: “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas”.[5] Asimismo, someterse a la voluntad de Dios, no es asumir sobre nuestras espaldas un peso insoportable, porque Jesús afirma “… mi yugo es suave y mi carga es liviana”,[6] porque “la soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados…”.[7]

Mi amigo (a), deja tus planes y deseos en la voluntad soberana de Dios. Quizás tengas grandes sueños y un plan de vida fabuloso, pero somete todo a los planes y deseos que Dios tiene para ti, porque sus planes son mejores y más grandes.   Este mismo instante repite conmigo: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me guíe por un terreno sin obstáculos”.[8]

Pr. Joe Saavedra

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[1] 2 Samuel 7:2 NVI

[2] 2 Samuel 7.5–7 NVI

[3] 2 Samuel 7.9–11.

[4] Matthew Henry y Francisco Lacueva, Comentario Bíblico de Matthew Henry (08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1999), 335.

[5] Apocalipsis 4:11 NVI

[6] Mateo 11:30 NVI

[7] Exaltad a Jesús, 5 de marzo

[8] Salmos 143:10 NVI

COBARDÍA

“Cuando Isboset hijo de Saúl se enteró de que Abner había muerto en Hebrón, se acobardó, y con él todos los israelitas” (2 Samuel 4.1 NVI)

CONSUELO DAME EL .B.MEGF.DOM.19 JULIO 2009.worshipCobardía, es el estado de ánimo que bloquea los intentos del ser humano de alcanzar objetivos y romper la barrera de lo difícil. Se manifiesta en un exceso de prudencia tal, que es incapaz de encarar consecuencias.

Etimológicamente, de acuerdo “con «The Online Etymology Dictionary», la palabra “cobarde” viene del francés antiguo “coart” (en francés moderno es “couard”), lo cual sería la combinación de la palabra “cola” y un sufijo; por lo tanto su significado podría haber sido “uno con cola”, probablemente en alusión al hábito del perro de poner su cola entre sus piernas cuando está asustado. Otra palabra más claramente relacionada es el “couard”, del francés antiguo, que significa literalmente “cobarde” y que era utilizado con frecuencia por los caballeros franceses en batalla”.[1] Con razón, un buen concepto de “cobardía” es, “miedo o falta de valor ante situaciones difíciles, peligrosas o que conllevan cierto riesgo”.[2]

No se puede confundir “cobardía” con “prudencia”, porque esta última palabra expresa la “capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios”.[3] Además, “prudencia” puede entenderse como “la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela o de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, así como actuar respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas”.[4]

Es decir, frente a una empresa riesgosa o una meta difícil, el cobarde se queda paralizado, sin opciones, mientras el prudente avanza tomando sus precauciones. El primero, se queda “petrificado”, en cambio el segundo va a la acción con una estrategia bien definida. Por eso la Biblia, afirma que Dios “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”,[5]además que “los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos recibirán como herencia el lago de fuego y azufre”,[6] porque, especialmente el cobarde, fue incapaz de recurrir a Dios y reclamar el “espíritu de poder”, que puede enfrentar todos los temores. Satanás se regocija cuando ve a un hijo de Dios temblando de miedo, sintiéndose indefenso frente a una tentación o un problema, cuando la ayuda la tiene a una distancia tan corta, cómo la que hay entre las rodillas y el suelo cuando te atreves a orar.

Esa fue la condición de Isboset hijo de Saúl, que se acobardó cuando se enteró que su protector había muerto, y en vez fortalecerse en el Señor, decayó su semblante y el temor satánico tomó su vida. En esa condición, en vez de ser una bendición para su pueblo, fue la causa de que sus hermanos, los que estaban bajo su liderazgo, entraran en un estado de pánico  e incredulidad. Porque la cobardía no solo afecta a la persona que la deja actuar, sino que se expande a través de ella. Es decir, si te has convertido en un cobarde, estás paralizado frente a una dificultad y los miedos te asaltan una y otra vez, ese estado es como un virus que va a contagiar lo que te rodea, quizás tus hijos, tu esposa, tus empleados, tus iglesias, tus pastores, los integrantes de tu grupo pequeño, etc. La cobardía salpica y mancha como una tinta indeleble.

Mahatma Gandhi decía que “los cobardes mueren muchas veces antes de morir”, pero creo con firmeza que los valientes mueren una sola vez. Mi amigo (a), recuerda que naciste para ser valiente, porque “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. No sé cuál es el “mounstruo” que te tiene paralizado, o los temores ocultos que te hacen actuar de la manera que no deseas, o los pecados escondidos que te llevan a donde no quieres, pero de una cosa estoy seguro, que si reclamas ahora mismo el poder del cielo, cantarás con júbilo cómo David: “El SEÑOR es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!”.[7] ¡Qué así sea!

Pr. Joe Saavedra

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[2] Diccionario General De La Lengua Española Vox, ed. Núria Lucena Cayuela (Barcelona: VOX, 1997).

[3] Diccionario General De La Lengua Española Vox, ed. Núria Lucena Cayuela (Barcelona: VOX, 1997).

[5] 2 Timoteo 1:7 R60

[6] Apocalipsis 21:8 NVI

[7] Salmos 18:2 NVI