CUAN GRANDE ES DIOS

“Proclamaré el nombre del SEÑOR. ¡Alaben la grandeza de nuestro Dios!” (Deuteronomio 32:3 NVI)

En la cima de una montaña, en medio de la ciudad de Cochabamba se encuentra una estatua gigantesca que es conocida como el Cristo de la Concordia. Esta “colosal estatua de Jesucristo”, “se encuentra sobre el cerro de San Pedro en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, a una altura de 265 m sobre la ciudad. La estatua mide 34,20 metros de altura, sobre un pedestal de 6,24 metros, con una altura total de 40,44. La estatua es ligeramente más grande que la estatua de Cristo Rey en Swiebodzin Polonia (si los dos metros de la corona no cuentan) y que la estatua de Cristo Redentor en Río de Janeiro, lo que la convierte en la estatua de Jesús más grande del mundo”,[1] además es la “estatua más grande de cualquier tipo del hemisferio sur”.[2]Se puede llegar al Cristo de la Concordia caminando por las gradas, que tiene 1.399 escalones, mediante un teleférico o movilidades de servicio público como taxis o autobuses.

Tuve la dicha de conocer esos lugares, porque la universidad donde hice el pre-grado quedaba en esa ciudad boliviana. Muchas veces subí por esas interminables gradas hasta la cima de montaña y con el Cristo de la Concordia a mi espalda, observaba la bonita ciudad cochabambina. Puedo dar fe que esa estatua es enorme, cuando uno llega frente a ella queda asombrado y hasta temeroso. Es tan grande que uno puede llegar a subir hasta los brazos de la estatua y observar la ciudad a través de unas pequeñas ventanitas que tiene por todo lado. Sin embargo, ni esa estatua inmensa, ni otras en el mundo, pueden siquiera intentar asemejarse a la grandeza de Dios. El primer versículo de la Biblia deja asentado la grandeza y poder incalculable de Dios: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra”,[3] porque Elohim (Dios), “denota la grandeza y supremacía ilimitadas de Dios”,[4] con razón el rey Salomón, con corazón humillado exclamó: “Pero ¿será posible que tú, Dios mío, habites en la tierra con la humanidad? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!”.[5] Su padre David, ya había exclamado admirado: “Grande es el SEÑOR, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable”,[6] “¡Qué grande eres, SEÑOR omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay nadie como tú, y que aparte de ti no hay Dios”,[7] y Job complementa: “Si de fuerza se trata, ¡él es más poderoso! Si es cuestión de juicio, ¿quién lo hará comparecer?”.[8] En resumen, la grandeza y poder de Dios no tiene comparación.

Sin embargo, son muchas las personas que no confían en su poder, ignoran su grandeza y viven vidas vacías y sin sentido. Tantas veces he escuchado la frase: “Nadie me puede ayudar, si Ud. supiera lo que hice me entendería”. Y han sido tantas veces también, que he repetido: “quizás no conozca tu problema, pero conozco un Dios inmenso que puede solucionarlo”.

Mi amigo (a) ¿Cuál es tu problema?, ¿piensas que nadie puede ayudarte?; ¿cuál es tu sueño?, ¿piensas que es tan grande que nunca lo alcanzarás? ¡Confía en Dios!, nada se compara con su poder, Él dice y así se hace. El Dios de la Biblia, es el Dios de los imposibles, ¿hay algo imposible para ti?… si lo hay, Dios ya tiene la solución, esta es la garantía “—Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, más para Dios todo es posible”.[9]

¿Porque no dejas que Jesús intervenga en tu vida y se encargue de tus imposibles?, hoy puedes ser testigo de la grandeza de Dios. ¡Pídele en oración que tome tu vida!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[2] Ibid

[3] Génesis 1:1 NVI

[4] Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (59). Miami: Editorial Unilit.

[5] 2 Crónicas 6:18 NVI

[6] Salmos 145:3 NVI

[7] 2 Samuel 7:22 NVI

[8]  Job 9:19 NVI

[9]Mateo 19:26 NVI

¡NO ENTIENDO!

“Lo secreto le pertenece al SEÑOR nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29 NVI)

Hay situaciones en la vida que definitivamente no comprenderemos. Por ser pastor, me han contado tantas cosas, y en muchos casos, me han dicho: “¿por qué pastor?, no lo entiendo”. Y la verdad es que yo tampoco lo comprendía, ni tenía respuesta alguna. Asimismo, muchas veces he podido ver que las personas en su afán desenfrenado por encontrar respuestas, alteran su salud emocional, y en otras por calmar sus ansiedades, toman decisiones equivocadas.

Van pasando los años, y he podido aprender que cuando nos enfrentamos a un dilema sin respuesta, es mejor no buscar más, sino quedarse en silencio y esperar en el Señor. El líder Moisés, se topó con muchas interrogantes, quizás muchos de ellos sin respuesta para el experimentado líder, pero éste los llevó a obedecer y confiar en el Señor. Él escribió en Deuteronomio 29: “De esta manera confirma hoy que ustedes son su pueblo, y que él es su Dios, según lo prometió y juró a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob”,[1] y esa es la garantía que debe motivarnos a seguir caminando en medio de las preguntas sin respuestas.

Debemos confiar en el Señor, muy a parte que nos responda todo, sino porque Él sabe lo que es mejor para nosotros. El capítulo en mención termina: “Lo secreto le pertenece al SEÑOR nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley”, y es un llamado para su pueblo “a obedecer la voluntad de Dios así como él había revelado por medio de Moisés”. [2] Hay muchas cosas que han pasado y otras que “sucederán en el futuro y que solamente Dios conoce. Pero él había revelado su voluntad para guiar la vida religiosa y comunitaria de Israel en el presente. Israel no tenía que preocuparse con los secretos de Dios. Lo que Israel necesitaba para vivir una vida feliz, Dios lo había revelado por medio de Moisés. La bendición de la obediencia y la consecuencia de la desobediencia son incentivos para ayudar a Israel a obedecer las palabras de la ley”.[3]

De la misma forma, el apóstol Pablo en el capítulo 11, cuando menciona lo que pasará con Israel, nos insta a no desesperarnos por encontrar respuestas, sino a confiar en el Señor, porque: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! ¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague? Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre!”.[4] En ese contexto, se no insta a mirar para aquello “que Dios ha dado a conocer. Él no ha retenido nada que sea provechoso para nosotros, sino sólo lo que es bueno que ignoremos. El fin de toda revelación divina no es darnos temas curiosos de especulación y discusión, sino que podamos hacer todas las palabras de esta ley y ser bendecidos en nuestro obrar. La Biblia revela claramente esto; más allá de esto no pueden ir provechosamente los hombres. Por esta luz uno puede vivir y morir cómodamente y ser feliz para siempre”.[5]

Mi amigo (a), ¿existen cosas misteriosas en tu vida?, ¿situaciones que no entiendes?, ¿hay episodios en tu vida que te llevan a dudar de la presencia de Dios? No te enfermes por responderlas, ni tomes decisiones equivocadas por olvidarlas, más bien agárrate de Dios, confía en Él, y en sus promesas reveladas en la Biblia. Tenía razón David cuando presenta a un Dios Protector, en vez de un Dios que responde todo: “El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias”.[6]

¿Quieres confiar en la sabiduría de Dios?, confirma tu decisión con una oración, en donde te encuentres y en este mismo momento.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Deuteronomio 29:13 NVI

[2] Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. (1993-). Comentario bı́blico mundo hispano Levitico, Numeros, y Deuteronomio (1. ed.) (526). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

[3] Ibid.

[4] Romamos 11:33-36 NVI

[5] Henry, M. (2003). Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo (183). Miami: Editorial Unilit.

[6] Salmos 28:7 NVI

BARANDA DE VIDA

“Cuando edifiques una casa nueva, construye una baranda alrededor de la azotea, no sea que alguien se caiga de allí y sobre tu familia recaiga la culpa de su muerte” (Deuteronomio 22:8 NVI)

Una baranda en un balcón, o alrededor de una escalera elevada, es necesaria para evitar caídas, que pueden causar contusiones, fracturas y hasta muerte. Las caídas se producen por descuido o pérdida del equilibrio. Cuantas veces una baranda ha evitado que caigamos y nos lastimemos. De igual forma, en la vida necesitamos algunas barandas que protejan nuestra vida de caídas fatales. Del mismo modo, al pasar por este mundo, nos vamos a encontrar con  baches, huecos profundos y precipicios peligrosos,  cualquier momento podemos caer. El rey David sabía de los peligros de este mundo por eso escribió: “Yo estuve a punto de caer, y poco me faltó para que resbalara”.[1]

En este texto la palabra “baranda” viene del hebreo mǎ∙ʿǎqě que está en relación a una barrera o un muro pequeño que protege de las caídas.[2] Estas barreras son vitales para mantener nuestra vida a salvo, sin golpes o heridas mortales. El sabio Salomón mencionó una de las principales barreras que mantienen al hombre sin caída: “Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse”,[3] y este comentario está en relación a la barrera que menciona al texto de reflexión de hoy.

Salomón compara al “dominio propio”, con las murallas que mantenían a salvo a una ciudad. Sin murallas una ciudad y sus habitantes estaban a merced de cualquier ejército invasor. La esclavitud, las lágrimas y la muerte estaban a una “muralla” de distancia de la gente que deseaba vivir seguro. Las murallas protegían, daban seguridad e identidad a la gente que estaba dentro de ellas. De igual forma, una vida segura, limpias y libre de caídas  mortales, está rodeada de murallas de “dominio propio”.

Entendemos como “dominio propio”, al “control sobre uno mismo”,[4] la palabra griega más común para este término es “enkrateia”, y también puede ser traducido como «templanza» o “autocontrol”.  Hace un mes atrás una señora me buscó y me hizo una pregunta complicada: “pastor, ¿es normal que los hombres casados tengan de vez en cuando una aventura amorosa?, porque mi esposo me ha dicho que los hombres son así, y las tentaciones son fuertes”. Mientras ordenaba mis ideas para dar una respuesta adecuada, me acordé de la “baranda” y “murallas” que protegen de las caídas. Por supuesto que el hombre es débil, con una tendencia pecaminosa, y que este mundo presenta tentaciones fuertes, pero Dios para mantenernos a salvos nos ha dejado una “barrera”, una “baranda”, como murallas para poder resistir lo que es irresistible: “dominio propio”, fuerza de voluntad, autocontrol. Los hombres sin dominio propio son débiles, pero con ese don son fuertes frente a las tentaciones.

Ningún ejército conquistará tu casa, ningún mal llegará a tu vida, si construyes una “baranda” alrededor tuyo. Y esa muralla de protección es fruto del Espíritu,[5]porque ese don viene del cielo. Dios ha colocado murallas para proteger tu vida, “porque el SEÑOR estará siempre a tu lado y te librará de caer en la trampa”.[6] Y la condición es esta: “Ya que has puesto al SEÑOR por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar”.[7] Cómo dijo David, “Él es nuestro amparo, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

Mi amigo (a), es fácil caer sin barandas de protección. Construye barreras alrededor de tu vida, protégete contra “ejércitos” de tentaciones con fuertes murallas, Dios está interesado en proporcionarte todo lo que necesitas. Con murallas alrededor de tu vida, “podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará”.[8]

Confirma tu deseo de levantar “murallas” alrededor de tu vida con una oración de compromiso, hazlo donde te encuentres y en este instante.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Salmos 73:2 NVI

[2] Swanson, J. (1997). Diccionario de los idiomas bíblicos con dominios semánticos: hebreo (Antiguo Testamento) (electronic ed. ). Oak Harbor: logotipos Investigación Systems, Inc.

[3] Proverbios 25:28 NVI

[4] Edman, V. (2006). DOMINIO PROPIO. In E. F. Harrison, G. W. Bromiley & C. F. H. Henry (Eds.), Diccionario de Teología (E. F. Harrison, G. W. Bromiley & C. F. H. Henry, Ed.) (192). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

[5] Gálatas 5:23

[6] Proverbios 3:26 NVI

[7] Salmos 91:9,10

[8] Salmos 91:7 NVI

GENEROSOS

“No seas mezquino sino generoso, y así el SEÑOR tu Dios bendecirá todos tus trabajos y todo lo que emprendas” (Deuteronomio 15:10 NVI)

Vivimos en un mundo mezquino. Es tan fácil darse cuenta que los seres humanos buscan en primer lugar su satisfacción personal y en último, su satisfacción personal también. Ver personas mezquinas  es tan natural cómo ver piedras en el camino.

El concepto general de “mezquino”, señala que es una persona “ruin, falto de nobleza y moralmente despreciable”, además es comparado con un “avaro, tacaño y miserable”.[1] Por otro lado, el término “mezquino” de la referencia bíblica, viene de la palabra hebrea rā∙ʿǎʿ que puede ser traducido como “ser malo, hacer daño”,[2] es decir, estar en la posibilidad de ayudar a alguien, pero simplemente dejar de hacerlo, y esto es un acto de maldad, que se asienta en una plataforma egoísta. En todo caso, la mezquindad es un atributo negativo, que proviene de un corazón con maldad, por eso el consejo bíblico resalta la generosidad por encima de la mezquindad. Y una persona generosa es la “que gusta de dar de lo que tiene a los demás, o de compartirlo con ellos, sin esperar nada a cambio”.[3]

No es difícil ser mezquino, porque la naturaleza pecaminosa con el cuál el hombre es engendrado, viene programado para actuar con egoísmo. Fijémonos en el comportamiento de un niño cuando otro quiere tomar su juguete, veremos que lo abraza para protegerlo y dirá con firmeza: “es mío”. Dios desea transformar las vidas mezquinas y solamente “la religión de Cristo transforma el corazón. Convierte a un hombre mundano en espiritual. Bajo su influencia el egoísta se convierte en abnegado, porque tal es el carácter de Cristo. El deshonesto y tortuoso se convierte en recto, y llega a ser una segunda naturaleza para él hacer a los demás lo que le agradaría que le hicieran. El profano pasa de la impureza a la pureza. Adopta hábitos correctos, porque el Evangelio de Cristo ha llegado a ser para él un sabor de vida para vida”.[4]

Dios no se complace con los seres mezquinos, porque Él bendice en abundancia para tener la capacidad de compartir y ser generosos. Pero si se complace con vidas generosas, la Biblia afirma: “El que es generoso prospera; el que reanima será reanimado”.[5]Asimismo, el generoso vive una vida de paz y bendición, porque “hay dulce paz para el espíritu compasivo, una bendita satisfacción en la vida de servicio desinteresado por el bienestar ajeno”.[6]

Mi amigo (a),  supliquemos cada día por un corazón sensible a las necesidades de los demás. Que nuestra vida se caracterice por mostrar generosidad y preocupación por los más necesitados. Ningún acto de bondad, por más pequeño que sea, para desapercibido a los ojos de Dios. Recordemos que “el amor, la cortesía, la abnegación, son cosas que nunca se pierden. Cuando los escogidos de Dios sean transformados de la mortalidad a la inmortalidad, se pondrán de manifiesto sus palabras y hechos bondadosos y se guardarán por las edades eternas. Jamás se perderá ningún acto de servicio abnegado, no importa cuán pequeño o sencillo sea. Por medio de los méritos de la justicia imputada de Cristo, se preservará eternamente la fragancia de tales palabras y actos”.[7]

¿Aceptas ser una persona transformada que manifieste un espíritu de servicio y generosidad?, si así lo deseas, termina esta reflexión con una oración de compromiso.

Pr. Joe Saavedra

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[2] Swanson, J. (1997). Diccionario de los idiomas bíblicos con dominios semánticos: hebreo (Antiguo Testamento) (electronic ed. ). Oak Harbor: logotipos Investigación Systems, Inc.

[3] Diccionario general de la lengua española Vox. 1997 (N. L. Cayuela, Ed.). Barcelona: VOX.

[4] Hijos e hijas de Dios, capítulo: “llegamos hacer hijos de Dios”.

[5] Proverbios 11:25 NVI

[6] Hijos e hijas de dios; capítulo: “cómo beneficiarnos”.

[7] Ibid.

ALABANZA A DIOS

“Él es el motivo de tu alabanza; él es tu Dios, el que hizo en tu favor las grandes y maravillosas hazañas que tú mismo presenciaste” (Deuteronomio 10:21 NVI)

Si hacemos una mirada retrospectiva a nuestra vida, con certeza tendremos que reconocer que Dios ha hecho grandes y maravillosas hazañas, y todo delante de nuestros ojos. Frente a esto, ¿cuál debería ser la respuesta de una persona que ha experimentado la mano poderosa de Dios? La respuesta es reiterativa a lo largo de Biblia: “Él es el motivo de tu alabanza; él es tu Dios…”. Alabar a Dios es la respuesta a la intervención divina.

“Alabanza” es un “acto mediante el cual se expresa reverencia, respeto, honor, amor y obediencia a Dios. En el AT se utiliza la palabra shachah para indicar esa actitud, con la connotación de ‘postrarse’, ‘arrodillarse’, ‘inclinarse’. En el NT el término es proskusneo, que es reverenciar a una persona. Usualmente el adorante baja ‘la cabeza hacia el suelo’ (Éxodo 34:8) o se postra en tierra (Job 1:20; Sal. 95:6), por lo cual muchas veces se usa la palabra ‘inclinarse” como equivalente a ‘alabanza’ (Éxodo 20:5; 2 R. 5:18)”.[1] El cristiano que ha presenciado las hazañas de Dios, hace de su vida un templo de adoración a Dios. Un ejemplo de esto, lo encontramos en el salmo 99:

“El SEÑOR es rey: que tiemblen las naciones. Él tiene su trono entre querubines: que se estremezca la tierra. Grande es el SEÑOR en Sión, ¡excelso sobre todos los pueblos! Sea alabado su nombre grandioso e imponente: ¡él es santo! Rey poderoso, que amas la justicia: tú has establecido la equidad y has actuado en Jacob con justicia y rectitud. Exalten al SEÑOR nuestro Dios; adórenlo ante el estrado de sus pies: ¡él es santo!  Moisés y Aarón se contaban entre sus sacerdotes, y Samuel, entre los que invocaron su nombre. Invocaron al SEÑOR, y él les respondió; les habló desde la columna de nube. Cumplieron con sus estatutos, con los decretos que él les entregó. SEÑOR y Dios nuestro, tú les respondiste; fuiste para ellos un Dios perdonador, aun cuando castigaste sus rebeliones. Exalten al SEÑOR nuestro Dios; adórenlo en su santo monte: ¡Santo es el SEÑOR nuestro Dios!”.[2]

Sin embargo, la adoración no es automática en la vida de un ser humano bendecido, porque el requisito indispensable es la fortaleza de reconocer la intervención de Dios.  Como dijo Lockward: “Para que exista ‘alabanza’ es imprescindible una actitud del corazón que reconoce en el objeto de la ‘alabanza’ el carácter de soberano señor y dueño, como en el Sal. 99, donde se comienza reconociendo la grandeza de Dios”.[3] Elena de White, menciona que “el Señor Jesús está muy cerca de aquellos que aprecian de ese modo sus dones de gracia, que descubren el origen de todos sus bienes en un Dios benevolente, amante y cuidadoso, y que reconocen en él a la gran Fuente de toda consolación, la vertiente inagotable de la gracia”, y este reconocimiento concibe alabanzas genuinas a Dios.

Mi amigo (a) que “reine la paz de Dios en vuestra alma. Entonces tendréis fuerzas para soportar todos los sufrimientos, y os gozaréis en el hecho de que poseéis gracia para resistir. Alabad al Señor; proclamad su bondad; hablad de su poder. Dulcificada la atmósfera que rodea vuestra alma… Alabad con alma, voz y corazón al que sostiene vuestra vida, vuestro Salvador y vuestro Dios”.[4]

Pr. Joe Saavedra

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[1] Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia (23–25). Miami: Editorial Unilit.

[2] Salmos 99:1-9 NVI

[3] Lockward, A. (2003).

[4] Dios nos cuida, agosto 28

OK PADRE, ESTOY LISTO

“Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el SEÑOR tu Dios te disciplina a ti” (Deuteronomio 8:5 NVI)

Hace dos años atrás, uno de mis hijos varones que en ese entonces tenía seis años, tuvo una fuerte amigdalitis. Toda la garganta la tenía irritada, a duras penas podía tragar algún sorbo de agua, definitivamente estaba sufriendo. La mamá doctora lo revisó y decidió que debía inyectarle algún antibiótico para cortar con el problema. Cuando el niño se enteró de la indicación médica, entró en pánico como cualquier menor que le tiene terror a la agujas. Recuerdo claramente la conversación que tuvo con la mamá, segundos antes que le aplicara la inyección.

Hijo: “Mamita, ¿por qué me tienes que poner la inyección?”

Mamá: “Hijito, porque estás mal, y tenemos que matar ese virus”

Hijo: “Mamita, ¿me va a doler?”

Mamá: “Si hijo lindo, te va doler”

Hijo: “Mamita, ¿va a doler mucho?”

Mamá: “Si corazón, va a doler mucho”

Hijo: “Mamita, ¡tengo miedo!”

Mamá: “Hijito lindo, acá estoy yo, va ser rápido y sé que después te vas  a sentir bien”

Hijo: “Mamita ¿puedo llorar?”

Mamá: “Si hijo, puedes llorar, pero no te muevas”

Hijo: “Ok mamita, sólo avísame el momento exacto que me vas a clavar”

Yo estaba allí porque debía sujetar al muchachito, pero no fue necesario, él había entendido que era para su bien. Así que se apoyó en la cama, y se quedó quieto. La mamá le aplicó la inyección, y mientras el chico sentía dolor, las lágrimas comenzaron a mojar sus mejillas. La verdad es que yo también comencé a llorar, porque amaba a ese muchacho y verlo sufrir me partía el corazón. Por la noche, él llegó primero a la mesa, tenía mucha hambre, su garganta ya estaba operativa.

Los que aman quieren lo mejor para sus seres amados. El mejor ejemplo podrían ser los padres de buen juicio. Ellos darían todo por sus hijos, y eso incluye una disciplina correcta para corregir lo que a futuro va a traer mucho dolor y desventura. Moisés, como buen padre, sabía eso, y escribió: “Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el SEÑOR tu Dios te disciplina a ti”. “En la Biblia, el término “disciplina” se aplica primeramente al proceso de instrucción y corrección que Dios utiliza para con su pueblo o una persona. En el AT se expresa el concepto mediante las palabras hebreas yasar y musar, que se refieren a castigar, instruir. En el NT la palabra griega es paideia. Se relaciona el término con la idea del padre que corrige a su hijo”.[1] Quiere decir, que el proceso de disciplina consiste en aplicar instrucción y corrección con el principal interés de bienestar para el que la recibe. Y Dios, como nuestro Padre perfecto y amante, muchas veces tiene que disciplinarnos, porque hay cosas que debemos aprender y situaciones que debemos corregir. Por eso: “¡Cuán dichoso es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del Todopoderoso”,[2] “Hijo mío, no desprecies la disciplina del SEÑOR, ni te ofendas por sus reprensiones”.[3]

Por otro lado, hay unos detalles más que no puedo pasar por alto en referencia a la disciplina de Dios, que no se limita solamente “a la corrección cuando el hijo de Dios hace algo malo, sino que incluye la idea de someterlo a pruebas y dificultades, siempre con la idea de aumentar su santidad y hacerlo crecer en la fe”.[4] Por eso el apóstol Pablo decía: “… como castigados, mas no muertos”,[5]porque el principal propósito de Dios en la disciplina es “que participemos de su santidad”, aun cuando se trate de un castigo por algún pecado cometido, pues el Señor “nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo”.[6]

Mi amigo (a), somos tan amados por Dios, que en su amor tiene que disciplinarlos, para que aprendemos lecciones o corrijamos acciones que nos están llevando a la ruina. Algunas veces, la disciplina acarrea dolor o lágrimas, o involucra miedo y zozobra, sin embargo, experimentarla es aceptar que hay un Dios que quiere lo mejor para nosotros. Amigo (a), fortalécete en las disciplinas pasadas, y si estás frente a una disciplina que es ineludible, puedes decirle a tu Padre:

Hijo: “Padre, ¿por qué me tienes que poner la inyección?”

Padre: “Hijito, porque estás andando mal y tenemos que matar ese pecado”

Hijo: “Padre, ¿me va a doler?”

Padre: “Si hijo lindo, te va doler”

Hijo: “Padre, ¿va a doler mucho?”

Padre: “Si hijito, va a doler mucho”

Hijo: “Padre, ¡tengo miedo!”

Padre: “Hijito lindo, la paz te dejo, mi paz te doy; yo no la doy como el mundo la da. No se turbe tu corazón, ni tengas miedo”.

Hijo: “Padre ¿puedo llorar?”

Padre: “Si hijo, llora conmigo”

Hijo: “ok, Padre, estoy listo”

Pr. Joe Saavedra

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[1] Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia (300). Miami: Editorial Unilit.

[2] Job 5:17 NVI

[3] Proverbios 3:11 NVI

[4] Lockward, A. (2003).

[5] 2 Corintios 6:9

[6] 1Corintios 11:32 NVI