ENTREGUEMOS TODO

“Entonces Moisés ordenó que corriera la voz por todo el campamento: «¡Que nadie, ni hombre ni mujer, haga más labores ni traiga más ofrendas para el santuario!» De ese modo los israelitas dejaron de llevar más ofrendas, pues lo que ya habían hecho era más que suficiente para llevar a cabo toda la obra” (Éxodo 36:6-7 NVI)

Estos versículos son inusuales, porque lo normal es dar lo que sobra o dar lo que se puede. No recuerdo una experiencia así, donde se tenga que pedir a las personas que dejen de aportar para una determinada obra porque ya trajeron suficiente. Por el contrario, los fondos son escasos cuando se trata de hacer la obra de Dios. El que dirige muchas veces las reacciones de los hombres es el egoísmo, que los lleva a pensar en sí mismos y en satisfacer sus necesidades sin importarles las personas que les rodean.

El propósito de Dios es que los seres humanos, especialmente los que aceptaron a Jesús cómo Salvador,  manifiesten interés por los que le rodean, y transformar a su iglesia en un lugar de esperanza y consuelo para todos. En ese sentido, la iglesia promueve actividades que tienen por propósito servir y salvar a las personas, y para esto se necesitan recursos. Elena de White dice: “Los seres humanos pertenecen a una gran familia: la familia de Dios. El propósito del Creador era que los seres humanos se respetaran y se amaran mutuamente, y que siempre manifestaran un interés puro y abnegado en el bienestar mutuo. Pero Satanás se ha propuesto interesar a los hombres en primer término en sí mismos, y éstos al ceder a su control han desarrollado un egoísmo que ha llenado al mundo de miseria y lucha, y ha indispuesto a los hombres entre sí”[1]

Sin embargo “el egoísmo es la esencia de la depravación, y debido a que los seres humanos han cedido a su poder, hoy se ve en el mundo lo opuesto a la obediencia a Dios. Las naciones, las familias y los individuos están deseosos de convertirse ellos mismos en la figura central. El hombre desea gobernar sobre su prójimo. Al separarse, en su egotismo, de Dios y de sus semejantes sigue sus inclinaciones desenfrenadas. Actúa como si el bien de los demás dependiera de la sujeción de éstos a su supremacía”.[2] Un servidor de Cristo, que es gobernado por egoísmo, difícilmente se involucra en la tarea de llevar esperanza a la gente que lo necesita, y mucho menos desprenderse de los recursos que Dios le da. Mientras el egoísmo viva en la iglesia todo va a faltar, especialmente amor, trabajo misionero y dinero para alcanzar los objetivos que Dios nos encomendó.

Mi amigo (a), hoy, tú y yo, podemos pedir la transformación de nuestra vida, Dios puede extirpar el tumor del egoísmo, de tal forma que entreguemos para su servicio todo lo que tenemos y somos. Una iglesia sin egoísmo está lista para encontrarse con su Salvador, y no será raro escuchar entre sus filas: “Que nadie, ni hombre ni mujer, haga más labores ni traiga más ofrendas para el santuario”, “ya hay suficiente”.

Esta cita es para meditar: “Cristo es nuestro ejemplo. El dio su vida como sacrificio por nosotros, y nos pide que demos nuestras vidas como sacrificio por los demás. Así podremos desechar el egoísmo que Satanás se esfuerza constantemente por implantar en nuestros corazones. Este egoísmo significa la muerte de toda piedad, y puede vencerse únicamente mediante la manifestación de amor a Dios y a nuestros semejantes. Cristo no permitirá que ninguna persona egoísta entre en los recintos del cielo. Ningún codicioso puede cruzar las puertas de perla, porque toda codicia es idolatría”.[3]

¡Qué tengas un excelente día!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Consejos sobre Mayordomía Cristiana, capítulo 4

[2] Ibid.

[3] Ibid.

BRILLA EN MÍ

“Cuando Moisés descendió del monte Sinaí, traía en sus manos las dos tablas de la ley. Pero no sabía que, por haberle hablado el SEÑOR, de su rostro salía un haz de luz” (Éxodo 34:29 NVI)

Hay un principio de vida que dice lo siguiente: “el medio que nos rodea influye de alguna manera en la forma en que vivimos”. Muchos de los comportamientos, aptitudes y reacciones de una persona, tienen que ver con la influencia de agentes externos. Los agentes externos pueden ser los medios de comunicación, el vecindario, la iglesia, el mismo ser humano y toda situación a la cual la persona tiene contacto. La influencia de inevitable.

La misma palabra “influencia” tiene que ver con la habilidad que tiene un agente externo de ejercer poder (en cualquiera de sus formas) sobre alguien, en forma individual o grupal. Específicamente entre personas, “la influencia se presenta en las interrelaciones de agentes humanos y se muestra claramente en los cambios de actitud que presenta un determinado grupo de personas a las cuales va dirigida, teniendo en cuenta el grado de los cambios determinando así el grado de influencia ejercida”.[1]

Entonces, actuamos a la medida del agente externo con quién nos relacionamos. Nadie puede estar inmune a la influencia que ejerce el medio que frecuenta. Inclusive nosotros podemos ser  una influencia negativa o positiva para las personas que nos frecuentan.

Por todo esto, cada uno de nosotros debería buscar a propósito la influencia de Dios en nuestras vidas, esa es la mejor influencia que podemos obtener. Cómo la experiencia de Moisés, él hablaba cara a cara con Dios, se gozaba de subir el monte y estar en su presencia constantemente. Inevitablemente, Moisés era influenciado por la presencia divina y eso se notaba hasta en su rostro porque dice las Escrituras que “por haberle hablado el SEÑOR, de su rostro salía un haz de luz”. Los hebreos podían percibir claramente la influencia de Dios en la vida de Moisés, la luz que irradiaba su rostro lo ponía al descubierto, tanto así que el líder de los israelitas debía cubrir su rostro porque “al ver Aarón y todos los israelitas el rostro resplandeciente de Moisés, tuvieron miedo de acercársele”.[2]

Mi amigo (a), ¿qué agente externo tiene la mayor influencia en tu vida?, ¿a quién frecuentas más cada día?, recuerda que es inevitable que el medio que nos rodea y que frecuentamos ejerce influencia en nuestra forma de vivir y actuar. ¿Por qué no elijes que la mayor fuente de influencia sea la presencia de Dios en tu vida?, tu rostro puede resplandecer con la luz de su presencia, de tal forma que todos los que te rodean puedan ver en ti  el poder, la misericordia y el amor de Dios. Hoy puedes tomar la decisión de pasar más tiempo con Dios, y dejar de ser influenciado por agentes externos que te están llevando a la ruina. Y por otro lado, la decisión que permanecer cerca de Dios, hará que te conviertas en influencia positiva y salvífica para los demás.

“Cada acto de nuestra vida afecta a otros para bien o mal. Nuestra influencia tiende a elevar o a degradar; es sentida por otros, hace que los demás obren impulsados por ella y en un grado mayor o menor es reproducida por otros. Si mediante nuestro ejemplo ayudamos a otros a desarrollar buenos principios, les damos poder para el bien. A su vez ellos ejercen la misma influencia benéfica sobre otras personas y en esa forma cientos y miles son afectados por nuestra influencia inconsciente. Si por medio de nuestros actos fortalecemos o estimulamos los poderes malignos poseídos por los que nos rodean, compartimos su pecado y tendremos que rendir cuenta por el bien que habríamos podido hacerles y no les hicimos, por no convertir a Dios en nuestra fortaleza, nuestro guía y consejero”.[3]

¡Yo decido pasar más tiempo con Jesús!,  ¿y tú?

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[2] Éxodo 34:30 NVI

[3] Testimonies for the Church, tomo 2, pág. 133

LUZ ENCENDIDA

“Ordénales a los israelitas que te traigan aceite puro de oliva, para que las lámparas estén siempre encendidas. Aarón y sus hijos deberán mantenerlas encendidas toda la noche en presencia del SEÑOR, en la Tienda de reunión, fuera de la cortina que está ante el arca del pacto…” (Éxodo 27:20-21 NVI)

Como se había indicado, el santuario terrenal fue construido por laboriosos israelitas, al mando de Moisés, siguiendo cuidadosamente el modelo presentado por Dios en el monte.[1] Todas las indicaciones para su construcción fueron hechas en base a una construcción original que se encuentra en las moradas celestiales. La Biblia confirma la existencia de un santuario celestial: “Así que era necesario que las copias de las realidades celestiales fueran purificadas con esos sacrificios, pero que las realidades mismas lo fueran con sacrificios superiores a aquéllos. En efecto, Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios en favor nuestro”;[2] “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano”;[3] “Se acercó otro ángel y se puso de pie frente al altar. Tenía un incensario de oro, y se le entregó mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todo el pueblo de Dios, sobre el altar de oro que está delante del trono”;[4] “Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto, y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada”.[5]

Dentro de toda esta construcción particular y sagrada, se habían colocado lámparas cuyo combustible debía ser el más especial, y el aceite de oliva cumplía esa exigencia: “El aceite más común en tiempos bíblicos era el de oliva. El más puro se obtenía del fruto aún verde en noviembre, que se echaba en receptáculos y se machacaba ligeramente (Éxodo 27:20)”.[6] Además, estas lámparas tenían una particularidad especial, no debían apagarse nunca, su luz debería estar siempre brillando. Considerando que el santuario terrenal era una copia del santuario celestial, entonces cada actividad o utensilio tenía un mensaje más amplio para nosotros hoy. En este caso esa luz encendida constantemente tiene que ver con la explicación que da el doctor Lucas: “Estad siempre preparados y mantened las lámparas encendidas”,[7] y ¿para qué “preparadas y encendidas?, lo que continúa del texto en mención trae la respuesta: “Pórtense como siervos que esperan a que regrese su señor de un banquete de bodas, para abrirle la puerta tan pronto como él llegue y toque”.[8] Es decir, la luz encendida representa la expectativa y preparación del pueblo de Dios para el retorno de Cristo, de tal forma que lo encuentre listo y despierto. El hijo de Dios que mantiene “su lámpara encendida”, de ninguna manera será sorprendido por el retorno de Cristo, cómo un ladrón que sorprende en medio de la oscuridad. No obstante esa luz permanecerá encendida cuando no escasee el combustible, el aceite de oliva, que representa al Espíritu Santo, como el aceite más puro que puede hacer perpetua nuestra luz. Elena de White comenta sobre la luz y el aceite: “Se está extendiendo ahora la última invitación a la cena. La lámpara del alma debiera estar preparada y encendida mediante la provisión del aceite santo. En el nombre del Señor intimo a cada alma a que se aparte ahora de toda iniquidad, para que el día del Señor no la sorprenda como ladrón. La verdad debe ser proclamada en forma clara y definida, pero siempre tal como es en Jesús”.[9]

Mi amigo (a), ¡mantengamos encendidas nuestras lámparas!, ¡qué la luz de la preparación para retorno de Cristo, brille en nuestra vida!, “ahora es el momento de prepararnos para la venida de nuestro Señor. La preparación para salir a su encuentro no puede lograrse en un momento. En preparación para esta solemne escena, debiéramos esperar en actitud vigilante y velar, combinando todo ello con trabajo ferviente. Así glorifican a Dios sus hijos. En medio de las agitadas escenas de la vida, se oirán sus voces pronunciando palabras de ánimo, fe y esperanza. Todo lo que tienen y son está consagrado al servicio del Maestro…”.[10]

Cada mañana carguemos nuestras lámparas con el más puro aceite, de tal forma que la luz se encienda y no se apague. Con la luz encendida tenemos asegurada nuestra vida y el poder para compartirla: “Gran poder debe asistir al mensaje de la segunda aparición de Cristo. No debemos descansar hasta ver muchas almas convertidas a la bendita esperanza del regreso del Señor. En los días de los apóstoles el mensaje que ellos llevaron produjo una verdadera obra, convirtiendo las almas de los ídolos para servir al Dios viviente. La obra que tenemos que realizar hoy es igualmente real, y la verdad es igualmente verdadera; sólo que ahora debemos dar el mensaje con mucho más fervor ya que la venida del Señor está más cerca… El mensaje para este tiempo es positivo, sencillo y de la más profunda importancia. Debemos obrar como hombres y mujeres que lo creemos. Esperar, vigilar, trabajar, orar, amonestar al mundo: he aquí nuestra obra”. ¡Amén!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Éxodo 25:9

[2] Hebreos 9:23,24 NVI

[3] Hebreos 8:1,2

[4] Apocalipsis 8:3 NVI. El altar del incienso de Éxodo 30:1-10 fue construido en base al modelo del incensario del cielo que menciona Juan en el Apocalipsis.

[5] Apocalipsis 11:19 NVI

[6] Wilton M. Nelson and Juan Rojas Mayo, Nelson Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, electronic ed. (Nashville: Editorial Caribe, 2000, c1998).

[7] Lucas 12:35 LBA

[8] Lucas 12:35 NVI

[9] Carta 11 , del 25 de enero de 1889

[10] Dios nos cuida, 29 de agosto

OBEDIENCIA

“Después tomó el libro del pacto y lo leyó ante el pueblo, y ellos respondieron: —Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos” (Éxodo 24:7 NVI)

La obediencia es una característica trascendental en la vida de un hijo de Dios. La responsabilidad más grande que debería considerar un padre es enseñar a obedecer a sus hijos. Con razón Elena de White dice: “La primera preocupación de los padres debería ser establecer un buen gobierno en la familia. La palabra de los padres debería ser ley, y excluir toda disculpa o evasiva. Los niños, desde su misma infancia, deberían ser enseñados a obedecer implícitamente a sus padres”.[1] Además esa obra debería ser considerada como un privilegio. “No debiera haber para vosotros obra tan importante que os impida dedicar a vuestros hijos todo el tiempo que sea necesario para hacerles comprender lo que significa obedecer al Señor y confiar plenamente en él”.[2] Una generación de niños obedientes a sus padres y a Dios, dará como fruto una generación de hombres leales y consagrados al servicio de Dios.

El término “obediencia” en un sentido bíblico es el “acto de cumplir con las órdenes o instrucciones de un superior”.[3] Esta palabra deriva del idioma hebreo y el término es “shama” que puede significar “prestar oído, escuchar, oír”, pero en algunas ocasiones se traduce como “obedecer”.[4] Un ejemplo de la Biblia dice: “Ahora bien, hijo mío, escúchame bien, y haz lo que te mando”.[5] En síntesis, la obediencia es el camino a una vida de bendición. Si obedecemos la Palabra de Dios entonces preparamos el camino hacia la prosperidad en todos los sentidos, con razón Moisés escribió: “Si ustedes obedecen fielmente los mandamientos que hoy les doy, y si aman al SEÑOR su Dios y le sirven con todo el corazón y con toda el alma, entonces él enviará la lluvia oportuna sobre su tierra, en otoño y en primavera, para que obtengan el trigo, el vino y el aceite”.[6]

Por el contrario, si no aprendimos a obedecer, o la desconfianza a la Palabra de Dios nos lleva a torcer nuestros caminos y hacer nuestra voluntad, nos adentramos a una vida de amargura e inseguridad. En este asunto Moisés también exhorta: “Y tú, que como pueblo fuiste tan numeroso como las estrellas del cielo, quedarás reducido a unos cuantos por no haber obedecido al SEÑOR tu Dios”.[7]

Mi amigo (a), delante de ti se encuentra una vida de abundancia y seguridad, y esa bendición es posible cuando repitas, como lo hizo el pueblo de Israel, delante de Moisés: “Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos”. ¡Allí radica el secreto de una vida victoriosa!. “A medida que la verdad convierte al hombre, comienza la transformación del carácter. Como resultado de la obediencia se produce el aumento de la comprensión. La mente y la voluntad de Dios llegan a ser las suyas, y al buscar permanentemente el consejo de la Deidad, el discernimiento crece en forma constante. Bajo la dirección del Espíritu de Dios se produce un desarrollo general de las facultades mentales que son consagradas a él sin reservas”.[8]

¡Vivamos en obediencia a Dios!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Pacific Health Journal, enero de 1890.

[2] El Hogar Cristiano, capítulo 28

[3] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de La Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 762.

[4] Ibid.

[5] Génesis 27:8 NVI

[6] Deuteronomio 11:13,14 NVI

[7] Deuteronomio 28:62 NVI

[8] Recibiréis Poder, 19 de febrero

¿QUÉ TIENES?

“Ese manto es lo único que tiene para abrigarse; no tiene otra cosa sobre la cual dormir. Si se queja ante mí, yo atenderé a su clamor, pues soy un Dios compasivo” (Éxodo 22:27 NVI)

Una de las tendencias más comunes de los seres humanos es quejarse de todo. Muchos transitan por la vida, disconformes con las cosas que van obteniendo, infelices y con la vida sombría. Seguramente has escuchado esta frase que camufla una vida de penas y quejas: “yo no me conformo con poco, necesito superarme más”. Sin embargo hay una gran diferencia entre una vida que desea superarse y otra que va quejándose de lo que tiene.

Entiendo por superación personal, cómo un proceso de transformación y desarrollo, a través del cual una persona trata de adoptar nuevas formas de pensamiento y adquirir una serie de cualidades que mejorarán la calidad de su vida. Y las características que manifiestan esa transformación son satisfacción con uno mismo,  con las circunstancias físicas y emocionales que rodean. En síntesis, el que tiene la tendencia a superarse,  disfruta de la vida, es agradecido y sobretodo es positivo. Pero, el que anda en la vida disconforme y quejándose de  todo lo que le pasa, está totalmente en sentido opuesto al que está superándose . Porque el que encuentra siempre una razón para quejarse, no va en la dirección de la alegría de vivir y aprovechar las oportunidades, más bien va cuesta abajo, blasfemando su existencia, buscando responsables y escoge beber tragos amargos de ingratitud  y soledad.

¿Qué tienes?, ¿quizás un “solo manto para abrigarte”, y eso es todo para que puedas sobrevivir? ¿Esa es una razón para andar inconformes y con la vida sombría? Por supuesto que no. Todo llega en su momento, por ahora es “un solo manto”, pero puede ser el “mejor manto” de la tierra. Y eso sucederá, cuando hayas cambiado el rumbo de tu forma de vivir. Eso es, dejar de ser mal agradecido, y comenzar a disfrutar de la vida. Con optimismo y fe en Dios, no verás a tu vida como un desierto, sino cómo un futuro campo lleno de árboles frutales para cosechar y manantiales borboteando por todo lugar.

¿Y cómo se logra eso?, el texto dice que toda queja es recibida por el Señor, pero la diferencia estriba en que la queja de un optimista es un agradecimiento, en cambio la queja de un infeliz es una blasfemia.

Mi amigo (a), no existe vidas sombrías, sino vidas que “cerraron las puertas, ventanas y cortinas” para que el sol no entre. Dios desea ser el sol de justicia que alumbre tu existencia y aleje la oscuridad de tu vida negativa, él dijo: “Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”.[1] ¿Tienes un solo manto para cubrirte?, ¡pues disfrútalo, y pide más! Un hombre sabio dijo: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es una opción”. No todo en la vida es fácil, pero todo en la vida puede ser alegría.

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Lucas 11:10 NVI

DUDA E INCREDULIDAD

“Además, a ese lugar lo llamó Masá, y también Meribá, porque los israelitas habían altercado con él y provocado al SEÑOR al decir: ‘¿Está o no está el SEÑOR entre nosotros?’” (Éxodo 17:7 NVI)

Ni el más grave problema, ni la dificultad más angustiante, ni el dolor más intenso, justifican que dudemos del amor de Dios o de su presencia sustentadora. Las pruebas que afrontamos en esta vida, son vitales para demostrar nuestra lealtad a Dios y para fortalecer nuestra fe. Cómo un atleta que necesita de un gimnasio lleno de pesas para fortalecer su fuerza y acrecentar su resistencia. ¿Qué haría un atleta sin pesas ni ejercicios?, definitivamente, no estaría apto ni física ni mentalmente para enfrentar la competencia; de la misma forma ¿qué haría un servidor de Dios sin pruebas o desafíos?, es seguro que no estaría apto para heredar las promesas de vida eterna que ofrece el Señor.

Cuando no entendemos el propósito de las dificultades, o no vemos el trasfondo de las pruebas, y a eso se añade la apatía para hablarle a través de la oración y escucharlo a través de su Palabra, entonces vamos en dirección a “tierras pantanosas y movedizas”, y luego nos adentramos en ella, para terminar sepultados. Como la experiencia del pueblo de Israel que inició su recorrido hacia tierras peligrosas con esta pregunta: “¿Está o no está el SEÑOR entre nosotros?”. ¡Y claro que estaba!, ya lo había demostrado con señales milagrosas y hechos asombrosos, pero la duda es el inicio de una vida en ruinas.

El término “duda”, está relacionado a los campos de la decisión y la acción, y afectan directamente a las verdades que aceptamos o la fe que profesamos. Es decir, la duda invalida la seguridad de la presencia de Dios y por ende la confianza en Él, conduciendo hacia la incredulidad, que consiste en desconfianza extrema, en anular la creencia de la existencia de Dios, y por ende rechazarlo  firmemente.

La incredulidad puede ser una consecuencia directa  de dudas no satisfechas. La palabra  “incredulidad” es en definitiva “falta de fe. Es no decir ‘amén’ a todo lo que Dios dice. No existe un término equivalente en el AT”.[1] Sin embargo en el NT se expresa mediante dos palabras: “apistia y apeitheia”. “Según MM[2] la palabra apeitheia, junto con apeitheō y apeithēs, ‘connota invariablemente desobediencia, rebelión, contumacia’…Esta desobediencia surge de la apistia, ‘falta de fe y confianza’. apistia es un estado mental, y apeitheia la expresión de ese estado”.[3] Con razón en el libro de Juan 16:9,[4] Cristo afirmó que la incredulidad es el principal pecado acerca del cual el Espíritu convencería al mundo.  “La incredulidad en todas sus formas es una afrenta directa a la veracidad divina (cf. 1 Juan. 5.10), y esa es la razón por la cual constituye un pecado tremendo. Los hijos de Israel no entraron en el descanso de Dios por dos razones. No tenían la fe (apistia, Hebreos 3:19) necesaria y desobedecieron (apeitheia, Hebreos 4:6)”[5]

Mi amigo (a), la duda engendra incredulidad y ésta, desobediencia, como decía Westcott, “la incredulidad encuentra su manifestación práctica en la desobediencia”. Confía en el Señor y en su Providencia, convéncete que las pruebas y los problemas, son permitidos para fortalecer tu confianza y tu fe. Es decir,  más pruebas más resistencia a la duda, y esto te aleja de la incredulidad y por ende de ser desobediente a la voluntad de Dios. Este fin de semana, podríamos aprovechar para pedir a Dios que nos aleje de las arenas movedizas de la duda y que nuestra vida no se hunda en tierras pantanosas de la incredulidad.

La pregunta: “¿Está o no está el SEÑOR entre nosotros?”, no tiene cabida en la vida de un hijo de Dios, sino de sus labios brotan: “El Señor es ‘mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío’[6]

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de La Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 511.

[2] MM J. H. Moulton y G. Milligan, the Vocabulary of the Greek Testament illustrated from the Papyri and other non-literary sources, 1930

[3] J.D. Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico: Primera Edición (Miami: Sociedades Bíblicas Unidas, 2000).

[4] “Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí…” (Juan 16:8-9 NVI)

[5] J.D Douglas, Nuevo Diccionario Bíblico

[6] Salmos 91:2 NVI

DEJEMOS DE MURMURAR

“Comenzaron entonces a murmurar en contra de Moisés, y preguntaban: «¿Qué vamos a beber?»” (Éxodo 15:24 NVI)

Si hubo un pueblo que recibió favores abundantes, observó hechos extraordinarios y fue librado de cruentos peligros, fue el pueblo de Israel. Ningún otro pueblo tuvo las preferencias   que la gente hebrea. Sin embargo fue un pueblo que jamás se conformó con alguna bendición, ejercieron poca paciencia y se acostumbraron a murmurar deseos de mal.  Un ejemplo de lo afirmado, lo encontramos en la experiencia de Israel frente al Mar Rojo y con el ejército egipcio a sus espaldas queriendo arrancar sus vidas. La historia cuenta que los hebreos lograron salir de Egipto, y cuando parecía que nada los detenía se encontraron con turbulentas aguas de un mar que les impedía el paso. Mientras trataban de buscar una solución, entraron en pánico al escuchar los gritos de guerra del ejército egipcio que llegaba por sus espaldas. Allí  fue el inició de una vida de murmuraciones y reclamos: “Entonces le reclamaron a Moisés: —¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos sacaste de allá para morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros? ¿Para qué nos sacaste de Egipto? Ya en Egipto te decíamos: “¡Déjanos en paz! ¡Preferimos servir a los egipcios!”¡Mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto!”.[1]

Ese pueblo ya conocía el poder de Dios manifestado en las plagas que remecieron Egipto, pero ellos frente a las dificultades en vez de confiar en ese Dios poderoso, se echaban a reclamar y ver todo en forma negativa. Quizás hasta ese momento se podría entender las murmuraciones del pueblo de Israel, estaban asustados, realmente el Mar Rojo era una barrera imposible de sortear y al ver ese ejército furioso pensaron que nada ya los libraba, pero al ver que sucedió después, nada justificaba su desconfianza en Dios. Narra el capítulo catorce de Éxodo, que Dios se manifestó como nunca antes, detuvo al ejército egipcio al ponerse como barrera para que los soldados egipcios no alcanzaran a los hebreos y con poder asombroso, desplegado como nunca antes, abrió el mar en dos y su pueblo pudo pasar en seco.

Dice la parte final del capítulo en mención, que los Israelita vieron a sus espaldas los cadáveres del ejército regados en la orilla del mar. Para mi ese hecho no es un simple milagro sino un “milagraso”, o un milagro de milagros, y pienso que ese suceso fue mostrado para que ese pueblo finalmente confiara en la mano protectora de Dios y en Su providencia a ellos. Sin embargo no fue así, con asombro se puede ver que ese pueblo no se conformaba con nada, porque unos kilómetros más adelante se encontraron con un riachuelo que fue su esperanza para calmar su sed, pero cuando trataron de beberla no pudieron porque era amarga. En ese lugar, en vez de recordar las hazañas de Dios, especialmente como los libró del Mar Rojo y del ejército egipcio, y tranquilizarse, otra vez “comenzaron… a murmurar en contra de Moisés, y preguntaban: «¿Qué vamos a beber?»”. Si Dios los había librado de peores dificultades, ¿acaso no podía solucionarles ese pequeño impase?, ¡claro que sí!, pero ese pueblo tenía el hábito de murmurar y olvidarse del poder de Dios manifestado en sus vidas.

Mi amigo (a), ¿podrías recordar las hazañas que Dios ha hecho en tu vida?, tengo la certeza que tú y yo hemos visto las manifestaciones del  poder de lo alto, por eso nuestra vida debería ser de constante agradecimiento y reconocimiento a nuestro Dios Sustentador. No murmuremos contra Dios, no vivamos en desconfianza. Una vida apoyada en pretextos y culpables, es una vida que caerá pronto. En medio de las pruebas repitamos con júbilo como Moisés: “El SEÑOR es mi fuerza y mi cántico; él es mi salvación. Él es mi Dios, y lo alabaré; es el Dios de mi padre, y lo enalteceré”.[2]

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1]  Éxodo 14:11-12 NVI

[2] Éxodo 15:2 NVI