GANEMOS (viernes 30 de diciembre de 2011)

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13 – 14).

Toda carrera tiene una meta, no tendría sentido correr sin saber a dónde. Cierta vez una persona se encuentra con un  amigo y al verlo apurado le pregunta “¿a dónde vas?, el amigo le responde “no sé”, y  el que preguntó le dice: “entonces no vas a llegar a ninguna parte”. “El éxito en cualquier actividad requiere una meta definida. El que desea lograr verdadero éxito en la vida debe mantener constantemente en vista esa meta digna de su esfuerzo”.[1] Y tú amigo ¿a dónde vas?, ¿sabes cuál es la meta?… ¿o caminas mucho y no llegas a ninguna parte?

La meta de la carrera del cristiano es ver a Jesús cara a cara, es llegar al cielo. Por eso Pablo exhorta: “sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio…”, porque Pablo quería ver a Jesús cara a cara, esa era su meta, y aunque tuvo que pasar por situaciones muy difíciles él no perdió de vista la meta, por lo mismo dijo: “Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire”.[2] Elena de White comenta sobre el esfuerzo de Pablo y su vista en la meta aplicado a nuestra experiencia: “El gran propósito que le constreñía a avanzar ante las penalidades y dificultades, debe inducir a cada obrero cristiano a consagrarse enteramente al servicio de Dios. Se le presentarán atracciones mundanales para desviar su atención del Salvador, pero debe avanzar hacia la meta, mostrando al mundo, a los ángeles y a los hombres que la esperanza de ver el rostro de Dios es digna de todo el esfuerzo y sacrificio que demanda el logro de esta esperanza”.[3]

Mi amigo (a), mi deseo personal es llegar al cielo, ¿él tuyo cuál es?; se acaba este año y ¿te acercaste más a la meta?, o ¿te alejaste de ella? En algún momento de estas últimas horas del año, detente un momento y recuerda estas palabras: “Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”. “El discípulo más humilde de Cristo puede llegar a ser un habitante del cielo, un heredero de Dios de una herencia incorruptible e inmarcesible. ¡Oh, si cada uno pudiera elegir el don celestial, convirtiéndose en heredero de Dios de esa herencia cuyo título está a salvo de todo destructor, mundo sin fin! ¡No elijáis el mundo, sino la herencia mejor! Apresurad, acelerad vuestro camino hacia la meta para recibir el premio de vuestra elevada vocación en Cristo Jesús”.[4]

No desvíes tu vista del cielo, corramos fortalecidos en el Señor, él estará con nosotros al comenzar este nuevo año… Oremos los unos por los otros, te prometo que mañana antes de la puesta del sol le diré al Señor que te bendiga mucho y que tenga misericordia “pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación”[5]… ¡Feliz año nuevo!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] Educación, pág. 262

[2] 1 Corintios 9:26 NVI

[3] Los Hechos de los Apóstoles , pág. 386

[4] Fundamentals of Christian Education, pág. 235

[5] 1 Pedro 1:9 NVI

AVANCEMOS (jueves 29 de diciembre de 2011)

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13 – 14).

Aprender las lecciones que nos da el pasado y olvidar las desventuras que nos llenan de pesimismo, es el inicio de una restauración de la vida. Para que el cambio se realice, el esfuerzo diario, aprovechando el presente, nos prepara para vivir mejor y alcanzar las promesas eternas. No obstante para consolidar una vida restaurada, el apóstol Pablo aconseja: “sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio…”. La vida no para, el tiempo tampoco, entonces la consigna debe ser: “seguir avanzando”, no importa lo que pase alrededor, si la vida continúa nosotros también.  Aplicado a nuestra experiencia cristiana, debemos entender que el enemigo no duerme, las tentaciones no dan tregua, entonces no podemos tomarnos un descanso o bajar la guardia frente al mal.

Considero, que uno de los errores significativos en la experiencia humana, es detenerse y tratar de volver atrás para comenzar de nuevo. Recordemos que el pasado no regresa, simplemente quedan los recuerdos de los cuales podemos obtener las lecciones, lo único seguro es el presente que debe ser bien aprovechado; por lo tanto, comenzar de nuevo no es retroceder ni detenerse, es hacer los correctivos necesarios y seguir para adelante. En el plano espiritual, dormirse es fatal, porque quedarse quieto teniendo en derredor al “león rugiente” es acabar en sus fauces, recordemos lo que el apóstol Pedro dijo de aquellos que se detienen a dormir: “Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar”.[1]

Mi amigo(a), no te detengas, definitivamente el camino es complicado y peligroso, ¡pero no te detengas!, falta poco y la carrera acaba, allí sí, delante del trono podremos descansar, en el regazo del Señor estaremos seguros. Hay un premio delante nuestro, y es de mayor valor que cualquier pasatiempo humano, ¡no lo pierdas de vista! Avanzando con  nosotros va Jesús que “no permitirá que tu pie resbale”, porque “jamás duerme el que te cuida”.[2]

“El hijo de Dios debe tratar de alcanzar cada vez mayores alturas. Debe confesar todo pecado, para que debido a su ejemplo otros se sientan inducidos a confesarlos también y recibir la fe que obra por el amor y purifica el alma. Debe estar constantemente en guardia, sin detenerse nunca, sin volver atrás, siempre avanzando hacia la elevada vocación de Dios en Cristo. . .”[3]

Pr. Joe Saavedra

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[1] 1 Pedro 5:8 RVA

[2] Salmos 121:3 NVI

[3] Cada día con Dios, 9 de noviembre

ESFORCÉMONOS (miércoles 28 de diciembre de 2011)

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13 – 14).

Lo que va quedando en el pasado, allí se queda, no hay forma de volver atrás. Las acciones realizadas, las cosas inconclusas, las faltas cometidas, las oportunidades desperdiciadas o el tiempo perdido, todo esto queda en el pasado, y nada que hagamos podrá alterar esos acontecimientos. Lo que  podemos hacer es reflexionar para aprender y olvidar lo que nos lastima o nos quita la esperanza. No obstante, el consejo del apóstol Pablo va más allá: “esforzándome por alcanzar lo que está delante”, es decir, nada se puede hacer por el pasado, pero el futuro si se puede alterar, y todo comienza si se aprovecha el presente, que está al alcance y es donde cada persona debe hacer su máximo esfuerzo.

El día de hoy, es el “presente”, y se llama así porque es un regalo, y los regalos no se desperdician. En general, cuando se utiliza en término “presente”, es para referirse al conjunto de sucesos que están teniendo lugar en el momento de hablar. En física se denomina presente de un suceso A, a todos los puntos del espacio-tiempo que no pertenecen ni al pasado ni al futuro del punto A. Es decir, todos los puntos que no pueden influir en lo que ocurre en A ni ser influidos por lo que ocurre en A. Por lo tanto, el pasado no se puede alterar, el futuro es incierto porque no sabemos si llegaremos, solo tenemos el presente, allí debería estar todo nuestro esfuerzo. Las cosas que no hicimos, hoy lo podemos hacer; las palabras que no dijimos, hoy lo podemos decir; los errores que cometimos, hoy lo podemos corregir; las ofensas que cometimos, hoy podemos pedir perdón; los rencores que guardamos, hoy podemos perdonar; las oportunidades que perdimos, hoy lo podemos buscar; las relaciones rotas con Dios, hoy lo podemos restaurar.

Esto no significa que vivamos el presente sin mirar el futuro, porque allí seríamos insensatos y nuestro presente, se convertirá en un pasado triste y desventurado. El consejo es: “esforzándome por alcanzar lo que está delante”, algunas versiones dicen: “extendiéndome…”,  esto significa avanzar, aprovechar cada instante, dar el mejor esfuerzo pensando en el futuro, para que el presente, que será pasado, sea de satisfacción, y que el futuro se alcance en bendición. Además, nosotros como cristianos, debemos avanzar mirando ese futuro glorioso, donde no habrá pasados de desgracias y donde cada presente será en esperanza.

Mi amigo(a), aprendamos las lecciones que nos da el pasado y olvidemos las desventuras que nos llenan de pesimismo, pero esforcémonos en nuestro presente para vivir mejor y alcanzar las promesas eternas. “Nuestro santo y seña debe ser. ¡Adelante, siempre adelante! Los ángeles de Dios irán delante de nosotros para preparamos el camino. Nunca podremos deponer nuestra preocupación por las regiones lejanas antes de que toda la tierra esté iluminada con la gloria del Señor”.[1]

Pr. Joe Saavedra

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[1] Obreros evangélicos, 485,486.

OLVIDEMOS (martes 27 de diciembre de 2011)

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13 – 14).

A pocas horas de otro año, pensar con reflexión es importante para comenzar de nuevo. Sin embargo, el consejo completo del apóstol Pablo es: “olvidando lo que queda atrás”,  es decir, pienso en todo lo que me puede ser útil para crecer y mejorar, y olvido todo aquello que  me desalienta o me hace sentir sin esperanza.

Olvidar es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar, o de guardar en la memoria, información adquirida. A menudo el olvido se produce por el “aprendizaje interferente”, que es el aprendizaje que sustituye a un recuerdo no consolidado en la memoria, y lo “desaparece” de la conciencia. Debemos recordar que uno recuerda que ha olvidado algo, es decir que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí, por lo tanto los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en el inconsciente.[1]

A pesar que olvidar es una acción involuntaria, tenemos la opción de tomarla y dejar atrás lo que lastima o estorba para progresar. No podemos decidir el momento en que olvidaremos alguna experiencia, pero si podemos decidir que algún recuerdo triste no nos lastime o nos haga retroceder. En el campo espiritual, el pecado es la principal razón para desanimarse y vivir sin esperanza. Satanás, que conoce a milímetro el compartimiento humano, aprovecha todo instante para recordarnos que nuestras acciones pecaminosas nos desacreditan para el cielo y que la suciedad que nos manchó no está en armonía con la pureza de la santidad de Dios, y lo triste es que muchos escuchan la voz del enemigo, recuerdan su pasado y se alejan de Dios. No obstante, el consejo bíblico es, olvida lo que queda atrás recordando que a través de Jesucristo recibes el perdón y la oportunidad de merecer la recompensa de una vida limpia ahora y en la eternidad.

Mi amigo (a), a pocos días de un año nuevo ¡olvidemos los errores del pasado!, miremos arriba y veamos lo que Dios ha hecho por nosotros. “Es deber de toda persona que profesa ser cristiana mantener sus pensamientos bajo el control de la razón, y obligarse a ser animosa y feliz. No importa cuán amarga pueda ser la causa de su pena, debiera cultivar un espíritu de reposo y quietud en Dios. El descanso que está en Cristo Jesús, la paz de Cristo, ¡cuán preciosa es! ¡Cuán sanadora es su influencia, cuán suavizadora es al alma oprimida! No importa cuán oscura sea su perspectiva, albergue un espíritu de esperanza para bien. Mientras que el buen ánimo, una aceptación calmada y la paz contribuirán a la felicidad y salud de otros, serán también del mayor beneficio para uno mismo. La tristeza y el hablar de cosas poco gratas estimulan las escenas desagradables, las que a su vez hacen repercutir sobre uno mismo su efecto pernicioso. Dios desea que olvidemos todas estas cosas, que no miremos hacia abajo sino hacia arriba. ¡Hacia arriba!”[2]

¡Que tengas un buen día!… ¡Olvidemos lo que queda atrás!

Pr. Joe Saavedra

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[2] Alza tus ojos, 29 marzo