CITA CON LA FAMILIA (viernes 24 de febrero de 2012)

“Así que Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero como estaba muy enamorado de ella le pareció poco tiempo” (Génesis 29:20 NVI)

La historia de Jacob contiene episodios interesantes, y los más resaltantes tienen que ver con desdichas, miedos y huidas. Él aprendió que todo lo que se gana con mentiras o malas intenciones no prospera[1], más bien traen consecuencias dolorosas.  Jacob tuvo que experimentar varios momentos de angustia y dolor porque fue engañado, cómo él alguna vez lo hizo. Uno de esos momentos duros, tuvo que ver en su experiencia con el amor, cuando se enamoró de una linda señorita llamada Raquel, y tuvo que trabajar siete años para poder estar con ella. Al final de los siete años, cuando fue a reclamar lo que le había costado sacrificio, le entregaron a una mujer que no amaba, porque no había leído la cláusula del contrato que decía que la hermana menor no puede casarse antes que la mayor, y Raquel era menor que Lea su hermana.

La historia cuenta que Jacob, no estaba dispuesto a perder al amor de su vida, así que reclamó a su suegro por la recompensa que él esperaba y la respuesta fue: “trabaja otros siete años”. “Así que Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero como estaba muy enamorado de ella le pareció poco tiempo”,[2]el texto menciona que Raquel era tan importante para él, que trabajó siete años más y no consideró una carga ese esfuerzo, sino lo hizo con alegría. Pasaron algunos años, y el capítulo 32 de Génesis registra que Esaú fue al encuentro de Jacob y su familia. Éste, recordó que huía por miedo a su hermano mayor y que tenían una cuenta que saldar. Y cómo su familia era muy importante y siempre hizo sacrificios por ellos, una noche antes del encuentro con Esaú, hizo pasar a toda su familia a un lado del río y él se quedó solo al otro lado, esperando a su hermano. Quiero resaltar el hecho que la familia era muy importante para Jacob y estuvo dispuesto hacer sacrificios por ellos.

Mi amigo (a) ¿Por quién harías sacrificios a quién en la tierra?,  lo más seguro es que tu respuesta irá en relación a las personas que más amas,  a tu esposa (a), a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, en otras palabras a tu familia. Porque  después de la cita con Dios, no debería haber otra cita más importante que el tiempo con tu familia. Y una pregunta vital es: si por tu familia haría cualquier sacrificio, ¿te estás sacrificando de verdad por ellos?, ¿son parte de tu agenda de vida?, ¿hay un tiempo separado para ellos?, ¿tu esposa o tus hijos, saben el momento en que contarán contigo al 100%,  sin llamadas telefónicas, ni con medio ojo pegado a facebook o al correo electrónico en el Smartphone?. Siento afirmar, que muchas veces le damos a nuestra familia lo que nos sobra de tiempo, si es que nos sobra, y que consideramos a muchas citas como más importantes e impostergables, tanto así que para el trabajo o los amigos  nunca estamos cansados y que los compromisos con ellos están bien resaltados en nuestras agendas.

Un día llegué a casa después de una reunión, ya era tarde y al prender la luz de la sala encontré mi hijo mayor[3], triste y a la vez molesto. Al verme se puso de pie y me hizo una pregunta que me sacudió de pies a cabeza: “papá… ¿cómo hacemos para que nosotros seamos importantes para ti?… porque tú nunca fallas a nadie, suena tu teléfono y sales corriendo… pero cuando te llamo, a veces ni respondes  y cuando lo haces solo dices – espera un poco, estoy ocupado – y no te importa fallarnos, como ahora, que hace dos horas teníamos un compromiso de jugar con esos soldaditos que nos compraste y comernos la pizza de mamá”… nunca nadie me había llamado la atención tan firmemente y con la verdad. Todo era importante para mí, me había preocupado por ser responsable y no fallarle a nadie. Tengo la seguridad que muchas personas contaban conmigo, pero mi familia no, porque  salir con mi esposa o  jugar con mis hijos, no era tan importante, total ellos podían esperar “mis cosas más importantes”. Mi amigo (a), ¿te está pasando lo mismo?

Esa noche, las cosas cambiaron en mi vida, abrí mi agenda y destiné para mi familia un lugar y un tiempo específico, un tiempo donde ellos pudieran saber que me tenían al 100 %, sin celular, sin llamadas, sin apuros. Un tiempo para revolcarnos en el pasto, jugar a los soldados, al doctor o al carpintero… un tiempo para abrazarlos y decirles que los amo. Dios sabe que “una casa donde reina el amor y se expresa en palabras, miradas y actos es un lugar donde los ángeles se deleitan en manifestar su presencia y en santificar el escenario con rayos luminosos de gloria”.[4] Y un hogar con la presencia de seres celestiales, permanece segura, vigilada y soporta toda prueba.

Por los tanto, la segunda gran cita es con tu familia, nada debe ser más importante que pasar un tiempo con la gente que amas y te ama, y nunca salgas a cumplir con tus otras citas si no estás en paz con tu esposa e hijos; si eres joven soltero, atravieses la puerta de la calle sin cerciorarte que estás con tus padres y tus hermanos.

Cada vez que dirijo a la puerta de salida de mi casa, me doy la vuelta y pregunto  a cada uno de los que amo: ¿estoy en paz contigo?… porque me importan y porque no sé si volveré a verlos…

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] El capítulo 27 de Génesis, narra cómo Jacob en base a mentiras y malas intenciones se apoderó de beneficios que le correspondían a Esaú, su hermano mayor.

[2] Génesis 29:20 NVI

[3] En ese tiempo tenía  6 años.

[4] Hogar cristiano, pág. 94

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PENSEMOS (Lunes 26 de diciembre de 2011)

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13 – 14).

Estamos viviendo los últimos momentos de año 2011. Este tiempo nunca más vendrá, dentro de muy pocas horas, este año pasará a la historia, será parte de nuestros recuerdos. A pesar de ello, no todo final, tiene que ser triste o pasar desapercibido, más bien es un momento oportuno para pensar. Y pensar con reflexión, con un deseo de aprender, corregir y mejorar.

El apóstol Pablo exhortó: “no pienso que yo mismo lo haya logrado ya”, porque este momento de pensamiento reflexivo, no debe ser pensando en que todo está perfecto, o en que todo ya está perdido o que todo tiempo fue en vano. Cada acción, cada paso, cada cosa tiene una enseñanza que nos puede hacer mejores personas.

Estamos vivos, ¡que privilegio!, eso significa que Dios nos da la oportunidad de poder hacer las cosas de nuevo, de poder hacer lo que no hicimos y dejar de hacer otras que hicimos mal. Pero para saber dónde acelerar y donde cambiar de rumbo,  tenemos que pensar con reflexión. La autoevaluación es necesaria para el progreso y para el cambio. Estas preguntas sencillas pueden ser útiles para este fin: Área personal: ¿soy una mejor persona?, ¿soy mejor que hace un año?, ¿cumplí mis objetivos?; área laboral: ¿he crecido económicamente?, ¿he progresado?; área familiar: ¿mi familia está  más unida?, ¿la relación de pareja se fortaleció?; área espiritual: ¿cómo está mi relación con Dios?, ¿hice crecer a la iglesia?, ¿soy el siervo que Dios necesita?; y la pregunta más importante: si Dios vendría este momento ¿estaría listo para irme al cielo?

Mi amigo (a), iniciamos la última semana del año, ¿separaremos un tiempo para pensar con reflexión?, ¡qué así sea!, una persona sabia aprender de los errores, se fortalece de la victorias y reconoce que Dios da el don de la vida como oportunidad para alistarnos para llegar al cielo. En muy pocas horas, este año se irá, y no tendrá ningún sentido si no aprendemos de él. Elena de White dice: “Pronto el año viejo, con toda su carga de información, pasará a la eternidad, y habrá comenzado el nuevo año. Reunamos los tesoros del año pasado, y llevemos con nosotros al nuevo año el recuerdo de las bondades y la misericordia de Dios. Iluminemos el futuro con el pensamiento de las bendiciones pasadas”,[1] ¡qué el año nuevo nos encuentre preparados para intentarlo todo de nuevo!… ¡qué así sea!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Cada día con Dios, 15 de diciembre

LA ALEGRÍA DE AGRADECER (viernes 23 de diciembre de 2011)

“El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias” (Salmos 28:7 NVI).

Una de las formas de vivir en paz y en alegría es tener un corazón agradecido. Y de la misma forma, una vida egoísta y disconforme con todo, vive mal e intranquilo. Con razón Salomón decía: “El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos”.[1]

La “gratitud” es una “expresión natural en respuesta a las bendiciones, protección y amor”,[2] aunque en el contexto bíblico, no es una respuesta solamente a los favores que Dios hace por nosotros, sino a lo que Dios es y significa.[3] Y Dios es amor, es misericordia, es justo y en resumidas cuentas es nuestro Padre, por eso lo amamos y tenemos un corazón agradecido. No necesitamos tener una caja grande envuelta en papel regalo con una tarjetita que dice: “un regalo de Dios”, para ser agradecidos y para ser felices. El cristiano es feliz  porque su Padre Celestial está cerca y porque puede disfrutar de su amor.

Sin embargo, hay otros motivos más para estar agradecidos. ¿Te has dado cuenta de tantas cosas que el Señor nos da y la mayoría de veces no lo merecemos?, si te sugiriera este momento que hagas una lista de las cosas que tenemos que agradecer a Dios ¿qué pondrías? El hace salir el sol y la luna, refresca con la lluvia los campos, provee el pan cada día y renueva el vigor en nuestros cuerpos cansados, y a todo eso le añade regalos personales, con tu nombre y a tu medida.

Mi amigo (a), este fin semana y los días que faltan para acabar este año, recordemos que Dios es amor y que sus bendiciones son abundantes. No te canses de repetir como David: “El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias”. Y no desechemos este consejo: “La ansiedad innecesaria es una cosa insensata y nos incapacita para ocupar una posición aceptable delante de Dios. Cuando el Espíritu Santo entra en el alma no habrá deseo de quejarse y murmurar por no tener todo lo que queremos. Más bien, agradeceremos a Dios de todo corazón por las bendiciones que tenemos”.[4]

¡Feliz sábado!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Proverbios 14: 30 NVI

[2] Walter A. Elwell and Philip Wesley Comfort, Tyndale Bible Dictionary, Tyndale reference library (Wheaton, Ill.: Tyndale House Publishers, 2001), 551.

[3] Ibid.

[4] En lugares celestiales, 16 de abril

LA PRUEBA DE LA FIDELIDAD (martes 20 de diciembre de 2011)

En el libro de Apocalipsis, específicamente en el mensaje a la iglesia de Esmirna, aparece una verdad transcendental que marca una línea divisoria entre los verdaderos cristianos y los que no son, o como diría Mateo: “las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda”. El texto declara: “… Sé cómo te calumnian los que dicen ser judíos pero que, en realidad, no son más que una sinagoga de Satanás” (Apocalipsis 2:9 NVI). Quiere decir, que existen verdaderos judíos y otros que pasan como tales. Estos falsos judíos, quizá llevan un disfraz de judío y hasta hablen como ellos, pero no son verdaderos. En síntesis, parecen pero no son judíos verdaderos.

Este mensaje, tiene que ver mucho con nosotros hoy, porque los mensajes a las siete iglesias, son mensajes que conciernen a su pueblo en los días finales de su historia. Nosotros somos su pueblo, el Israel Espiritual. Es decir, somos los judíos espirituales, los llamados a disfrutar de un “cielo nuevo y una tierra nueva”. De ser así, entonces en la iglesia de Dios conviven verdaderos judíos y otros que no lo son. Quizá sus vestidos, sus olores y sus apariencias los muestren como auténticos, pero no lo son. Y pueden pasearse en la iglesia con su Biblia, y pueden estar siendo regulares con sus diezmos, y hasta quizá canten en el coro y lideren la iglesia, pero son copias falsas, no son verdaderos judíos.

Las preguntas naturales son: ¿cómo saber si somos verdaderos o falsos judíos?, ¿cómo diferenciarlos? En el contexto del verso que leímos, aparece un concepto que nos traslada a un campo de respuestas acertadas. La cita dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10 NVI). En esta parte encontramos una respuesta: La fidelidad es la marca distintiva de un judío verdadero. El judío verdadero es fiel a su Creador y a su iglesia, pase lo que pase. El falso, no lo es.

Según el diccionario, “fidelidad” es la firmeza y constancia en los afectos, ideas y obligaciones, y en el cumplimiento de los compromisos establecidos. Entonces, ¿cómo podemos saber si somos fieles? Tenemos que experimentar dos momentos y salir airosos de ellos. Yo los llamo LAS PRUEBAS DE LA FIDELIDAD:
1. Recuerda el principio básico de la fidelidad: “Quién en poco es fiel, lo va a ser en mucho”. Ese principio lo encontramos en la parábola de los talentos: “Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mateo 25:21 NVI). Te quiero explicar mejor este principio con un ejemplo: Si ahora mismo, en tiempos de paz, no eres fiel al Sábado (debes tener tus motivos), ¿crees tú que lo serás cuando estemos en tiempos de conflicto?, ¡definitivamente no!
2. Tampoco pases por alto este otro principio: “La fidelidad se prueba en los momentos difíciles”, como el oro que necesita ser pasado por fuego para comprobar que es verdadero. Ya decía el apóstol Pedro: “El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele” (1 Pedro 1:7 NVI). Elena de White aclara estepunto cuando dijo: “El Señor con frecuencia nos pone en situaciones difíciles para estimularnos a hacer un esfuerzo mayor. En su providencia a veces ocurren dificultades especiales para probar nuestra paciencia y nuestra fe. Dios nos da lecciones de confianza. Nos enseña dónde buscar ayuda y fortaleza en momentos de necesidad. De ese modo obtenemos un conocimiento práctico de su voluntad divina, que tanto necesitamos en la experiencia de nuestra vida. La fe aumenta en poder en el conflicto ferviente con la duda y el temor” (Mente, Carácter y Personalidad, T2, 492).

Apreciado amigo (a), pasemos por la prueba de fidelidad, vamos juntos a experimentar la autenticidad de un judío espiritual. La iglesia no necesita personas que solamente conozcan las verdades, sino que la lleven a la práctica y que vivir en fidelidad sea su estilo de vida. Si deseas esto, ponte de rodillas donde estás y dile al Creador: “Quiero ser fiel en todo y contra todo, y que solo la muerte detenga momentáneamente mi compromiso contigo”.

Pr. Joe Saavedra

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PREPARADOS PARA LA LUCHA (lunes 12 de diciembre de 2011)

“Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo” (Efesios 6:11 NVI).

La aptitud positiva y el entusiasmo son importantes, pero nadie obtiene la victoria en una batalla solamente con ellos. En el campo espiritual cada día y a toda hora estamos en conflicto con el mal, el apóstol Pablo afirma que “nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales”.[1]  Cierto día me encontré con una persona que ya no asistía a la iglesia, y entre otras cosas me dijo: “Creo que las cosas están mejor desde que no voy a la iglesia… por ejemplo, ese hermano está yendo a la iglesia y más problemas tiene; el otro dirige el coro y toca el piano en la iglesia y le va mal, en cambio yo voy a trabajar los sábados y me va bien”. Esta persona no había entendido el escenario donde se realiza la lucha con el mal, y solamente estaba midiendo la victoria con resultados externos y temporales.

Una de las condiciones vitales para lograr la victoria en una brega es poseer el equipo apropiado. Los efesios recibieron el consejo de ponerse la armadura de Dios, porque sin ellos estaban vulnerables a los ataques infernales. Hoy nosotros también somos llamados a ponernos la armadura de Dios, esto es, proveerse del equipo necesario de ataque y defensa.[2] Elena de White explica sobre la armadura del cristiano: “En la lucha cristiana se necesitan vida espiritual, valor, constancia y decisión. . . Sed fuertes en el Señor. El valor humano no es suficiente. El soldado cristiano debe ser fuerte en el Señor. Dios es totalmente suficiente. En la Omnipotencia de su fortaleza ceñimos la armadura. Echen mano de todos los medios apropiados de defensa contra el enemigo de las almas. Perfeccionen el carácter. Resistan la tentación. Cultiven las virtudes cristianas. ¡Sean fuertes, sí, sean fuertes!”.[3]

Además replica, contra aquellos que confían en el poder de sus manos y en sus aparentes victorias temporales: “Los que tienen tantas batallas que librar deben ser fuertes para el servicio. Obtengan fortaleza y ayuda de la fuente de todo poder. Si confiamos en el Señor, triunfaremos en el combate contra los enemigos invisibles. Pero si confiamos en nuestra fortaleza, con toda seguridad seremos derrotados. La armadura está preparada. Cíñanla y luchen con bravura por el Señor”.[4]

Hoy, no salgamos a enfrentar nuestro día sin la armadura de Dios. Sin él estamos a la merced de un enemigo que acecha.

Pr. Joe Saavedra

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[1] Efesios 6:12 NVI

[2] A partir del versículo 13, del capítulo 6 de Efesios, se detalla los componentes de la armadura de Dios

[3] Alza tus ojos, 25 de abril

[4] Carta 67, del 25 de abril de 1902, dirigida a los hermanos en posiciones de responsabilidad en la Pacific Press.

GRACIAS POR LA VIDA (lunes 28 de noviembre de 2011)

“Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz” (Salmos 36:9 NVI)

Hoy me levanté pensando en el milagro de la vida, en la posibilidad de ponerme de pie, de correr, de oler una flor y sentir la frescura del agua entre los dedos. Me levanté pensando en la vida, porque Dios en su gracia nos concede oportunidades de abrazar a una persona especial y decirle que la amamos. Hoy me levanté pensando en mi hijo, por el año de vida que Dios le concede, y porque soy afortunado de ser su padre. Me encuentro a muchos kilómetros de casa, y eso es más emotivo, porque solo puedo pensar en él y agradecer a Dios por haberlo cuidado.

Estoy seguro que se levantó bien temprano, y sé que con una sonrisa en esa carita de niño que no se desfigura a pesar que los años van pasando, fue al rincón de oración a dejar su vida en la manos de su Creador, porque es la fuente de la vida.

David entendió lo mismo que Juan y otros personajes bíblicos que por medio de Jesús “todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad”,[1] así como el foco no podría dar luz sin electricidad, su fuente de poder. Hay muchas personas interesantes, que dicen: “déjame es mi vida”, o “yo hago lo que quiero con mi vida”, sin saber que esa soberbia los enceguece y solo despiertan cuando una enfermedad o el dolor los agobia y se dan cuenta que no pueden hacer absolutamente nada.

Mi amigo (a), reconozcamos que Dios es la fuente de la vida, y que por su gracia podemos ver la luz cada día, no seamos insensatos pensando que todo pasa por nuestra voluntad, ni compliquemos nuestra existencia queriendo encontrarle respuestas a todo, más bien aprovechemos cada momento, que ni un segundo se desperdicie, por que el tiempo de vida que pasa no vuelve más. Qué nuestro caminar por esta vida sea simple, gozosa y bendecida porque “la vida es misteriosa y sagrada. Es la manifestación de Dios mismo, fuente de toda vida. Las oportunidades que ella depara son preciosas y deben ser fervorosamente aprovechadas. Una vez perdidas, no vuelven jamás”.[2]

¡Feliz cumpleaños hijo![3]… ¡Estamos vivos por su gracia y por su voluntad!

Pr. Joe Saavedra

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[1] Juan 1:3-4 NVI

[2] Ministerio de curación, capítulo 35

[3] Mi segundo hijo, Joe Fares, cumple hoy 8 años.

QUE TENGAS PAZ (viernes 25 de noviembre de 2011)

Y ahora, por mis hermanos y amigos te digo: «¡Deseo que tengas paz!» (Salmos 122:8 NVI)

Este mundo y sus aflicciones merodean la vida de los hijos de Dios. Es falso pensar que un cristiano es inmune al dolor y las lágrimas. ¡Todos los seres humanos lloramos y nos desesperamos! Lo confirmo cada día, porque de una u otra forma el ser humano pide ayuda, porque se siente solo e indefenso. Unos lo cuentan, otros los escriben y muchos solo lloran en silencio. Hoy por la tarde revisaba mi correspondencia electrónica y mis redes sociales  y varios mensajes me hicieron recordar que quizás alguna persona en algún lugar del mundo está llorando, se siente sola o no sabe qué hacer.

¿Qué haces cuando te sientes triste y dolido(a)?, ¿qué haces cuando deseas resolver algo y más complicado queda?… te doy la respuesta a esas preguntas: “no hagas nada”… ¿entiendes?, cuando hay algo que te perturba y no sabes qué hacer “no hagas nada”, solo aprende a quedarte en silencio y tener paz, porque Jesús nos prometió: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.[1]

Los problemas de un hijo de Dios que parecen sin solución, son problemas de Dios, a nosotros nos toca tener paz. Ahora, tener paz no significa simplemente la falta de problemas o la extinción de las luchas, no es así, el término hebreo Shalom (paz) comunica las ideas de prosperidad, estar saludable, estar completo, estar a salvo. Es decir, los problemas y las luchas nos van a rodear,  pero confiar en Dios nos da paz, eso nos coloca en un estado de tranquilidad y plenitud, a pesar que todo parece estar cayéndose. Si el mundo entendiera eso, habría menos odio, menos suicidios y menos desgracias.

Mi amigo(a) “…ahora, por mis hermanos y amigos te digo: «¡Deseo que tengas paz!»”. En la quietud y el silencio que da la confianza en Dios, encuentra paz, esa es la puerta que te llevará a grandes soluciones y a ver grandes milagros… ¡Feliz sábado!… Qué la paz de Dios te acompañe…

¡Hasta el lunes si Dios lo permite”

Pr. Joe Saavedra

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[1] Juan 14:27 LBA